«Si no oyes la voz del Señor tu Dios ni procuras cumplir todos los mandamientos y estatutos que hoy te mando cumplir, vendrán sobre ti, y te alcanzarán, todas estas maldiciones» (Deuteronomio 28: 15, RVC).
Sigamos escudriñando Deuteronomio 28 para reafirmar en nuestro corazón que la obediencia a las leyes divinas, es lo mejor para nuestras vidas.
Advertencia Deuteronomio 28: 52: «Sitiará todas las ciudades de tu tierra, hasta derribar esas altas y sólidas murallas en las que tú confías. Sitiará todas tus ciudades y toda la tierra que el Señor tu Dios te ha dado». Cumplimiento. ¿Recuerdas por qué Nehemías estaba triste delante del rey? ¡Claro! Porque le habían dicho que los muros de Jerusalén seguían en ruinas (Nehemías 1:3). Pero, ¿cuándo sucedió esto? Muchos años antes cuando fueron llevados cautivos. «Sus tropas quemaron el templo de Dios, derribaron la muralla de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios, y destruyeron todos sus objetos más preciados» (2 Crónicas 36: 19).
Advertencia vers. 53: «Durante el sitio, y en la desesperación y la angustia ante el enemigo, te comerás el fruto de tu vientre, ¡la carne de tus propios hijos e hijas que el Señor tu Dios te dio!». Cumplimiento. ¿Te parece aterradora la idea de comerte a tus propios hijos? Pues el pueblo elegido lo hizo. Durante el sitio de Samaria se registra la horripilante acción de dos mujeres que hicieron un trato debido a la desesperación del hambre. Dios en su misericordia les había dado reglas y advertencias para que no llegaran a ese punto de vileza, y no obedecieron. «Sin embargo, el rey añadió: ¿Qué te pasa? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: “¡Venga acá tu hijo! ¡Vamos a comérnoslo hoy, y mañana nos comeremos el mío!”. Entonces cocinamos a mi hijo, y nos lo comimos. Al día siguiente yo le dije: “¡Ahora venga acá tu hijo! ¡Vamos a comérnoslo! ¡Pero ella lo ha escondido!”» (2 Reyes 6: 28-29).
Sabiendo que Dios cumple su promesa, ¿habremos de arriesgarnos a desobedecerle? La misma Escritura afirma: «Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti ni está lejos de ti» (Deuteronomio 30: 11). Cuando estamos convencidos del amor de Dios y correspondemos a ese amor, automáticamente le obedecemos por amor y no por miedo a las consecuencias. El pueblo actual de Dios también está advertido respecto a la senda final de los malos. La buena noticia es que, como en el pasado, el Señor no abandonará a su pueblo. Hoy sigue llamando, esperando y perdonando a sus hijos que de corazón le buscan.
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