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El Crear Oposición Innecesaria…

Matinal del 18 de Abril de 2015

El Crear Oposición Innecesaria

                        

Ruego por amor a Cristo que no permitáis que salgan de vuestros labios expresiones apresuradas o ásperas, que no uséis un lenguaje exagerado, que no expreséis nada que tenga sabor de crítica, porque todo esto es humano. Cristo no tiene parte en ello. Cuiden los escritores impulsivos el modo en que usan su pluma, no sea que parezcan ridiculizar la posición de creyentes o no creyentes. Estaremos seguros únicamente si conservamos el espíritu humilde de Cristo y hacemos sendas derechas para nuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino. La mansedumbre y la humildad de Cristo deben tomar posesión del alma.

Satanás está ejerciendo su poder presentando engaños magistrales para efectuar aquello que no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Aquellos que creen la verdad no den ocasión a nuestros enemigos para justificar su oposición, ni den pie a que los hombres usen de la calumnia para oponerse al avance de la verdad. Por amor a Cristo, realice cada obrero esfuerzos que anulen los asertos de Satanás, y no se empeñe en nada que Dios no haya demandado de sus manos. Bajo la dirección celestial hemos de trabajar de acuerdo con la voluntad de Dios, y el éxito coronará nuestros esfuerzos. Permitidle a Dios que obre para inducir a los hombres a hacer lo que él desea que realicen para hacer progresar su verdad.

El asunto de la libertad religiosa es muy importante y debe ser manejado con gran sabiduría y discreción; de otra manera, hay peligro de que por nuestra propia conducta traigamos sobre nosotros mismos una crisis antes de estar preparados para ella. El mensaje que debemos predicar es “los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Debe pedirse a nuestros hermanos que tengan cuidado de no dar pasos que exciten o provoquen a las autoridades de modo que tomen determinaciones que limiten la obra y nos impidan proclamar el mensaje en los diferentes lugares. 

Necesitamos depender más del Infinito y confiar mucho menos en los agentes humanos. Hemos de preparar a un pueblo para estar en pie en el día que Dios ha preparado; hemos de llamar la atención de los hombres a la cruz del Calvario para explicarles la razón por la cual Cristo realizó su gran sacrificio. Hemos de mostrar a los hombres que es posible para ellos volver a su lealtad a Dios y a la obediencia a sus mandamientos. Cuando el pecador mira a Cristo como la propiciación hecha por sus pecados, háganse a un lado los hombres. Declárenle al pecador que Cristo “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. Anímeselo a buscar sabiduría de Dios, pues por medio de la oración ferviente aprenderá el camino del Señor más perfectamente que si fuera instruido por algún consejero humano. Verá que fue la transgresión de la ley lo que causó la muerte del Hijo del Dios infinito, y odiará los pecados que hirieron a Jesús. Al mirar a Cristo como un compasivo y tierno Sumo Sacerdote, su corazón será preservado en la contrición. (Testimonios Para Los Ministros págs. 219-220)

La organización de Dios…

Matinal del 17 de Abril de 2015

La organización de Dios

                        

Estudien los obreros de Dios el capítulo sexto de Isaías y los primeros dos capítulos de Ezequiel.

La rueda dentro de otra rueda, la semejanza de criaturas vivientes relacionadas con ellas, todo le parecía al profeta intrincado e inexplicable. Pero la mano de la sabiduría infinita se ve entre las ruedas, y el orden perfecto es el resultado de su obra. Cada rueda trabaja en perfecta armonía con cada una de las demás.

Se me ha mostrado que los instrumentos humanos buscan demasiado poder y tratan de controlar la obra ellos mismos. Dejan a Jehová Dios, el Obrero Poderoso, demasiado fuera de sus métodos y planes y no le confían todas las cosas con respecto al progreso de la obra. Nadie debe imaginarse que está en condiciones de manejar estas cosas que pertenecen al gran YO SOY. Dios en su providencia está preparando un camino para que la obra pueda ser realizada por agentes humanos. Ocupe, pues, todo hombre su puesto del deber a fin de hacer la parte que le toca en este tiempo, sabiendo que Dios es su instructor. 

En la toma de Jericó, Jehová Dios de los ejércitos era el general de las huestes de Israel. El hizo el plan para la batalla y llamó a agentes celestiales y humanos a participar en la obra, pero ninguna mano humana tocó los muros de Jericó. Dios dispuso las cosas de tal manera que el hombre no pudiera atribuirse ningún crédito por la victoria. Sólo Dios debía ser glorificado. Así debe ser en la obra en la cual estamos empeñados. La gloria no ha de ser dada a los agentes humanos; sólo el Señor ha de ser magnificado. Leed con todo cuidado el tercer capítulo de Ezequiel. Debemos aprender a depender enteramente de Dios y recordar siempre que el Señor Dios necesita de todo agente que sostenga la verdad en justicia. Como obreros por Cristo, debemos proclamar al mundo, de pie frente a la cruz del Calvario: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Hemos de proclamar el mensaje del tercer ángel con nuestras voces humanas, y ha de ir al mundo con poder y gloria.

Cuando los hombres dejen de depender de los hombres, cuando hagan de Dios su eficiencia, se manifestará más confianza mutua. Nuestra fe en Dios es sumamente débil y nuestra confianza mutua es demasiado exigua.

Cristo sopló sobre sus discípulos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. Cristo es representado por su Santo Espíritu hoy en día en todas partes de su gran viña. El dará la inspiración de su Santo Espíritu a todos los de corazón contrito. 

Dependamos más de la eficiencia del Espíritu Santo, y menos de los agentes humanos. Lamento decir que por lo menos algunos no han dado evidencia de haber aprendido la lección de la mansedumbre y la humildad en la escuela de Cristo. No permanecen en Cristo, no tienen relación vital con él. No son dirigidos por la sabiduría de Cristo mediante la entrega de su Santo Espíritu. Os pregunto: ¿Cómo podemos tener a estos hombres por jueces infalibles? Pueden ocupar puestos de responsabilidad, pero están viviendo lejos de Cristo. No tienen la mente de Cristo y no aprenden diariamente de él. Sin embargo, en algunos casos se confía en su juicio, y su consejo es considerado como sabiduría de Dios.

Cuando los agentes humanos escogen la voluntad de Dios y se conforman al carácter de Cristo, Jesús actúa por medio de los órganos y facultades de ellos. Ponen a un lado todo orgullo egoísta, toda manifestación de superioridad, toda exigencia arbitraria, y manifiestan la humildad y la mansedumbre de Cristo. No son ya ellos mismos los que viven y actúan, sino que es Cristo el que vive y actúa por medio de ellos. Entienden las preciosas palabras de la oración del Salvador: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”.

Dios quiere que todo individuo mire menos a lo finito, que dependa menos de los hombres. Tenemos consejeros que dan evidencia de que no conocen la gracia de Cristo y no entienden la verdad como es en Jesús. Los colaboradores de Dios tienen una opinión humilde de sí mismos. No son jactanciosos, no tienen suficiencia propia, no se ensalzan a sí mismos. Son longánimes, bondadosos, llenos de misericordia y buenos frutos. La ambición humana ocupa una posición subordinada en ellos. La justicia de Cristo los precede, y la gloria del Señor es su retaguardia. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 213-215)

Dependencia directa de Dios…

Matinal del 15 de Abril de 2015

Dependencia directa de Dios

                        

No es el plan de Dios que algún hombre, o algún grupo de hombres, presuman que Dios los ha convertido en conciencia para sus hermanos, o manifiesten un espíritu autoritario para dominar a los obreros delegados por el Señor, haciendo peligrar así la seguridad tanto de la herencia del Señor como de la suya propia, y retardando el avance de la obra de Dios. El Señor no se limita a un solo hombre, o a un grupo de hombres, para realizar su obra; sino que dice de todos: Vosotros sois “colaboradores de Dios”. Esto significa que toda alma creyente debe tener una parte que hacer en su sagrada obra, y todo individuo que cree en Jesucristo ha de ser para el mundo un símbolo de la suficiencia de Cristo; ha de presentar a su iglesia las más elevadas leyes del mundo futuro e inmortal, y en obediencia a los incomparables mandatos del cielo, ha de revelar la profundidad de un conocimiento independiente de las elucubraciones humanas. 

El Señor debe ser creído y servido como el gran “YO SOY”, y debemos confiar sin reservas en él. No promulguen los hombres leyes que tomen el lugar de la ley de Dios. Nunca enseñéis a los hombres a mirar a los hombres, a confiar en los hombres, porque la sabiduría humana no es suficiente para decidir si tienen derecho a ocuparse en la obra del Señor. Cuando Dios confía una obra a ciertos individuos, los hombres no deben rechazar su decisión. La interferencia humana no debe impedir el desarrollo de los planes de Dios; sin embargo, esto se ha hecho una y otra vez.

Si la iglesia en la tierra ha de asemejarse a un templo, edifíquesela según el modelo mostrado en el cielo y no según el genio del hombre. El ingenio del hombre a menudo contrarresta los planes divinos. La áurea vara de medir no ha sido colocada en las manos de ningún hombre o grupo de hombres finitos, cualesquiera sean su posición o vocación, sino que está en las manos del Arquitecto celestial. Si los hombres no se entrometen en los planes de Dios, y le permiten actuar sobre la mente y el carácter, edificándolos de acuerdo con el plan divino, se realizará una obra que soportará las pruebas más severas. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 208-209)

Amor y confianza entre los hermanos…

Matinal del 10 de Abril de 2015

Amor y confianza entre los hermanos…

                        

Cuando los hombres manifiesten confianza en sus semejantes estarán mucho más cerca de poseer la mente de Cristo. El Señor ha revelado la estima en que tiene al hombre. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Pero algunas mentes están siempre tratando de remodelar el carácter de otros de acuerdo con sus propias ideas y medidas. Dios no les ha encargado esa obra.

El yo siempre se tendrá a sí mismo en gran estima. Cuando los hombres pierden su primer amor, no guardan los mandamientos de Dios, y entonces comienzan a criticarse mutuamente. Este espíritu estará constantemente luchando por imponerse hasta el fin del tiempo. Satanás trata de fomentarlo a fin de que los hermanos, en su ignorancia, traten de devorarse el uno al otro. Dios no es glorificado, sino grandemente deshonrado; el Espíritu de Dios es agraviado. Satanás se alegra, porque sabe que si puede lograr que el hermano espíe al hermano en la iglesia y en el ministerio, algunos se sentirán tan desanimados que abandonarán su puesto del deber. Esta no es la obra del Espíritu Santo; un poder de abajo está obrando en la mente y en el alma para colocar sus atributos donde debieran estar los de Cristo.

Aquel que pagara el precio infinito para redimir a los hombres lee con inequívoca precisión todas las ocultas maquinaciones de la mente humana, y sabe exactamente cómo tratar con toda alma. Y al tratar con los hombres, manifiesta los mismos principios que se revelan en el mundo natural. Las funciones benefactoras de la naturaleza no se realizan mediante intervenciones abruptas y sorpresivas; no se les permite a los hombres tomar la obra de la naturaleza en sus propias manos. Dios obra por medio de la acción tranquila y regular de las leyes que estableciera. Así ocurre en las cosas espirituales. Satanás trata constantemente de producir efectos por medio de rudas y violentas arremetidas; pero Jesús hallaba acceso a la mente por la senda de las asociaciones de ideas que le son más familiares. El perturbaba en lo mínimo posible su acostumbrada cadena de pensamientos por acciones abruptas o reglas prescriptas. Honraba con su confianza al hombre dándole así la oportunidad de demostrar que era digno de esa confianza. Presentaba antiguas verdades iluminadas por una nueva y preciosa luz. A los doce años maravilló a los doctores de la ley por sus preguntas en el templo. 

Jesús se revistió de humanidad para poder encontrarse con la humanidad. El coloca a los hombres bajo el poder transformador de la verdad encontrándolos donde están. Obtiene acceso al corazón conquistando la simpatía y la confianza, logrando que todos sientan que él está plenamente identificado con la naturaleza humana y los intereses de los hombres. La verdad salía de sus labios hermosa en su sencillez, y sin embargo revestida de dignidad y poder. ¡Qué maestro era nuestro Señor Jesucristo! ¡Cuán tiernamente trató a cada honrado investigador de la verdad, para ganar su simpatía, y hallar lugar en su corazón!

Debo deciros, hermanos, que estáis lejos de lo que el Señor quisiera que fuerais. Los atributos del enemigo de Dios y del hombre demasiado a menudo hallan expresión en vuestro espíritu y en vuestra actitud mutua. Os herís mutuamente porque no sois participantes de la naturaleza divina. Obráis en contra de la perfección de vuestro propio carácter, os acarreáis dificultades, hacéis vuestra labor dura y cansadora, porque consideráis vuestro propio espíritu y vuestros defectos de carácter como preciosas virtudes dignas de ser atesoradas y fomentadas. 

Jesús les señala a las mentes más elevadas, así como a las más humildes, el lirio bañado por el rocío matutino, y nos pide: “Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos”. Y aplica esta lección: “Si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?” (Testimonios Para Los Ministros, págs. 189-191)

El espíritu de Jesús…

Matinal del 8 de Abril de 2015

El espíritu de Jesús

                        

Cristo identifica su interés con el de la humanidad. La obra que lleva las credenciales divinas es aquella que manifiesta el espíritu de Jesús, que revela su amor, su cuidado, su ternura al tratar con las mentes de los hombres. ¡Qué revelaciones recibiría el hombre si se descorriera el velo y pudierais ver los resultados de vuestra labor al relacionaros con los descarriados que necesitaban un trato más juicioso para no ser desviados de la senda! “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, porque lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”. 

Siempre tendremos personas tentadas con las cuales tratar, y es esencial que nos convirtamos a Dios cada día, y seamos vasos que puedan ser usados para honra y gloria de su nombre. El verdadero valor del alma puede ser estimado únicamente por la cruz del Calvario. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Los que no están convertidos, los que no están santificados, manifestarán la clase de espíritu que tienen. Revelarán por sus gustos y aversiones que sus sentimientos naturales no se hallan bajo el dominio de una voluntad santificada. La religión de Jesucristo revolucionará al hombre entero. La verdad de Dios tiene poder para transformar el carácter.

Necesitamos la fe que obra por el amor y purifica el alma. Una fe que no produce este fruto no tiene ningún valor. El fruto del sarmiento mostrará el carácter de la vid. Quien sea plantado en Cristo ascenderá a mayores alturas. En lugar de actuar arrebatadamente, en lugar de impedir con vuestra severidad y aspereza que la fe y la esperanza lleguen a los descarriados, el verdadero cristiano enseñará a los ignorantes, reformará a los pecadores, consolará a los que lloran, refrenará la opresión y la injusticia, e imitará a Cristo aun en sus transacciones comerciales. En lugar de provocar reyertas producirá paz y armonía.

Entre aquellos que han desempeñado puestos de confianza en la obra de Dios ha habido manifestaciones de un espíritu duro, injusto y crítico. A menos que quienes han albergado este espíritu se conviertan, serán relevados de la responsabilidad de actuar en las juntas de consejo, y aun en operaciones comerciales. A menos que se conviertan, sus voces no deben oírse en el consejo, porque el resultado final es más perjudicial que beneficioso. El mal prevalece, hace pecar al hombre en palabra, y la sospecha, la desconfianza, los celos, las suspicacias, la mala forma de hablar y la injusticia se manifiestan aun en relación con la causa de Dios. Un falso celo pasa por el celo por la causa de Dios; pero las vestiduras miserables y sucias del yo deben ser destruidas y en su lugar los hombres deben aceptar la justicia de Cristo. La persecución que se está realizando entre miembros de iglesia es una cosa muy terrible. Es cierto que algunos han cometido errores y equivocaciones, pero es igualmente cierto que esos errores y equivocaciones están muy lejos de ser tan ofensivos a la vista de Dios como el espíritu duro y no perdonador de aquellos que los critican y censuran. Muchos de los que no vacilan en abrir juicio sobre otros, están cometiendo errores que, aunque no se hacen manifiestos, llevan la mancha de una maldad mortífera que está corrompiendo su vida espiritual. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 184-185)

La ociosidad…

Matinal del 7 de Abril de 2015

La ociosidad…

                        

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu; sirviendo al Señor”. Hay solamente un remedio para la indolencia, a saber, deshacerse de la lentitud como de un pecado que lleva a perdición, y trabajar utilizando la capacidad física que Dios os ha dado con ese propósito. La única cura para una vida inútil, ineficiente, es el esfuerzo, el esfuerzo decidido y perseverante. La única cura para el egoísmo es negarse a sí mismo y trabajar fervientemente para convertiros en la bendición que podéis llegar a ser para vuestros semejantes. “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará”.

Como agentes humanos de Dios debemos realizar la obra que nos ha encargado. El ha asignado a cada uno su obra y no debemos entregarnos a conjeturas sobre si nuestros esfuerzos resultarán o no un éxito. Nuestra responsabilidad individual se limita a realizar incansable y concienzudamente las tareas que alguien debe hacer, y si dejamos de hacer nuestra parte no podemos ser excusados por Dios. Y cuando hemos hecho lo mejor que podíamos, debemos dejar los resultados con Dios. Sin embargo, se exige de nosotros que ejerzamos mayor poder mental y espiritual. Es vuestro deber, y ha sido vuestro deber todos los días de la vida que Dios generosamente os ha concedido, usar los remos del deber, porque sois agentes responsables de Dios. 

La orden para vosotros es: “Ve hoy a trabajar en mi viña”. Todos nosotros somos obreros de Dios, y ninguno ha de quedar ocioso; pero yo quiero preguntar: ¿Qué estáis haciendo por el Maestro a fin de oír sus palabras de aprobación: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”? Dios nunca comete un error; nunca llama a los hombres buenos y fieles si no son buenos y fieles.  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 183-1843)

Todas las demás bendiciones…

Matinal del 5 de Abril de 2015

Todas las demás bendiciones

                             

Esta bendición prometida, reclamada por la fe, traería todas las demás bendiciones en su estela, y ha de ser dada liberalmente al pueblo de Dios. Por medio de los astutos artificios del enemigo las mentes de los hijos de Dios parecen incapaces de comprender las promesas divinas y de apropiarse de ellas. Parecen pensar que únicamente los más escasos chaparrones de la gracia han de caer sobre el alma sedienta. El pueblo de Dios se ha acostumbrado a pensar que debe confiar en sus propios esfuerzos, que poca ayuda ha de recibirse del cielo; y el resultado es que tiene poca luz para comunicar a otras almas que mueren en el error y la oscuridad. La iglesia por mucho tiempo se ha contentando con escasa medida de la bendición de Dios; no ha sentido la necesidad de reclamar los elevados privilegios comprados para ella a un costo infinito. Su fuerza espiritual ha sido escasa, su experiencia, restringida y mutilada, y se halla inhabilitada para la obra que el Señor quiere que haga. No está en condiciones de presentar las grandes y valiosas verdades de la santa Palabra de Dios que convencerían y convertirían a las almas mediante la intervención del Espíritu Santo. Dios espera que la iglesia pida y reciba su poder. Recogerán una cosecha de gozo los que siembran la santa semilla de la verdad. “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. 

De la actitud de la iglesia, el mundo ha sacado la idea de que el pueblo de Dios es ciertamente un pueblo triste, que el servicio de Cristo carece de atractivo, que la bendición de Dios se concede a un costo elevado para los que la reciben. Al espaciarnos en nuestras pruebas y magnificar las dificultades, representamos falsamente a Dios y a Jesucristo a quien él ha enviado; porque la lobreguez que rodea el alma del creyente resta todo atractivo a la senda que lleva al cielo, y muchos se apartan chasqueados del servicio de Cristo. Pero ¿son realmente creyentes los que presentan a Cristo de esa manera? No, porque los creyentes descansan en la promesa divina y el Espíritu Santo tiene no sólo la misión de convencer sino también la de consolar. 

El cristiano debe echar todo el fundamento si quiere edificar un carácter fuerte, simétrico, si quiere estar bien equilibrado en su experiencia religiosa. Así el hombre estará preparado para alcanzar las normas de verdad y justicia presentadas en la Biblia, porque el Santo Espíritu de Dios lo sostendrá y fortalecerá. El verdadero cristiano combina una gran ternura de sentimiento con una gran firmeza de propósito y una inquebrantable fidelidad a Dios; en ningún caso traicionará las verdades sagradas. El que está dotado del Espíritu Santo tiene grandes poderes emotivos e intelectuales y una invencible fuerza de voluntad.

Hermanos míos, el Salvador exige de vosotros que prestéis atención a cómo testificáis por él. Necesitáis ahondar cada vez más en el estudio de la Palabra. Os encontráis con toda clase de mentes, y a medida que enseñéis las verdades de la Palabra sagrada, habéis de manifestar fervor, respeto y reverencia. Eliminad los cuentos de vuestras disertaciones y predicad la Palabra. Tendréis entonces más gavillas para llevar al Maestro. Recordad que en vuestro auditorio hay personas que están constantemente acosadas por la tentación. Algunos están luchando con la duda, casi sin esperanza. Pedid a Dios que os ayude a hablar palabras que los fortalezcan para el conflicto.—The Review and Herald, 22 de diciembre de 1904. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 174-176)

La selección de hombres para el ministerio…

Matinal del 4 de Abril de 2015

La selección de hombres para el ministerio

                             

La tarea de elegir hombres para la sagrada obra encomendada en nuestras manos ha sido encarada con demasiada liviandad. A consecuencia de este descuido, están trabajando en campos misioneros hombres inconversos, llenos de lujuria, desagradecidos, sin santidad. Aun cuando algunos de ellos han sido reprendidos a menudo, no han cambiado su conducta y sus prácticas sensuales traen oprobio a la causa de Dios. ¿Cuál será el fruto de una labor tal? ¿Por qué no recuerdan todos nuestros obreros que de toda palabra, buena o mala, han de dar cuenta en el día del juicio? Toda inspiración del Espíritu Santo que guía a los hombres a la bondad y a Dios es anotada en los libros del cielo, y el obrero a través del cual el Señor ha traído luz será alabado en el día del Señor. Si los obreros se dieran cuenta de la responsabilidad eterna que descansa sobre ellos, ¿emprenderían la obra sin un profundo sentido de su carácter sagrado? ¿No deberíamos esperar que se vea la obra profunda del Espíritu de Dios en los hombres que se presentan para abrazar el ministerio? 

El apóstol dice: “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Presten todos atención a estas palabras, y sepan que el Señor Jesús no aceptará ninguna transigencia. Al aceptar y retener obreros que persisten en mantener sus imperfecciones de carácter, y no dan plena prueba de su ministerio, la norma ha sido grandemente rebajada. Hay muchos que ocupan puestos de responsabilidad que desoyen la orden del apóstol, y hacen provisión para complacer los deseos de la carne. A menos que el obrero se vista del Señor Jesucristo y halle en él sabiduría, santificación y redención, ¿cómo podrá representar la religión de Jesús? Toda su eficiencia, toda su recompensa se encuentra en Cristo. Debe haber evidencia por parte de los que asumen la solemne posición de pastores de la que están investidos, de que se han dedicado sin reserva a la obra. Deben tomar a Cristo como su Salvador personal. ¿Por qué es que aquellos que por mucho tiempo han estado ocupados en el ministerio, no crecen en gracia y en el conocimiento del Señor Jesús? Se me ha mostrado que complacen sus propensiones egoístas, y sólo hacen las cosas que concuerdan con sus gustos e ideas. Hacen provisión para complacer el orgullo y la sensualidad, y llevan a cabo sus ambiciones y planes egoístas. Están llenos de estima propia. Pero aun cuando sus malas propensiones puedan parecerles tan preciosas como la mano derecha o el ojo derecho, éstas deben ser separadas del obrero, o no será aceptable ante Dios. Por imposición de manos se ordena para el ministerio a hombres que no han sido cabalmente examinados con respecto a sus calificaciones para la obra sagrada; pero ¡cuánto mejor sería examinarlos minuciosamente antes de aceptarlos como ministros, que tener que realizar ese examen tan rígido después que han sido confirmados en su cargo y han puesto su molde sobre la obra!  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 170-171)

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