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Nuevos Estudios

Nuevos Estudios (129)

Todas las demás bendiciones…

Matinal del 5 de Abril de 2015

Todas las demás bendiciones

                             

Esta bendición prometida, reclamada por la fe, traería todas las demás bendiciones en su estela, y ha de ser dada liberalmente al pueblo de Dios. Por medio de los astutos artificios del enemigo las mentes de los hijos de Dios parecen incapaces de comprender las promesas divinas y de apropiarse de ellas. Parecen pensar que únicamente los más escasos chaparrones de la gracia han de caer sobre el alma sedienta. El pueblo de Dios se ha acostumbrado a pensar que debe confiar en sus propios esfuerzos, que poca ayuda ha de recibirse del cielo; y el resultado es que tiene poca luz para comunicar a otras almas que mueren en el error y la oscuridad. La iglesia por mucho tiempo se ha contentando con escasa medida de la bendición de Dios; no ha sentido la necesidad de reclamar los elevados privilegios comprados para ella a un costo infinito. Su fuerza espiritual ha sido escasa, su experiencia, restringida y mutilada, y se halla inhabilitada para la obra que el Señor quiere que haga. No está en condiciones de presentar las grandes y valiosas verdades de la santa Palabra de Dios que convencerían y convertirían a las almas mediante la intervención del Espíritu Santo. Dios espera que la iglesia pida y reciba su poder. Recogerán una cosecha de gozo los que siembran la santa semilla de la verdad. “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. 

De la actitud de la iglesia, el mundo ha sacado la idea de que el pueblo de Dios es ciertamente un pueblo triste, que el servicio de Cristo carece de atractivo, que la bendición de Dios se concede a un costo elevado para los que la reciben. Al espaciarnos en nuestras pruebas y magnificar las dificultades, representamos falsamente a Dios y a Jesucristo a quien él ha enviado; porque la lobreguez que rodea el alma del creyente resta todo atractivo a la senda que lleva al cielo, y muchos se apartan chasqueados del servicio de Cristo. Pero ¿son realmente creyentes los que presentan a Cristo de esa manera? No, porque los creyentes descansan en la promesa divina y el Espíritu Santo tiene no sólo la misión de convencer sino también la de consolar. 

El cristiano debe echar todo el fundamento si quiere edificar un carácter fuerte, simétrico, si quiere estar bien equilibrado en su experiencia religiosa. Así el hombre estará preparado para alcanzar las normas de verdad y justicia presentadas en la Biblia, porque el Santo Espíritu de Dios lo sostendrá y fortalecerá. El verdadero cristiano combina una gran ternura de sentimiento con una gran firmeza de propósito y una inquebrantable fidelidad a Dios; en ningún caso traicionará las verdades sagradas. El que está dotado del Espíritu Santo tiene grandes poderes emotivos e intelectuales y una invencible fuerza de voluntad.

Hermanos míos, el Salvador exige de vosotros que prestéis atención a cómo testificáis por él. Necesitáis ahondar cada vez más en el estudio de la Palabra. Os encontráis con toda clase de mentes, y a medida que enseñéis las verdades de la Palabra sagrada, habéis de manifestar fervor, respeto y reverencia. Eliminad los cuentos de vuestras disertaciones y predicad la Palabra. Tendréis entonces más gavillas para llevar al Maestro. Recordad que en vuestro auditorio hay personas que están constantemente acosadas por la tentación. Algunos están luchando con la duda, casi sin esperanza. Pedid a Dios que os ayude a hablar palabras que los fortalezcan para el conflicto.—The Review and Herald, 22 de diciembre de 1904. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 174-176)

La selección de hombres para el ministerio…

Matinal del 4 de Abril de 2015

La selección de hombres para el ministerio

                             

La tarea de elegir hombres para la sagrada obra encomendada en nuestras manos ha sido encarada con demasiada liviandad. A consecuencia de este descuido, están trabajando en campos misioneros hombres inconversos, llenos de lujuria, desagradecidos, sin santidad. Aun cuando algunos de ellos han sido reprendidos a menudo, no han cambiado su conducta y sus prácticas sensuales traen oprobio a la causa de Dios. ¿Cuál será el fruto de una labor tal? ¿Por qué no recuerdan todos nuestros obreros que de toda palabra, buena o mala, han de dar cuenta en el día del juicio? Toda inspiración del Espíritu Santo que guía a los hombres a la bondad y a Dios es anotada en los libros del cielo, y el obrero a través del cual el Señor ha traído luz será alabado en el día del Señor. Si los obreros se dieran cuenta de la responsabilidad eterna que descansa sobre ellos, ¿emprenderían la obra sin un profundo sentido de su carácter sagrado? ¿No deberíamos esperar que se vea la obra profunda del Espíritu de Dios en los hombres que se presentan para abrazar el ministerio? 

El apóstol dice: “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Presten todos atención a estas palabras, y sepan que el Señor Jesús no aceptará ninguna transigencia. Al aceptar y retener obreros que persisten en mantener sus imperfecciones de carácter, y no dan plena prueba de su ministerio, la norma ha sido grandemente rebajada. Hay muchos que ocupan puestos de responsabilidad que desoyen la orden del apóstol, y hacen provisión para complacer los deseos de la carne. A menos que el obrero se vista del Señor Jesucristo y halle en él sabiduría, santificación y redención, ¿cómo podrá representar la religión de Jesús? Toda su eficiencia, toda su recompensa se encuentra en Cristo. Debe haber evidencia por parte de los que asumen la solemne posición de pastores de la que están investidos, de que se han dedicado sin reserva a la obra. Deben tomar a Cristo como su Salvador personal. ¿Por qué es que aquellos que por mucho tiempo han estado ocupados en el ministerio, no crecen en gracia y en el conocimiento del Señor Jesús? Se me ha mostrado que complacen sus propensiones egoístas, y sólo hacen las cosas que concuerdan con sus gustos e ideas. Hacen provisión para complacer el orgullo y la sensualidad, y llevan a cabo sus ambiciones y planes egoístas. Están llenos de estima propia. Pero aun cuando sus malas propensiones puedan parecerles tan preciosas como la mano derecha o el ojo derecho, éstas deben ser separadas del obrero, o no será aceptable ante Dios. Por imposición de manos se ordena para el ministerio a hombres que no han sido cabalmente examinados con respecto a sus calificaciones para la obra sagrada; pero ¡cuánto mejor sería examinarlos minuciosamente antes de aceptarlos como ministros, que tener que realizar ese examen tan rígido después que han sido confirmados en su cargo y han puesto su molde sobre la obra!  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 170-171)

Factores esenciales en el servicio…

Matinal del 3 de Abril de 2015

Factores esenciales en el servicio…

                             

Los que no aprenden todos los días en la escuela de Cristo, los que no pasan mucho tiempo en ferviente oración, no están en condiciones de manejar la obra de Dios en ninguna de sus ramas, pues si lo hicieran, la depravación humana los vencería ciertamente y elevarían sus almas a cosas vanas. Los que llegan a ser colaboradores de Jesucristo, y tienen espiritualidad para discernir las cosas espirituales, sentirán su necesidad de la virtud y de la sabiduría del Cielo para manejar la obra del Señor. Hay algunos que ni arden ni brillan, y sin embargo están contentos. Se encuentran en una condición desastrosamente fría e indiferente, y muchos que conocen la verdad manifiestamente descuidan el deber, por lo cual Dios les pedirá cuentas.

Dios nos ha dado a Jesús, y en él está la revelación de Dios. Nuestro Redentor dice: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”. Si conocemos a Dios, y a Cristo Jesús a quien él ha enviado, un gozo inefable llenará el alma. ¡Oh, cuánto necesitamos la presencia divina! Todo obrero debiera estar exhalando su oración a Dios por el bautismo del Espíritu Santo. Debieran reunirse grupos para pedir a Dios ayuda especial, sabiduría celestial, a fin de que el pueblo de Dios sepa cómo planear, proyectar y ejecutar la obra.

Especialmente deben orar los hombres porque el Señor elija sus instrumentos y bautice a sus misioneros con el Espíritu Santo. Durante diez días oraron los discípulos antes que viniera la bendición pentecostal. Se necesitó todo ese tiempo para que pudieran comprender lo que significaba ofrecer una oración eficaz, acercarse más y más a Dios, confesar sus pecados, humillar sus corazones delante del Señor, contemplar a Jesús por la fe y ser transformados a su imagen. Cuando la bendición vino, llenó todo el lugar donde estaban reunidos, y dotados de poder, salieron a hacer una obra eficaz para el Maestro. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 169-170)

“Arrepiéntete, y haz las primeras obras”…

Matinal del 2 de Abril de 2015

“Arrepiéntete, y haz las primeras obras”…

                             

La atmósfera de la iglesia es tan frígida, su espíritu es de tal naturaleza, que los hombres y mujeres no pueden sostener o soportar el ejemplo de la piedad primitiva nacida del cielo. El calor de su primer amor está congelado, y a menos que sean bañados por el bautismo del Espíritu Santo, su candelero será quitado de su lugar, si no se arrepienten y hacen las primeras obras. Las primeras obras de la iglesia se veían cuando los creyentes buscaban amigos, parientes y conocidos, y con corazones desbordantes de amor les contaban la historia de lo que Jesús era para ellos y lo que ellos eran para Jesús. ¡Ojalá el Señor despierte a los que ocupan puestos de responsabilidad para que no emprendan la obra confiando en su propia habilidad! La obra que sale de sus manos carecerá del molde y la inscripción de Cristo. 

El poder pervertidor del egoísmo

El egoísmo echa a perder todo lo que hacen los obreros no consagrados. Necesitan orar siempre, pero no lo hacen. Necesitan velar en oración. Necesitan sentir el carácter sagrado de la obra, pero no lo sienten. Manejan las cosas sagradas como si fueran comunes. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente, y hasta que puedan beber del agua de la vida, y Cristo sea en ellos una fuente de agua que salte para vida eterna, no refrescarán a nadie, no serán una bendición para nadie; y a menos que se arrepientan, su candelero será quitado de su lugar. En la obra de salvar almas se necesitan perseverante paciencia, invencible caridad y omnipotente fe. El yo no debe prevalecer. Debe ejercerse la sabiduría de Cristo al tratar con las mentes humanas.

Todo obrero que trata con éxito con las almas debe entrar en el trabajo despojado del yo. No puede haber rezongos o irritación, ejercicio arbitrario de la autoridad, el dedo amenazador y el hablar vanidad; antes bien empréndase la obra con el corazón ardiente de amor hacia Jesús y las preciosas almas por las cuales murió. Los que tienen suficiencia propia no pueden esconder su debilidad. Afrontarán la prueba con arrogante confianza en sí mismos, manifestando así que Jesús no está con ellos. Estas almas con suficiencia propia no son pocas, y tienen lecciones que aprender por la dura experiencia del desconcierto y la derrota. Pocos tienen el acierto de dar la bienvenida a una experiencia tal, y muchos se descarrían bajo la prueba. Echan la culpa de su derrota a las circunstancias, y piensan que su talento no es apreciado por los otros. Si se humillaran a sí mismos bajo la mano de Dios, él les enseñaría.  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 167-168)

Usemos los talentos que Dios nos ha dado…

Matinal del 1 de Abril de 2015

Usemos los talentos que Dios nos ha dado

                             

¿No podemos hacer más para despertar a las iglesias a fin de que actúen de acuerdo con la luz que ya han recibido? Dios ha señalado a cada uno su obra. Tanto los más humildes como los más poderosos han sido dotados de una influencia que debe ejercerse del lado del Señor, y debieran dedicarle a él sus talentos, cada uno trabajando en el puesto de deber que se le ha asignado. El Señor espera que cada uno haga lo mejor de que es capaz. Cuando brilla la luz en el corazón, él espera que nuestra obra corresponda a nuestra luz, de acuerdo con la medida de la plenitud de Cristo que hemos recibido. Cuanto más usemos nuestro conocimiento y ejercitemos nuestras facultades, tanto mayor conocimiento tendremos, tanto más capacitados seremos para hacer una obra mayor y mejor. 

Nuestros talentos no son nuestros; son del Señor, su propiedad con la que debemos negociar. Somos responsables por el uso o el abuso de los bienes del Señor. Dios pide que los hombres inviertan los talentos que les fueron confiados, para que cuando el Señor venga reciba con intereses lo que le pertenece. Con su propia sangre Cristo nos ha comprado como sus siervos. ¿Le serviremos? ¿Procuraremos con diligencia presentarnos a Dios aprobados? ¿Manifestaremos por nuestras acciones que somos mayordomos de su gracia? Todo esfuerzo hecho por el Maestro, impulsado por un corazón puro y sincero, será una ofrenda fragante para él.

Andamos a la vista de inteligencias invisibles. Un testigo está constantemente a nuestro lado para observar cómo negociamos con los bienes que nuestro Señor nos ha confiado. Cuando el buen mayordomo devuelve sus talentos con sus intereses, no tendrá ninguna pretensión. Se dará cuenta de que se trata de los talentos que Dios le entregó a él, y dará gloria al Señor. Sabe que no habría habido ninguna ganancia de no existir el depósito, ningún interés de no existir el capital. El dirá: “Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos”. Considere ahora la iglesia si está trabajando con el capital que el Señor le ha dado. Sin la gracia de Cristo toda alma habría caído en la bancarrota por la eternidad; por lo tanto no podemos reclamar nada con justicia. Pero aun cuando no podemos reclamar nada, si somos mayordomos fieles, el Señor nos recompensa como si los méritos fueran todos nuestros. El dice: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”. 

¡Cuántos lamentarán las oportunidades perdidas cuando sea para siempre demasiado tarde! Hoy tenemos talentos y oportunidades, pero no sabemos por cuánto tiempo serán nuestros. Trabajemos, pues, mientras es de día; porque la noche viene, cuando nadie puede trabajar: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, le halle haciendo así”. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 165-167) 

Nuestra relación con el mundo…

Matinal del 31 de Marzo de 2015

Nuestra relación con el mundo

                             

No debemos copiar las prácticas del mundo, pero tampoco debemos mantenernos aislados de la gente, pues nuestra luz debe brillar en medio de las tinieblas morales que cubren la tierra. Hay una triste carencia de amor cristiano mutuo en la iglesia. Este amor se extingue con facilidad, pero sin él no podemos tener compañerismo cristiano ni amor hacia aquellos por quienes Cristo murió.

Nuestros hermanos necesitan prestar atención a la orden: “Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”. Encontraremos elementos torcidos en el mundo y en la iglesia. Vendrán hombres que pretenderán tener gran luz; pero los que tienen experiencia en la causa de Dios verán que lo que ellos presentan como luz son grandes tinieblas. Hombres de esta clase tendrán que ser tratados de acuerdo con las indicaciones de la Palabra de Dios. Los que están en error pueden excitarse en la defensa de sus puntos de vista, pero los que andan en la luz habrán de ser calmos, amables con los que yerran, aptos para enseñar, poniendo de manifiesto el hecho de que han pedido y recibido sabiduría de Dios. No necesitarán dar pasos apresurados sino que serán sabios, pacientes, corrigiendo “con mansedumbre....a los que se oponen”. 

Ha llegado el tiempo cuando los que están arraigados y fundados en la verdad pueden manifestar su firmeza y decisión, revelando que no los afectan los sofismas, las máximas o las fábulas de los ignorantes e inestables. Ciertos hombres harán declaraciones sin fundamento con el tono categórico de quien posee la verdad; pero no hay objeto en discutir con ellos acerca de sus aseveraciones espurias. La mejor forma de tratar con el error es presentar la verdad, y permitir que las ideas descabelladas mueran por falta de atención. Contrastada con la verdad, la debilidad del error resulta clara para toda persona inteligente. Cuanto más se repitan los asertos erróneos de los opositores, y de los que se levantan de entre nosotros para engañar a las almas, tanto mejor se sirve la causa del error. Mientras mayor sea la publicidad que se dé a las sugestiones de Satanás, tanto más se agradará a su majestad satánica, porque los corazones no santificados estarán preparados para recibir la escoria que él les proporciona. Tendremos que hacer frente a dificultades de este orden. Habrá hombres que harán un mundo de un átomo y un átomo de un mundo. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 164-165)

Una obligación ante Dios…

Matinal del 30 de Marzo de 2015

Una obligación ante Dios

                             

Todo creyente tiene la obligación ante Dios de ser espiritual y de mantenerse en el camino de la luz, para permitir que su luz brille ante el mundo. Cuando todos los que se hallan empeñados en la sagrada obra del ministerio crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, odiarán el pecado y el egoísmo. En ellos se efectúa una constante renovación moral; al continuar mirando a Jesús, se conforman a su imagen, y son hallados completos en él, no teniendo su propia justicia, sino la justicia que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

La gran ventaja de las asambleas ministeriales no es apreciada siquiera en la mitad de su valor. Son ricas en oportunidades, pero no realizan ni la mitad de lo que debieran, porque los que asisten a ellas no practican la verdad que les es presentada con claros contornos. Muchos que están explicando las Escrituras a otros, no han rendido consciente y cabalmente su inteligencia, su corazón y su vida al dominio del Espíritu Santo. Aman el pecado y se aferran a él. Se me ha mostrado que las prácticas impuras, el orgullo, el egoísmo y la glorificación propia han cerrado la puerta del corazón aun de aquellos que enseñan la verdad a otros, de manera que la desaprobación de Dios está sobre ellos. ¿No será posible que algún poder renovador se posesione de ellos? ¿Han caído como presa de una enfermedad moral incurable, debido a que ellos mismos se niegan a ser curados? ¡Ojalá todos los que trabajan en predicar y enseñar prestaran oídos a las palabras de Pablo: “Así que, herma nos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”!

¡Cuánto se regocija mi corazón por aquellos que sirven al Señor con toda humildad, que aman y temen a Dios! Poseen un poder mucho más valioso que el conocimiento y la elocuencia. “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría”; y su amor y temor son como un hilo de oro que une el agente humano con el divino. Así todos los movimientos de la vida son simplificados. Cuando los hijos de Dios están luchando contra la tentación, batallando contra las pasiones del corazón natural, la fe une al alma con el único Ser que puede dar ayuda, y resultan victoriosos.

Quiera el Señor obrar en los corazones de aquellos que han recibido gran luz, para que se aparten de toda iniquidad. Contemplad la cruz del Calvario. Allí está Jesús quien dio su vida, no para que los hombres continuaran en el pecado, no para que tuvieran permiso para quebrantar la ley de Dios, sino para que por medio de su infinito sacrificio pudieran ser salvos de todo pecado. Dijo Cristo: “Yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados”, por la perfección de su ejemplo. Aquellos que predican la verdad a otros, ¿serán ellos mismos santificados por la verdad? ¿Amarán al Señor con el corazón, la mente y el alma, y a su prójimo como a sí mismos? ¿Alcanzarán el nivel de la norma más elevada del carácter cristiano? ¿Son elevados sus gustos, han dominado sus apetitos? ¿Están albergando sólo sentimientos nobles, una simpatía fuerte y profunda y propósitos puros, para que puedan ser verdaderos colaboradores de Dios? Necesitamos tener el Espíritu Santo para que nos sostenga en el conflicto, “porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 160-161)

Cultivad la fe y el amor…

Matinal del 29 de Marzo de 2015

Cultivad la fe y el amor…

                             

Habéis descuidado tristemente leer las Escrituras e investigarlas con corazón humilde por vosotros mismos. No os conforméis con la explicación que ningún hombre haga de las Escrituras, cualquiera sea su posición, sino id a la Biblia e investigad la verdad por vosotros mismos. Después de escuchar a Jesús, los samaritanos dijeron: “Ya no creemos por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”. Allí está la mina de la verdad. Cavad un pozo profundo y poseeréis el conocimiento que es de más valor para vosotros. Muchos se han vuelto perezosos y han caído en un criminal descuido del escudriñamiento de las Escrituras, y están tan destituidos del Espíritu de Dios como del conocimiento de su Palabra. En el Apocalipsis, la revelación que fue dada a Juan, leemos acerca de algunos que tenían nombre que vivían aunque estaban muertos. Sí, hay muchas personas tales entre nuestro pueblo, muchos que pretenden estar vivos, y sin embargo están muertos. Hermanos míos, a menos que el Espíritu Santo, como principio vital, os esté inspirando a obedecer sus impulsos y a depender de su influencia, trabajando con la fuerza divina, mi mensaje de parte de Dios para vosotros es: “Estáis bajo un engaño que resultará fatal para vuestras almas. Debéis convertiros. Debéis recibir luz antes de dar luz. Colocaos bajo los brillantes rayos del Sol de justicia”. Entonces podréis decir con Isaías: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti”. Debéis cultivar la fe y el amor. “No se ha acortado la mano del Señor para salvar, ni se ha agravado su oído para no oír”. Buscad al Señor. No descanséis antes que sepáis que Cristo es vuestro Salvador. 

Hermanos míos, deseo que recordéis que la religión de la Biblia nunca destruye la simpatía humana. La verdadera cortesía cristiana necesita ser enseñada y practicada, para ser aplicada en todo el trato que tengáis con vuestros hermanos y con los mundanos. Se necesita mucho más amor y cortesía en nuestras familias de lo que ahora se manifiesta. Cuando nuestros hermanos ministros beban del Espíritu de Cristo diariamente, serán verdaderamente corteses, y no considerarán que es una debilidad ser tiernos de corazón y piadosos, porque éste es uno de los principios del Evangelio de Cristo. Las enseñanzas de Cristo enternecían y suavizaban el alma. La verdad recibida en el corazón obrará una renovación en el alma. Los que aman a Jesús amarán a las almas por las cuales él murió. La verdad implantada en el corazón revelará el amor de Jesús y su poder transformador. Toda rudeza, acritud, crítica y todo espíritu tiránico no son de Cristo, sino que proceden de Satanás. La frialdad, la falta de compasión, la carencia de tierna simpatía, están leudando el campamento de Israel. Si se permite que estos males se fortalezcan, como ha ocurrido en los últimos años, nuestras iglesias se verán en una condición deplorable. Todo maestro de la verdad necesita el principio de la semejanza a Cristo en su carácter. No habrá enojos, regaños y expresiones de desprecio de parte de aquél que esté cultivando las virtudes cristianas. El siente que debe participar de la naturaleza divina, y debe reabastecerse en la fuente inagotable de la gracia celestial, de otra manera eliminará de su alma la gracia de la bondad humana. Debemos amar a los hombres por amor de Cristo. Es fácil que el corazón natural ame a unos pocos favoritos, y sea parcial para con estos pocos; pero Cristo nos pide que nos amemos mutuamente como él nos ha amado. “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”. 

Tenéis una obra seria y solemne que hacer para preparar el camino del Señor. Necesitáis la unción celestial, y podéis tenerla. “Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”. ¿Quién puede ser frívolo, quién puede ocuparse en conversaciones livianas y comunes, mientras por la fe ve al Cordero inmolado clamando ante el Padre como intercesor de la iglesia de la tierra.

Por la fe miremos el arco iris que rodea el trono, la nube de pecados confesados detrás de él. El arco iris de la promesa es una seguridad que se da a cada alma humilde, contrita y creyente, de que su vida es una con Cristo, y de que Jesús es uno con Dios. La ira de Dios no caerá sobre una sola alma que busca refugio en él. Dios mismo ha declarado: “Y veré la sangre y pasaré de vosotros”. “Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo”.

Es Cristo quien ama al mundo con amor infinito. El dio su vida preciosa: él, el unigénito del Padre. El se levantó de entre los muertos, y está a la diestra de Dios, intercediendo por nosotros. Ese mismo Jesús, con su humanidad glorificada, sin que haya cesado su amor, es nuestro Salvador. Nos ha pedido que nos amáramos el uno al otro como él nos amó. ¿Cultivaremos este amor? ¿Seremos semejantes a Jesús? 

Muchos de los judíos fueron y escucharon mientras Jesús revelaba los misterios de la salvación, pero no fueron para aprender; fueron para criticar, para tomarlo en alguna contradicción a fin de que tuvieran algo que les sirviera para inculcar prejuicios en la gente. Estaban conformes con el conocimiento que tenían, pero los hijos de Dios deben conocer la voz del verdadero Pastor. ¿No es éste un tiempo sumamente oportuno para ayunar y orar delante de Dios? Estamos en peligro de discordia, en peligro de tomar partido sobre un punto controvertido. ¿Y no debemos buscar a Dios con fervor, humillando nuestras almas para que podamos saber cuál es la verdad? The Review and Herald, 18 de febrero de 1890.

Prestad atención, no sea que por vuestro ejemplo pongáis a otras almas en peligro. Es algo terrible perder nuestra propia alma, pero el seguir una conducta que cause la pérdida de otras almas es todavía más terrible. El que nuestra influencia sea un sabor de muerte para muerte es un pensamiento tremendo, y sin embargo es posible. ¡Con qué fervor, pues, debemos vigilar nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestros hábitos y disposiciones! Dios exige santidad personal. Únicamente al revelar el carácter de Cristo podemos cooperar con él en la salvación de las almas. The Review and Herald, 22 de diciembre de 1904.  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 155-158) 

La religión de la Biblia…

Matinal del 28 de Marzo de 2015

La religión de la Biblia

 

La religión de la Biblia es muy escasa, aun entre nuestros pastores. Me lamento día y noche por la aspereza, la dureza, la falta de bondad en las palabras y el espíritu, que manifiestan los que pretenden ser hijos del Rey celestial, miembros de la familia real. Esa dureza de corazón, esa carencia de simpatía, esa aspereza, manifestada hacia aquellos que no gozan de sus favores especiales, es registrada en los libros del cielo como un gran pecado. Muchos hablan de la verdad, predican la teoría de la verdad, pero el amor enternecedor de Jesús no ha llegado a ser un elemento vivo y activo en su carácter.

Es ésta una era de apostasía casi universal y los que pretenden estar en la vanguardia de la verdad descarrían a las iglesias cuando no dan evidencia de que su carácter y sus obras armonizan con la verdad divina. La bondad, la misericordia, la compasión, la ternura, la longanimidad de Dios han de ser expresadas en las palabras, la conducta y el carácter de todos los que pretenden ser hijos de Dios, especialmente en aquellos que pretenden ser los mensajeros enviados por el Señor Jesús con la palabra de vida para salvar a los que perecen. Se les ordena en la Biblia poner a un lado todo lo que es áspero, tosco y rudo en su carácter, y que sean injertados en Cristo, la vid viviente. Deben llevar la misma calidad de fruto que la vid. Únicamente así puede el sarmiento ser un digno representante de la excelencia de la vid. 

Cristo vino a nuestro mundo para manifestar al Padre en medio de las densas tinieblas del error y la superstición que prevalecían entonces. Los discípulos de Cristo han de representarlo en su vida diaria, y así la verdadera luz del cielo brillará con rayos claros y firmes ante el mundo; así se revelará un carácter enteramente distinto del que se ve en aquellos que no hacen de la Palabra de Dios su norma y su guía. El conocimiento de Dios debe ser preservado en medio de la oscuridad que cubre el mundo y las densas tinieblas que envuelven a la gente. A través de las edades, el puro carácter de Cristo ha sido falsamente representado por quienes pretendían ser creyentes en él y en la Palabra de Dios. Se ha cultivado la dureza de corazón. El amor, la bondad y la verdadera cortesía han desaparecido rápidamente de la vida de los pastores y de las iglesias. ¿Qué puede pensar de esto el universo de Dios? Los que pretenden ser representantes de Cristo manifiestan más bien la dureza de corazón que es característica de Satanás, que lo hizo inepto para el cielo, que hizo inseguro que él estuviera allí. Y precisamente así ocurrirá con los que conocen la verdad y sin embargo cierran la puerta de su corazón a su poder santificador. “Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Los siervos de Cristo no han de ser solamente instrumentos que predicando a Jesús induzcan a los hombres al arrepentimiento, sino que han de continuar su obra cuidando de ellos, interesándose por ellos y manteniendo a la vista del pueblo, por precepto y por ejemplo, al Señor y Salvador Jesucristo. Han de santificarse a sí mismos para que sus oyentes sean también santificados. Así todos crecerán en la piedad y la virtud, hasta que el embajador de Dios pueda presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús. Entonces la función ministerial se verá en su verdadero y sagrado carácter. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 151-152) 

Escudriñad las escrituras y orad con fe…

Matinal del 27 de Marzo de 2015

Escudriñad las escrituras y orad con fe

 

¿Tratarán mis hermanos en el ministerio de trabajar con diligencia, para que puedan cumplir el encargo que el apóstol Pablo le hizo a Tito: “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros”? (Tito 2:6-8); léanse además los versículos 11-15. 

Se me ha mostrado que de parte de los ministros de todas nuestras asociaciones hay descuido en el estudio de las Escrituras y el escudriñamiento de la verdad. Si sus mentes fueran debidamente disciplinadas, y atesoraran las preciosas lecciones de Cristo, entonces, en cualquier tiempo y en toda emergencia, podrían extraer del tesoro del conocimiento cosas nuevas y cosas viejas para alimentar a la iglesia de Dios, dando a cada hombre su porción de alimento a su debido tiempo. Si Cristo permanece en el alma, será como una fuente viva, “una fuente de agua que salte para vida eterna”.

Os digo lo que he visto, y es cierto, que mediante esfuerzos bien dirigidos y perseverantes muchas, muchísimas más almas pueden ser traídas al conocimiento de la verdad. ¡Oh, el fin se acerca! ¿Quién estará listo cuando Cristo se levante de su trono para ponerse sus vestiduras de venganza? ¿Los nombres de quiénes están registrados en el libro de la vida del Cordero? Estarán allí únicamente los nombres de aquellos que siguen al Cordero por dondequiera que va. Vuestras ideas erróneas y los aspectos objetables de vuestro carácter deben ser abandonados, y debéis vestiros con el manto de la justicia de Cristo. ¡La fe y el amor: cuán destituidas están las iglesias de estos bienes! El Mercader celestial nos amonesta: “Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte... y unge tus ojos con colirio, para que veas”. Dios quiera que los que están predicando en nuestras asociaciones no sean como las vírgenes insensatas, que tienen lámparas, pero están destituidas del aceite de la gracia que hace que las lámparas ardan y difundan luz. ¡Oh, necesitamos más ministros de oración—hombres que sientan el solemne peso de las almas—, hombres que tengan una fe que obre por el amor y purifique el alma! Sin fe es imposible agradar a Dios. ¡Cuán imperfecta es la fe en nuestras iglesias! ¿Por qué no creemos que el Señor hará precisamente lo que él dice que hará? 

Somos siervos de Dios, y a cada uno de nosotros nos ha dado talentos, tanto naturales como espirituales. Como hijos de Dios, debemos acrecentar constantemente nuestra idoneidad para las mansiones celestiales que Cristo dijo a sus discípulos que iba a preparar para ellos. El que echa mano de la justicia de Cristo puede llegar a ser un hombre perfecto en Cristo Jesús. Trabajando desde un punto de vista elevado, tratando de seguir el ejemplo de Jesús, creceremos a su semejanza, logrando un refinamiento cada vez mayor.

El Salvador oró: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Los que son disciplinados por la verdad serán hacedores de la Palabra; serán diligentes lectores de la Biblia e investigarán las Escrituras con el ferviente deseo de comprender la voluntad de Dios, y de cumplirla inteligentemente. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 148-150)

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