La Biblia masticada
“Pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día” Salmo 1:2.
Mi perra Nala pertenece a la raza crestado rodesiano. Es una perra muy inteligente, pero cuando era bebé hacía muchos desastres, como todos los cachorros. Lo que más le gustaba era morder mis zapatos, pero también le encantaba cavar agujeros en el patio trasero. Si la dejaba afuera sola más de dos minutos, se ponía a cavar. Una vez la dejé afuera todo el día y cuando volví, había hecho 27 agujeritos por todo el patio.
La tercera cosa que le encantaba hacer era morder libros. ¿No es una locura? Es una perra, no sabe leer; pero a Nala le encantaba encontrar libros y masticarlos. Sin embargo, yo no lo supe hasta un desdichado día. No quería que mordisqueara mis zapatos ni que hiciera agujeros en el patio, así que la dejé en la habitación de invitados. Antes de dejarla allí, revisé la habitación. No parecía haber nada que pudiera meter a la perrita en problemas.
Cuando llegué a casa, fui a la habitación de invitados, abrí la puerta y me quedé atónita. Por toda la habitación había páginas de mi Biblia de cuero. La cachorrita Nala estaba en medio de todo, mordisqueando el cuero y arrancando páginas poco a poco con sus patitas.
Me enfadé muchísimo. Pero más tarde, mientras limpiaba el desastre, me puse a pensar. En cierto modo, Nala había usado más mi Biblia que yo, pues yo la había dejado en un estante de la habitación de invitados. Casi nunca la sacaba para leerla y aprender de ella. No la utilizaba para difundir el mensaje de amor que Jesús relata en sus páginas.
Nala, en cambio, la masticó y la devoró. Y puede parecer gracioso, ¡pero estaba difundiendo sus buenas noticias por todas partes! Aquel día aprendí una lección especial de Nala. Lo que hizo me recordó que no debo descuidar mi Biblia y las importantes lecciones que puedo aprender de sus páginas.
Joelle
Vicki Redden
Trabaja para la revista Insight y disfruta con los niños
de todas las edades. Vive en Maryland con su esposo Ron y sus dos perros, y ha explorado la creación de Dios desde Australia hasta el jardín de su casa.
Dee Litten Reed
Creció en una granja de Virginia, Estados Unidos,
rodeada de animales de granja, así como de algunas criaturas silvestres que rescató. Le encanta visitar zoológicos y acuarios con su nieto Tommy. También disfruta observando a las ballenas que navegan frente a la costa de Ventura, en California.
Joelle Reed Yamada
Dejó de dar clases en la escuela durante un año para irse de mochilera a recorrer el mundo. Ella y su esposo Brent viven en una granja en Inglaterra. Es profesora de Psicología y está descubriendo lo que es ser granjera. Siempre cuida de su perrita Nala e intenta que no se meta en problemas.


