EL PROBLEMA DEL MAL
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron” (Apoc. 21: 4).
Martes: 11 de febrero
EL TEÍSTA ESCÉPTICO
Dios proclama, en Isaías 55: 8 y 9: “El Señor ha dicho: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes”“ (RVC).
Los pensamientos de Dios son mucho más elevados que los nuestros. Ni siquiera podemos imaginar la complejidad del plan divino para la historia. En vista de ello, ¿por qué habríamos de pensar que podemos entender las razones de Dios para lo que decide hacer o no en diversas situaciones?
Una forma de enfocar el problema del mal basada en reconocer lo poco que sabemos se llama “teísmo escéptico”. El teísta escéptico cree que Dios tiene buenas razones para actuar como lo hace, pero que nuestro limitado conocimiento nos impide conocer o comprender plenamente el accionar de Dios en relación con el mal en el mundo. Por ejemplo, el hecho de que no podamos ver gérmenes en el aire a nuestro alrededor no significa que no estén allí. De la misma manera, que no conozcamos las razones de Dios para actuar o no de determinada manera no significa que él no tenga buenas razones para ello.
Lee Salmo 73. ¿Cómo enfoca el salmista el mal y la injusticia que lo rodean? ¿Qué le hace ver las cosas desde otra perspectiva?
Salmo 73
1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. 2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. 3 Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos. 4 Porque no tienen congojas por su muerte, Pues su vigor está entero. 5 No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. 6 Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. 7 Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón. 8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería. 9 Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra. 10 Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí, Y aguas en abundancia serán extraídas para ellos. 11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo? 12 He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. 13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia; 14 Pues he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas. 15 Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría. 16 Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí, 17 Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. 18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. 19 ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. 20 Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia. 21 Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. 22 Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. 23 Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. 24 Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. 25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26 Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. 27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. 28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.
El salmista estaba profundamente preocupado por la maldad existente en el mundo. Miraba a su alrededor y veía prosperar a los malvados. Todo le parecía injusto. No tenía respuestas para ello. Se preguntaba si valía la pena creer y servir a Dios. Hasta que entró en el Santuario, que proporciona parte de la clave para el problema del mal, ya que allí hay un Juez justo que ejecutará juicio y hará justicia a su debido tiempo.
¿Cómo puede la comprensión adventista del Juicio y la doctrina del Santuario arrojar luz sobre el problema del mal? ¿Te ayuda saber que, aunque ahora tenemos muchas preguntas, los detalles de la historia y los justos juicios de Dios nos serán revelados finalmente?
Comentarios Elena G.W
Nosotros no comprendemos la grandeza y la majestad de Dios ni recordamos la inconmensurable distancia que existe entre el Creador y las criaturas que formó con su mano. Aquel que está entronizado en los cielos, blandiendo el cetro del universo en su mano, no juzga conforme a nuestra norma finita, ni calcula conforme a nuestros cómputos. Nos equivocamos si pensamos que lo que es grande para nosotros debe ser grande para Dios, y que lo que es pequeño para nosotros debe ser pequeño para él. No sería más exaltado que nosotros si solo poseyera las mismas facultades…
Dios habla por medio de su profeta: «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá compasión de él, y a nuestro Dios, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Porque así como los cielos son más altos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos». Isaías 55:7-9. Necesitamos claro discernimiento para que midamos el pecado conforme a las nomas de Dios y no las nuestras. Adoptemos como nuestra regla la Palabra divina, no nuestras opiniones humanas (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 316).
El ánimo del salmista David pasó por muchos cambios. A veces, cuando se percataba de la voluntad y de los caminos de Dios, sentía gran euforia; después, cuando captaba una imagen del reverso de la misericordia y del inmutable amor de Dios, lodo le parecía que estaba envuelto en una nube de oscuridad… Pero cuando meditaba en las dificultades y en los peligros de la vida, le parecían tan difíciles de sobrellevar, que se sentía abandonado de Dios debido a sus pecados. Veía su pecado en una manera tan clara, que exclamó: «¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio?»
Pero mientras lloraba y oraba, obtuvo una visión más clara del carácter y de los atributos de Dios (Cristo triunfante, p. 155).
Cuando David consideró las señales y promesas divinas para [el pueblo de Israel] —sabiendo que eran para todos los que las necesitaban tanto como para Israel— las apropió para sí, diciendo: «Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos».
Su fe se aferró de Dios, y se animó y fortaleció. Aunque reconocía como misteriosos los caminos de Dios, sabía que eran misericordiosos y buenos, pues este fue el carácter divino tal como se reveló a Moisés…
Cuando David hizo suyas esas promesas y esos privilegios, decidió dejar de ser apresurado en sus juicios, y no desanimarse ni abatirse en inútil desesperación. Su alma se reanimó cuando contemplo el carácter de Dios tal como se manifiesta en sus enseñanzas, su paciencia, excelsa grandeza y misericordia, y vio que a las obras y maravillas de Dios no se debe dar una aplicación restringida (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1167).


