Martes 4 de junio – LA MUERTE EN EL NUEVO TESTAMENTO – EL ESPIRITISMO DESENMASCARADO

EL ESPIRITISMO DESENMASCARADO

“El mismo Señor descenderá del Cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes, a recibir al Señor en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 4:16, 17).

Martes: 4 de junio

LA MUERTE EN EL NUEVO TESTAMENTO

Lee Juan 11:11 al 14, 21 al 25; 2 Timoteo 1:10; 1 Corintios 15:51 al 54; y 1 Tesalonicenses 4:15 al 17. La descripción de la muerte que hacen los autores del Nuevo Testamento, ¿cómo se compara con la del Antiguo Testamento?

 

Juan 11:11-14 y 21-25

11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. 12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;

21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. 23 Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

 

2 Timoteo 1:10

10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio,

 

1 Corintios 15:51-54

51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

 

1 Tesalonicenses 4:15-17

15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento utilizan el simbolismo de la muerte como un sueño. Al menos 53 veces en la Biblia la palabra “sueño” se equipara con la muerte. Los autores bíblicos coinciden en que no hay existencia consciente en un alma inmortal que abandona el cuerpo inmediatamente después de la muerte.

El Nuevo Testamento añade una dimensión adicional, ya insinuada en el Antiguo Testamento: la gloriosa resurrección al momento de la venida de Cristo.

Los evangelios subrayan que la vida eterna solo está en Cristo. Ni todos los demonios del infierno pueden arrebatar a los creyentes la seguridad de la vida eterna. Cristo venció a la muerte en la Cruz. La tumba ya no puede retener a sus víctimas. La resurrección de Cristo es la garantía de que todos los creyentes un día resucitarán de la tumba en su venida.

Fíjate en estas palabras de Pablo: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es vana y aún están en sus pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo estarían perdidos” (1 Cor. 15:16-18). ¿Qué sentido tienen estos versículos si los muertos, al fallecer, ya están en la dicha del Cielo? ¿Qué quiere decir Pablo con que “estarían perdidos” si, de hecho, ya están en el Cielo?

Al contrario, el argumento de Pablo es que la resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra propia resurrección y que sin la resurrección “la fe de ustedes es vana y aún están en sus pecados”, y los muertos permanecen en la Tierra, perdidos.

Estos versículos encajan perfectamente con otros textos bíblicos sobre la esperanza que tenemos en la resurrección al momento de la venida de Jesús, cuando recibiremos la “herencia que nunca puede perecer, ni contaminarse, ni marchitarse, reservada en el Cielo para ustedes” (1 Ped. 1:4). Sin embargo, si los muertos ya están en el Cielo, ¿por qué habla Pedro de una herencia “reservada en el Cielo” para nosotros? Es evidente que los creyentes del Nuevo Testamento anhelaban la venida de Cristo y la resurrección de los muertos, y esta esperanza les inspiraba fidelidad en las pruebas de la vida.

¿Por qué la resurrección es una esperanza tan poderosa para la fe cristiana? ¿Qué pasaría si tuviéramos la Cruz pero no la resurrección? ¿Qué esperanza tendríamos? ¿Por qué, entonces, la resurrección es una parte tan importante de nuestra fe?

Comentarios Elena G.W

Cuando abrieron y leyeron la epístola de Pablo, las palabras referentes al verdadero estado de los muertos proporcionaron gran gozo y consuelo a la iglesia. Pablo mostró que aquellos que vivieran cuando Cristo viniese no irían antes al encuentro de su Señor que aquellos que hubieran dormido en Jesús. La voz del arcángel y la trompeta de Dios alcanzarían a los que durmieran, y los muertos en Cristo resucitarían primero, antes que el toque de la inmortalidad se concediera a los vivos. «Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras».

Difícilmente podemos apreciar la esperanza y el gozo que esta seguridad proporcionó a la joven iglesia de Tesalónica. Ellos creyeron y atesoraron la carta que les envió su padre en el evangelio, y sus corazones se llenaron de amor a él. El les había dicho estas cosas antes; pero en aquel entonces sus mentes estaban tratando de asimilar doctrinas que les parecían nuevas y extrañas; y no es sorprendente que la fuerza de algunos puntos no se había impresionado vívidamente en su espíritu. Pero tenían hambre de la verdad, y la epístola de Pablo les dio nueva esperanza y fuerza, y una fe más firme en Aquel cuya muerte había sacado a luz la vida y la inmortalidad, y les dio un afecto más profundo por él (Los hechos de los apóstoles, pp. 209, 210).

Con poder convincente el apóstol [Pablo] expuso la gran verdad de la resurrección. «Porque si no hay resurrección de muertos —arguyó—, Cristo tampoco resucitó: y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado a Cristo; al cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó: y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho» (Los hechos de los apóstoles, pp. 257, 258).

«También traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús», escribió Pablo. Muchos interpretan este pasaje como si significara que los que duermen serán traídos con Cristo desde el cielo, pero según Pablo, como Cristo se levantó de los muertos, así Dios traerá de sus tumbas a los santos que durmieron, y los llevará con él al cielo. ¡Qué precioso consuelo! ¡Qué gloriosa esperanza! no solo para la iglesia de Tesalónica, sino para todos los cristianos dondequiera que estén (Los hechos de los apóstoles, p. 210).

Elena G.W

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