«El Señor dijo: «No voy a dejar que el hombre viva para siempre, porque él no es más que carne. Así que vivirá solamente ciento veinte años»» Génesis 6:3.
Después del diluvio, Dios determinó que el hombre no viviera cientos de años, sino solo un ciento y unas dos décadas más. Ciento veinte fue el número, un poco más un poco menos. La realidad actual es que la edad promedio de mortalidad en el mundo va de los cincuenta y cinco a los setenta años, es decir, que la mayoría de las personas mueren en ese rango de edad. Sin embargo, hay un grupo de personas que son muy longevas.
Científicos han realizado investigaciones para descubrir el secreto de los hunza, designados como la población más longeva del mundo por llegar a vivir hasta los ciento veinte años. Los hunza viven en el valle del río Hunza, rodeados de las montañas del Himalaya, en Pakistán. Son personas muy alegres y amistosas, y hacen ejercicio dando largas caminatas cuando se dirigen hacia sus campos de cultivo, a los que no les añaden ningún tipo de químico. El ayuno forma parte de su estilo de vida, y su alimentación está basada en frutas, verduras crudas y granos enteros. También cabe destacar que no consumen azúcar ni pan blanco. El agua que beben proviene de las montañas y tiene un pH alcalino. Se bañan con agua fría a pesar de que, algunos días, la temperatura es de -15 0 C. Solo el 2% de su población fuma, y lo hacen en pipa. No es de extrañar que entre ellos no se registren datos de mortalidad por cáncer, úlceras gástricas ni obesidad. Las mujeres de sesenta años se quedan embarazadas sin problema. Cuando se les pregunta qué mensaje tienen para el mundo, ellos responden: «Dieta vegetariana, trabajar y moverse constantemente».
Basándonos en estos datos tan impresionantes, llegamos a la conclusión de que tener una vida larga y saludable no es cuestión de secretos, sino de fuerza de voluntad para adquirir buenos hábitos. La Iglesia Adventista tiene mucha luz al respecto. Cuidar nuestro cuerpo no es una opción, es un mandato, pues nuestro cuerpo no es nuestro, sino de Dios; nuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo (ver 1 Corintios 6: 19).
Con frecuencia escucho la frase: «De algo hay que morir». Y es cierto, los hunza también mueren, pero por causas naturales y no por enfermedades provocadas por malos hábitos y un estilo de vida insano. Pidamos hoy al Señor que ponga en nosotras el deseo de cuidar nuestro cuerpo y los cuerpos de la familia que él nos ha dado. Es sobre nosotras, las mujeres, que recae en su mayor parte la responsabilidad de servir en la mesa alimentos que prevengan una muerte prematura.
Posdata: Feliz por el mensaje de salud.


