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El Carácter de Cristo…

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Matinal del 21 de Abril de 2015

El Carácter de Cristo

 

                        

Tenemos el privilegio de ver a Jesús tal como él es, de conocerlo como a un Ser lleno de compasión, amabilidad y divina cortesía. Es bondadoso y misericordioso, y perdonará nuestros pecados. De él está escrito: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.

Debemos albergar amor y gratitud, debemos mirar a Jesús y ser transformados a su imagen. Así aumentarán nuestra confianza, esperanza, paciencia y valor. Estaremos bebiendo del agua de la vida de la cual Cristo habló a la mujer samaritana, diciendo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva... Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Esta agua representa la vida de Cristo y toda alma debe beberla entrando en relación viviente con Dios. Entonces la confianza bendita, humilde y agradecida será un principio permanente en el alma. El incrédulo temor será completamente arrasado ante la fe viviente. Contemplaremos el carácter de Aquel que nos amó primero.

Mediante la contemplación del incomparable amor de Dios nos apropiamos de su naturaleza. Cristo representó ante los hombres y los ángeles el carácter del Dios del cielo. Demostró que cuando la humanidad depende enteramente de Dios, los hombres pueden guardar sus mandamientos y vivir, y su ley será como la niña de sus ojos.

Los que preguntan por la senda de la vida no necesitan ser ricos ni sabios, eruditos u honrados; sin embargo Dios avivará su entendimiento de tal manera que puedan comprender lo que necesitan saber para ser salvos. La luz del cielo, proveniente del trono de Dios, está brillando sobre la tierra, y Cristo dice: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. Su bondadosa invitación está saliendo hacia toda la humanidad; aquellos que la acepten hallarán vida y salvación. Pedro escribe: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. (Testimonios Para Los Ministros págs. 225-226)