EL CUERPO UNIFICADO DE CRISTO
“Él mismo dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros; a fin de perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efe. 4:11, 12).
Jueves: 10 de agosto
CRECER EN CRISTO
¿Qué peligro amenaza la madurez cristiana de la iglesia? Efesios 4:14.
Efesios 4:14
14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
Pablo percibe un entorno no muy diferente del nuestro, en el que varias ideas, como “cualquier viento de doctrina” y “los artificios del error”, se lanzan sobre los creyentes. Utiliza tres conjuntos de imágenes para describir los peligros de la teología errática: (1) la inmadurez de la niñez, “para que ya no seamos niños”; (2) peligro en alta mar, “zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza” (NVI); (3) ser estafados por personas astutas que, como los apostadores, practican la prestidigitación. Pablo utiliza la palabra griega kubeia (“jugar a los dados”) en sentido figurado, para denotar “astucia”, o “artificios” (NVI).
Pablo cree que la división es una importante señal de error: Lo que nutre y hace crecer el cuerpo y lo ayuda a mantenerse unido es bueno, mientras que lo que lo agota y lo divide es malo. Al pasar de la enseñanza divisiva a la de maestros probados y confiables (Efe. 4:11), avanzarán hacia la verdadera madurez cristiana y desempeñarán funciones eficaces en el cuerpo de Cristo (Efe. 4:12, 13; comparar con Efe. 4:15, 16).
¿De qué manera una iglesia sana funciona como un cuerpo sano? Efesios 4:15 y 16.
Efesios 4:15-16
15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
En Efesios 4:1 al 16, Pablo aboga por la unidad de la iglesia y recluta a los destinatarios a fin de fomentarla activamente. Si bien la unidad es una certeza teológica (Efe. 4:4–6), requiere un trabajo arduo de nuestra parte (Efe. 4:3). Una manera de fomentar la unidad es ser “partes” activas del cuerpo de Cristo (Efe. 4:7–16). Cada uno de nosotros forma parte del cuerpo y debe contribuir a su salud y crecimiento (Efe. 4:7, 16). Todos debemos beneficiarnos también de la obra de los apóstoles, profetas, evangelistas y pastores-maestros (Efe. 4:11). Estos, como ligamentos, tendones y “todas las coyunturas” (Efe, 4:16, RVC), tienen una función unificadora, y nos ayudan a crecer juntos en Cristo, que es la Cabeza del cuerpo (Efe. 4:13, 15).
¿Cuáles son algunos de los “vientos de doctrina” que soplan en nuestra iglesia hoy, y cómo podemos mantenernos firmes contra ellos? Lleva tu respuesta a la clase del sábado.
Comentarios Elena G.W
Después del gran chasco de 1844, Satanás y sus ángeles estuvieron muy atareados poniendo asechanzas para perturbar la fe del cuerpo de creyentes. Afectó la mente de personas que habían tenido experiencia en los mensajes, y que aparentaban humildad. Algunos señalaban como futuro el cumplimiento de los mensajes del primer ángel y del segundo, mientras que otros lo asignaban a un tiempo lejano en el pasado, y declaraban que ya habían sido cumplidos. Estos adquirieron influencia sobre la mente de los inexpertos y perturbaron su fe. Algunos escudriñaban la Biblia para fortalecer su fe en forma independiente del cuerpo de creyentes. Satanás se regocijaba de todo esto; porque sabía que a aquellos que se separasen del ancla podría afectarlos mediante diferentes errores y conseguir que diversos vientos de doctrina los llevasen de un lugar a otro… y en todo el cuerpo había división y confusión (Primeros escritos, pp. 256, 257).
Nuestro Señor quiso que su iglesia reflejase al mundo la plenitud y suficiencia que hallamos en él. Constantemente estamos recibiendo de la bondad de Dios, y al impartir de la misma hemos de representar al mundo el amor y la beneficencia de Cristo. Mientras todo el cielo está en agitación, enviando mensajeros a todas las partes de la tierra para llevar adelante la obra de redención, la iglesia del Dios viviente debe colaborar también con Cristo. Somos miembros de su cuerpo místico. Él es la cabeza, que rige todos los miembros del cuerpo. Jesús mismo, en su misericordia infinita, está obrando en los corazones humanos, efectuando transformaciones espirituales tan asombrosas que los ángeles las miran con asombro y gozo. El mismo amor abnegado que caracteriza al Maestro se ve en el carácter y la vida de sus discípulos (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 683, 684).
Muchos conocen tan poco el contenido de sus Biblias que no están firmes en la fe. Quitan los hitos antiguos, y como resultado son llevados de un lugar a otro por vientos de doctrinas y errores. La falsa ciencia está desgastando el fundamento de los principios cristianos, y los que una vez estuvieron en la fe van a la deriva alejándose de los hitos bíblicos, y se divorcian de Dios mientras siguen llamándose sus hijos.
La iglesia necesita despertar a una comprensión de los sutiles poderes de los agentes satánicos, a los cuales debe hacer frente. Si se mantienen vestidos con la armadura completa, serán capaces de vencer a todos los adversarios que los enfrenten, algunos de los cuales no se manifiestan todavía…
La apostasía aumentará. «Algunos apostarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios». Hombres y mujeres se han confederado para oponerse al Señor Dios del cielo, y la iglesia está despierta solamente a medias para hacer frente a la situación. Se necesita mucho más oración, mucho más esfuerzo ferviente entre los profesos creyentes (El evangelismo, p. 266).


