Un hombre agradecido
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DE MAYO
Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, volvió alabando a Dios a voz en cuello.
LUCAS 17:15
Jesús iba camino a Jerusalén. Mientras pasaba por un pueblito, diez hombres gritaron para llamar su atención. Estos hombres tenían lepra, una enfermedad que produce llagas en la piel. Para evitar contagiar a otros, los leprosos no podían acercarse a las demás personas. Pero los diez leprosos sabían que Jesús podía sanarlos, así que gritaron: «jJesús, Maestro, ten compasión de nosotros.».
Jesús les dijo que fueran a ver al sacerdote en el templo. Si el sacerdote veía que los hombres estaban sanos, los dejaría volver a sus hogares y vivir cerca de las personas otra vez. Mientras los leprosos se iban, ¡las llagas se les sanaron y desapareció la lepra!
Los diez hombres quedaron sanos, y se fueron felices y emocionados a ver al sacerdote. Pero uno de ellos se detuvo y volvió. Corrió hacia Jesús y gritó: «jAlabado sea Dios!». Entonces, se arrodilló a los pies de Jesús y le dio gracias.
Jesús preguntó: «¿Dónde están los otros nueve? ¿Solo uno volvió a darle gracias a Dios?». Jesús le dijo al hombre que se levantara y se fuera porque su fe lo había sanado.
El Señor también nos ama y nos ayuda a nosotros. Cada día, nos muestra su bondad. Recordemos darle gracias a Jesús por todo lo que hace por nosotros. Como el hombre que regresó después de ser sanado, podemos gritar:
«¡Alabado sea Dios!». —CB
El amor y la misericordia que el Señor les mostró a los israelitas son los mismos que tiene para ti. Como un río que fluye y fluye, el amor de Dios nunca se acaba, y sus misericordias son nuevas cada día. Su amor y su misericordia continúan para siempre y por siempre.
Cuando te despiertes por la mañana, recuerda que Dios tiene una fuente interminable de amor y misericordia para ti. ¿Por qué no le agradeces por su amor y su misericordia cada día? -TM
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Lee Mateo 8:1-4.
¿Cómo sanó Jesús a este hombre que tenía lepra?
DATO DIVERTIDO
Jesús señaló que el leproso sano que volvió a darle gracias era un samaritano. Los judíos y los samaritanos eran parientes, pero por lo general, no se hablaban.


