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Matinal del 28 de Abril de 2015

Menos del yo

                        

Nuestros pastores ciertamente tienen que cambiar. En su corazón y en su carácter debe haber más de Cristo y menos del yo. Debemos ser representantes de nuestro Señor. Los que han tenido gran luz y preciosas oportunidades son responsables ante Dios, quien ha dado a cada hombre su obra. Nunca han de traicionar el sagrado cometido, sino que ciertamente han de ser la luz del mundo.

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. Aquí hay una declaración que define el propósito del Señor hacia un pueblo corrompido e idólatra. “¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión”. ¿Tendrá que abandonar Dios a un pueblo, en favor del cual ha hecho algo tan grande, a saber, dar a su Hijo unigénito, la expresa imagen de sí mismo? Dios permite que su Hijo sea entregado por nuestras ofensas. El mismo asume los atributos del juez frente al portador del pecado, despojándose de las amorosas características de un padre. 

De este modo el amor se manifiesta en la forma más maravillosa a una raza rebelde. ¡Qué espectáculo para los ángeles! ¡Qué esperanza para el hombre, ya que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”! El justo sufrió por el injusto; llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

Como testigos escogidos por Dios, ¿valoramos la posesión adquirida por Cristo? ¿Estamos listos para hacer cualquier sacrificio que esté a nuestro alcance para ponernos bajo el yugo de Cristo, para cooperar con él y ser colaboradores de Dios? Todos los que resisten la prueba de Dios, obedeciendo sus mandamientos, aman a la raza humana que perece, como Cristo la amó. Siguen el ejemplo de Cristo, de trabajo fervoroso y abnegado, al buscar por los caminos y por los vallados a los encumbrados y a los humildes, a los ricos y a los pobres, y al llevar a todos el mensaje de que ellos son el objeto especial del amor y del tierno cuidado de Cristo. (Testimonios Para Los Ministros págs. 245-246)