LIBRE ALBEDRÍO, AMOR Y PROVIDENCIA DIVINA
“Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16: 33, RVC).
Martes: 18 de febrero
AMAR A DIOS
El hecho de que Dios es todopoderoso no significa que pueda hacer lo lógicamente imposible. En consecuencia, Dios no puede obligar a alguien a amarlo libremente. Si hacer algo libremente significa realizarlo sin estar determinado u obligado a hacerlo, entonces, por definición, es imposible forzar a alguien a hacer algo de manera libre o voluntaria. En resumen, Dios no puede forzar a nadie a sentir amor por él, pues lo que obtendría, en caso de hacerlo, ya no sería amor.
Lee Mateo 22: 37; y Deuteronomio 6: 4 y 5. ¿Qué enseñan estos versículos sobre la realidad del libre albedrío?
Mateo 22: 37
37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Deuteronomio 6: 4-5
4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
El mandamiento más importante, amar a Dios, demuestra que él desea que todos lo amen. Sin embargo, no todos aman a Dios. ¿Por qué, entonces, Dios simplemente no hace que todos lo amen? De nuevo, porque el amor, para ser amor, debe brotar libremente del corazón.
Lee Hebreos 6: 17 y 18; y Tito 1: 2. ¿Qué enseñan estos textos acerca de Dios?
Hebreos 6: 17-18
17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
Tito 1: 2
2 en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,
Según Números 23: 19, “Dios no es hombre, para que mienta”. Él nunca miente (Tito 1: 2) y siempre cumple lo que promete (Heb. 6: 17, 18). En consecuencia, si Dios ha prometido algo o se ha comprometido a ello, su accionar futuro está moralmente limitado en virtud de esa promesa.
Esto significa que, en la medida en que Dios, en la mayoría de los casos, concede a las criaturas la libertad de elegir algo distinto de lo que él prefiere, no depende de él lo que elijan los seres humanos. Si Dios se ha comprometido a conceder a las criaturas el libre albedrío, los seres humanos poseen la capacidad de ejercer su libertad de forma contraria a los deseos ideales de Dios. Trágicamente, muchas personas ejercen su libertad de este modo y, en consecuencia, ocurren muchas cosas que Dios desearía que no sucedieran, pero que no dependen, en sentido estricto, de Dios.
¿Hiciste alguna vez algo a sabiendas de que Dios no quería que lo hicieras? ¿Qué enseña eso acerca de cuán real es el libre albedrío y de sus posibles consecuencias negativas en caso de mal uso?
Comentarios Elena G.W
El Señor no obligará a los hombres a obrar con justicia, a amar la misericordia y andar humildemente delante de Dios; pone el bien y el mal ante los instrumentos humanos, y establece claramente cuál será el resultado de seguir el uno o el otro. Cristo nos invita diciendo: «Sígueme». Pero nunca se nos fuerza a seguir en pos de sus pisadas. Si no andamos en sus pisadas, es porque esto constituye el resultado de una elección deliberada. A medida que contemplamos la vida y el carácter de Cristo, surgen en nosotros fuertes deseos de ser como él en nuestro carácter; y proseguimos en conocer al Señor, y en saber que como el alba está dispuesta su salida. Entonces comenzamos a comprender que «la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto». Proverbios 4:18 (Consejos sobre la mayordomía, pp. 143, 144).
Dios proporciona suficiente luz y evidencias para capacitar al hombre a fin de distinguir entre la verdad y el error; pero no lo fuerza para que reciba la verdad; lo deja en libertad de elegir el bien o el mal. Si el hombre recibe la evidencia que es suficiente para guiar su juicio en la dirección correcta, y elige el mal una vez, lo hará más fácilmente la segunda vez. La tercera vez se apartará de Dios aún con mayor avidez, y eligirá estar del lado de Satanás. Y continuará en este proceder hasta que sea confirmado en el mal y crea que es verdad la mentira que ha fomentado. Su resistencia ha producido su cosecha…
La elección que hagamos en esta vida será nuestra elección para toda la eternidad. Recibiremos o vida eterna, o muerte eterna. No hay un lugar intermedio, no hay un segundo tiempo de gracia. Se nos exhorta a vencer en esta vida como Cristo venció. El cielo nos ha proporcionado abundantes oportunidades y privilegios, de modo que podamos vencer como Cristo venció y nos sentemos con él en su trono (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1112).
Ha empeñado su palabra. Las montañas podrían desaparecer y los collados podrían temblar, pero su amor no se apartará de su pueblo, ni se quebrantará el pacto de su paz. Se oye su voz que dice: «Con amor eterno te he amado». Jeremías 31:3. «Con misericordia eterna tendré compasión de ti». Isaías 54:8. Cuán asombroso es este amor, que Dios condescienda a quitar toda causa de duda e incertidumbre del temor y la flaqueza humanos, y tome la mano temblorosa que se levanta hacia él con fe; y nos ayude a confiar mediante renovados motivos de seguridad… y ha confirmado su promesa: «Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento» ¿Qué más podría hacer nuestro Señor para fortalecer nuestra fe en sus promesas?? (That I may Know Him, p. 262; parcialmente en A fin de conocerle, p. 261).


