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Amor y confianza entre los hermanos…

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Matinal del 10 de Abril de 2015

Amor y confianza entre los hermanos…

                        

Cuando los hombres manifiesten confianza en sus semejantes estarán mucho más cerca de poseer la mente de Cristo. El Señor ha revelado la estima en que tiene al hombre. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Pero algunas mentes están siempre tratando de remodelar el carácter de otros de acuerdo con sus propias ideas y medidas. Dios no les ha encargado esa obra.

El yo siempre se tendrá a sí mismo en gran estima. Cuando los hombres pierden su primer amor, no guardan los mandamientos de Dios, y entonces comienzan a criticarse mutuamente. Este espíritu estará constantemente luchando por imponerse hasta el fin del tiempo. Satanás trata de fomentarlo a fin de que los hermanos, en su ignorancia, traten de devorarse el uno al otro. Dios no es glorificado, sino grandemente deshonrado; el Espíritu de Dios es agraviado. Satanás se alegra, porque sabe que si puede lograr que el hermano espíe al hermano en la iglesia y en el ministerio, algunos se sentirán tan desanimados que abandonarán su puesto del deber. Esta no es la obra del Espíritu Santo; un poder de abajo está obrando en la mente y en el alma para colocar sus atributos donde debieran estar los de Cristo.

Aquel que pagara el precio infinito para redimir a los hombres lee con inequívoca precisión todas las ocultas maquinaciones de la mente humana, y sabe exactamente cómo tratar con toda alma. Y al tratar con los hombres, manifiesta los mismos principios que se revelan en el mundo natural. Las funciones benefactoras de la naturaleza no se realizan mediante intervenciones abruptas y sorpresivas; no se les permite a los hombres tomar la obra de la naturaleza en sus propias manos. Dios obra por medio de la acción tranquila y regular de las leyes que estableciera. Así ocurre en las cosas espirituales. Satanás trata constantemente de producir efectos por medio de rudas y violentas arremetidas; pero Jesús hallaba acceso a la mente por la senda de las asociaciones de ideas que le son más familiares. El perturbaba en lo mínimo posible su acostumbrada cadena de pensamientos por acciones abruptas o reglas prescriptas. Honraba con su confianza al hombre dándole así la oportunidad de demostrar que era digno de esa confianza. Presentaba antiguas verdades iluminadas por una nueva y preciosa luz. A los doce años maravilló a los doctores de la ley por sus preguntas en el templo. 

Jesús se revistió de humanidad para poder encontrarse con la humanidad. El coloca a los hombres bajo el poder transformador de la verdad encontrándolos donde están. Obtiene acceso al corazón conquistando la simpatía y la confianza, logrando que todos sientan que él está plenamente identificado con la naturaleza humana y los intereses de los hombres. La verdad salía de sus labios hermosa en su sencillez, y sin embargo revestida de dignidad y poder. ¡Qué maestro era nuestro Señor Jesucristo! ¡Cuán tiernamente trató a cada honrado investigador de la verdad, para ganar su simpatía, y hallar lugar en su corazón!

Debo deciros, hermanos, que estáis lejos de lo que el Señor quisiera que fuerais. Los atributos del enemigo de Dios y del hombre demasiado a menudo hallan expresión en vuestro espíritu y en vuestra actitud mutua. Os herís mutuamente porque no sois participantes de la naturaleza divina. Obráis en contra de la perfección de vuestro propio carácter, os acarreáis dificultades, hacéis vuestra labor dura y cansadora, porque consideráis vuestro propio espíritu y vuestros defectos de carácter como preciosas virtudes dignas de ser atesoradas y fomentadas. 

Jesús les señala a las mentes más elevadas, así como a las más humildes, el lirio bañado por el rocío matutino, y nos pide: “Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos”. Y aplica esta lección: “Si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?” (Testimonios Para Los Ministros, págs. 189-191)