«Yo ya estoy para ser ofrecido en sacrificio; ya se acerca la hora de mi muerte» (2 Timoteo 4:6).
Hoy es el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Este es un tributo que rinde la UNESCO a los seis millones de judíos europeos que, entre 1933 y 1945, perdieron la vida por causa de la ideología fascista antisemita del partido de Hitler. El «delito» de ellos era haber nacido judíos. Se calcula que el total de muertos durante el Holocausto fue de entre quince y veinte millones, pues también fueron enviadas a los campos de concentración personas con problemas de salud mental y física, personas de ideología no fascista, e incluso miembros de una familia real.
En 1943, el rey Víctor Manuel III de Italia puso fin al gobierno de Mussolini, el dictador fascista italiano, y lo mandó a encarcelar. Esto enfureció tanto a Hitler que puso en marcha la «Operación Abeba», que consistía en dar caza y captura, a cualquier costo, a la familia real italiana, los Saboya. La princesa Mafalda de Saboya, hija del rey Víctor Manuel III, fue capturada y llevada al campo de concentración nazi de Buchenwald, donde murió.
Satanás, al igual que Hitler, tiene su propio partido, el cual se trajo del cielo. Junto con sus secuaces, Satanás trabaja arduamente día a día para acabar con el pueblo de Dios. Con frecuencia, logra que el dolor, la muerte y la angustia se apoderen de cristianos fervientes, con el maléfico propósito de hacerlos dudar y renegar de su fe. Nuestros «delitos» para ser perseguidos por él son haber nacido cristianas a través del bautismo y ser hijas del Rey del universo. Como ves, Satanás ha lanzado su propia «Operación Abeba» para exterminar a las hijas del Rey, entre las cuales estamos tú y yo.
Satanás, que desató una guerra en el cielo, un conflicto en todo el universo y una situación dificilísima en la tierra, sigue buscando en nuestro planeta a los hijos de Dios para darles muerte. El mayor genocida de la historia no es Hitler, es el diablo, que anda como león rugiente buscando a quién devorar.
Pero, querida amiga, tengamos hoy la convicción del apóstol Pablo: que nuestra fe esté firme en medio de las atrocidades que el enemigo hace en nuestra vida. Sus estrategias para hacernos sufrir son diversas; pero tengamos la certeza de que, aunque seamos capturadas y llevadas por el valle de sombra y de muerte, nunca se nos podrá arrebatar la vida eterna que nos ofrece Dios.
Posdata: Feliz de ser su princesa.


