CÓMO NOS RESCATA DIOS
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en pecados nos dio vida junto con Cristo. Por gracia ustedes han sido salvados” (Efe. 2:4, 5).
Sábado: 15 de julio
CÓMO NOS RESCATA DIOS
El 14 de octubre de 1987, Jessica McClure, de 18 meses de edad, estaba jugando en el patio trasero de la casa de su tía cuando cayó siete metros dentro de un pozo abandonado. Su situación crítica atrajo a medios de todo el mundo a Midland, Texas, EE. UU. Una audiencia global vio a la “bebé Jessica” durmiendo, llorando, cantando y llamando a su madre. Observaba mientras el personal de emergencias entubaba aire fresco a través del pozo.
Finalmente, 58 horas después de la caída, la audiencia mundial vio cómo Jessica era liberada del pozo que la había retenido por más de dos días. La foto ganadora del Premio Pulitzer, del fotógrafo Scott Shaw, capturó el momento: un cable de rescate pasa por en medio de los rostros angustiados de los rescatistas de Jessica, que miran el bulto vendado en el centro del drama: la bebé Jessica.
No hay nada tan apasionante como una buena historia de rescate, y Pablo, en Efesios 2:1 al 10, nos da una visión detallada y personal de la misión de rescate más grandiosa y arrolladora de todos los tiempos: los esfuerzos de Dios para redimir a la humanidad. El dramatismo de la historia aumenta al saber que no somos meros espectadores del rescate de otra persona, sino testigos del nuestro.
Comentarios Elena G.W
Al aceptar a Cristo como su Salvador personal, el hombre es colocado en la misma íntima relación con Dios como su amado Hijo, y disfruta de su favor especial. Al asociarse íntimamente con Dios es honrado y glorificado, y su vida está escondida con Cristo en Dios. 1011, qué amor maravilloso!…
La pureza de Cristo le ha revelado al hombre su propia impureza en sus colores más odiosos. Entonces se aparta del pecado degradante, mira a Jesús y vive.
En Cristo encuentra un carácter cautivante, impresionante y atractivo. Él es quien murió para librarlo de la deformidad del pecado, por lo cual declara con los labios temblorosos y los ojos arrasados en lágrimas: «El no habrá muerto por mí en vano». «Tu bondad me ha engrandecido» (Exaltad a Jesús, p. 291).
Oh Jesús precioso, amoroso, longánime, benigno ¡cuánto te adora mi alma! ¡Que un alma pobre, indigna, contaminada por el pecado pueda estar de pie delante del Dios santo, perfecta en justicia, solo lo debemos a quien es nuestro Sustituto y Garantía! Maravíllense los cielos y asómbrese la tierra, que la raza caída sea objeto de su infinito amor y gozo. El Creador se regocija por ellos con cánticos celestiales, mientras el hombre que fuera contaminado por el pecado, ha venido a ser limpio por la justicia de Cristo, para presentarse ante el Padre libre de mácula pecaminosa; sin «mancha ni arruga ni cosa semejante». Efesios 5:27. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica». Romanos 8:33 (Alza tus ojos, p. 375).
Oh, ¿cuándo nos daremos cuenta del verdadero valor de la obra e intercesión de nuestro Salvador? ¿Cuándo descansaremos con plena confianza en él, para vivir una vida noble, pura y dedicada? ¡A qué alturas puede llegar la imaginación santificada e inspirada por las virtudes de Cristo! Podemos percibir las glorias del futuro mundo eterno. Podemos vivir como viendo al Invisible. Caminemos por fe, no por vista…
Por la investigación de las Escrituras podemos llegar a comprender lo que somos para Cristo y lo que él es para nosotros. Por la contemplación de él hemos de ser cambiados a su imagen, llegando a ser colaboradores con él, representantes de él en vida y carácter. Debemos aprender a darnos cuenta de que hemos de vivir como hijos e hijas de Dios, amando a Dios por sobre todas las cosas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Hemos de amar la perfección porque Jesús es la personificación de la perfección, el gran centro de atracción. La vida que ahora vivimos debemos vivirla por fe en el Hijo de Dios (Reflejemos a Jesús, p. 310).


