Martes 14 de enero – ¿COMPLACER A DIOS? – PARA AGRADAR A DIOS

PARA AGRADAR A DIOS

“Jehová está en medio de ti; ¡él es poderoso y te salvará! Se gozará por ti con alegría, callará de amor, se regocijará por ti con cánticos” (Sof. 3: 17).

Martes: 14 de enero

¿COMPLACER A DIOS?

¿Cómo es posible que el Dios del universo se complazca en meros seres humanos, fugaces manchas de protoplasma en un minúsculo planeta en medio de lo que probablemente sea un universo infinito? ¿Cómo es posible que los seres humanos importen tanto al Ser supremo, que es todopoderoso y no necesita nada? Estas preguntas pueden dividirse en dos aspectos. En primer lugar, ¿cómo puede Dios mismo deleitarse? En segundo lugar, ¿cómo podemos los seres humanos deleitarlo, sobre todo en vista de nuestra pecaminosidad? El primer aspecto de estas preguntas es el tema de nuestro estudio de hoy; el segundo aspecto nos ocupará mañana.

Lee Isaías 43: 4; Salmo 149: 4; y Proverbios 15: 8 y 9. ¿Qué nos dicen estos textos acerca del deleite de Dios a causa de nosotros individualmente y de su pueblo?

 

Isaías 43: 4

Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.

 

Salmo 149: 4

Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; Hermoseará a los humildes con la salvación.

 

Proverbios 15: 8-9

El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; Mas la oración de los rectos es su gozo. 9 Abominación es a Jehová el camino del impío; Mas él ama al que sigue justicia.

Como vimos parcialmente ayer, Dios puede complacerse en los seres humanos porque ama a las personas de una manera que tiene en cuenta los mejores intereses para ellas, así como lo haría cualquiera que amara y se preocupara por los demás.

Por el contrario, Dios se disgusta con su pueblo cuando este hace lo malo. De hecho, Proverbios 15: 8 y 9 enseña que, mientras que el “sacrificio” y el “camino” de los malvados son “abominable[s] para Jehová”, la “oración de los rectos es su gozo” y “él ama al que sigue la justicia”. Este pasaje no solo muestra que a Dios le disgusta el mal, sino también que se deleita en la bondad. Además, pone el deleite divino y el amor en una relación directa, mostrando la profunda conexión existente entre el amor de Dios y su deleite, que aparece en toda la Escritura.

Según Salmo 146: 8: “Jehová ama a los justos”. Otro texto, 2 Corintios 9: 7, añade: “Dios ama al dador alegre”. Observa, en primer lugar, lo que estos versículos no dicen. No dicen que Dios ama solo a los justos o que Dios ama solo al dador alegre. Dios ama a todos. Sin embargo, para que estos textos transmitan algo, deben significar que Dios ama a “los justos” “al dador alegre” en algún sentido especial. Lo que hemos visto en Proverbios 15: 8 y 9 contiene la clave acerca de esto: Dios los ama en el sentido de estar complacido con ellos.

Piensa en cuán estrechamente ligados están el Cielo y la Tierra para que Dios, el Creador del universo, esté tan íntimamente comprometido, incluso emocionalmente, con nosotros. ¿Qué esperanza debería darte esta asombrosa idea, especialmente si estás atravesando por un mal momento?

Comentarios Elena G.W

No solamente debemos orar en el nombre de Cristo, sino por la inspiración del Espíritu Santo. Esto explica lo que significa el pasaje que dice que “el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles». Romanos 8:26. Dios se deleita en contestar tal oración. Cuando con fervor e intensidad expresamos una oración en el nombre de Cristo, hay en esa misma intensidad una prenda de Dios que nos asegura que él está por contestar nuestra oración “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos». Efesios 3:20.

Cristo dijo: “Todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá». Marcos 11:24. “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo». Marcos 11:24. Y el amado Juan, por la inspiración del Espíritu Santo, dice con gran claridad y certeza: “Si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquier cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado». 1 Juan 5:14, 15. Presentad, pues, vuestra petición ante el Padre en el nombre de Jesús. Dios honrará tal nombre (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 113, 114).

Lo que necesitamos en este tiempo de peligro son oraciones fervorosas mezcladas con una fe intensa, y confianza en Dios cuando Satanás arroja sus sombras sobre el pueblo de Dios. Todos deben recordar que Dios se complace en escuchar las súplicas de su pueblo, porque la iniquidad prevaleciente exige oraciones más fervorosas, y Dios ha prometido que vengará a sus elegidos que claman a él día y noche, aun cuando él sea paciente con los impíos…

Estoy muy agradecida porque en esta oportunidad podemos apartar nuestras mentes de las dificultades que nos rodean y de la opresión que sobrecogerá al pueblo de Dios, para contemplar la luz y el poder celestiales. Si nos colocamos del lado de Dios, de Cristo y de las inteligencias celestiales, quedaremos cubiertos por el amplio escudo de la omnipotencia; el poderoso Dios de Israel es nuestro ayudador; por lo tanto no necesitamos temer. Los que tocan al pueblo de Dios, tocan la pupila de su ojo (Mensajes selectos, t.2, pp. 427, 429).

Jesús es la gran luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo. Todo el cielo está interesado en el conflicto que se desarrolla en este mundo entre la verdad y el error, la luz y las tinieblas. La gran Fuente de toda luz brilla constantemente, y aquellos que capten sus rayos y los reflejen en otros serán portadores de luz en este mundo oscurecido. No agradamos a Dios cuando permitimos que nuestras mentes se detengan en nuestras imperfecciones, lamentándonos constantemente por nuestra condición, con nuestros ojos dirigidos continuamente hacia nuestros errores y equivocaciones. Venid a Jesús; Él es la luz del mundo. Agarraos a su fuerza por la fe y haceos la paz con él. ¿Hablaréis de vuestra debilidad? -No; no: porque eso agrada al enemigo. Meditad sobre la gran ayuda que se os ha prestado en Jesús, vuestro Redentor (Australasian Union Conference Record, 6 de mayo, 1907).

Elena G.W

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