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El trato con las almas preciosas…

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Matinal del 20 de Abril de 2015

El trato con las almas preciosas

                        

Los que ocupan cargos destacados, al entrar en contacto con las almas por las cuales Cristo murió, las considerarán preciosas, asignándoles a los hombres el valor que Dios les dio. Pero muchos, en lugar de proceder según la mente y el espíritu de Cristo, han tratado con aspereza, según el modo de ser de los hombres, a las almas adquiridas por la sangre de Cristo. Acerca de sus discípulos Cristo dice: “Todos vosotros sois hermanos”. Siempre deberíamos tener presente la relación que nos une, y recordar que un día habremos de enfrentar ante el tribunal de Cristo a aquellos con quienes nos encontramos aquí. Dios será el Juez y juzgará con justicia a cada uno.

Juan dice: “Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”. Considere cada uno de los que profesan el nombre de Cristo, que de cada acto de injusticia y de cada palabra áspera deberá dar cuenta ante el tribunal de Cristo. No será agradable volver a encontrarse con las palabras pronunciadas que han lastimado y herido a las almas, con las decisiones que han obrado contra las almas por las cuales Cristo murió. Toda acción será traída a juicio, y quedará manifiesto el espíritu que la impulsó. Quedará expuesto el fruto de toda exigencia egoísta y arbitraria, y los hombres verán el resultado de sus acciones tal como Dios lo ve. Verán que han apartado almas preciosas del camino recto tratando con ellas de una manera no cristiana. Estamos viviendo en el gran día de la expiación y ya es tiempo de que cada uno se arrepienta delante de Dios, confiese sus pecados y mediante la fe viviente confíe en los méritos de un Salvador crucificado y viviente. 

Mis hermanos y hermanas, ¿tendréis en cuenta que al tratar con la herencia de Dios no debéis seguir vuestras tendencias naturales? Los hijos de Dios son la posesión adquirida de Cristo, y ¡qué precio ha pagado por ellos! ¿Será hallado alguno de nosotros ayudando al enemigo de Dios y de los hombres en la tarea de desanimar y destruir a las almas? ¿Cuál será nuestra retribución si hacemos esta clase de obra? Debemos desarraigar de nuestra conversación todo aquello que sea áspero y severo. No debemos condenar a otros, y no lo haremos si somos uno con Cristo. Debemos representar a Cristo en nuestra forma de tratar con nuestros semejantes. Hemos de ser colaboradores de Dios ayudando a los que son tentados. No debemos animar a las almas a sembrar semillas de duda, porque producirán una cosecha funesta. Debemos aprender de Cristo, usar sus métodos, revelar su espíritu. Se nos amonesta: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Debemos educarnos a nosotros mismos a creer en la palabra de Dios que se está cumpliendo en forma tan admirable y gloriosa. Si tenemos plena certidumbre de fe, no albergaremos dudas acerca de nuestros hermanos. (Testimonios Para Los Ministros págs. 224-225)