ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA
“ ‘Sino alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor, que actúo con bondad, justicia y rectitud; porque eso me complace’, dice el Señor” (Jer. 9:24).
Lunes: 31 de marzo
DIOS ES COMPRENSIBLE
Nada es tan frustrante como tener que comunicarse urgentemente en el extranjero, quizás en un centro asistencial o en una farmacia, sin dominar el idioma local. Sabes qué tienes que decir, pero careces del vocabulario adecuado para decirlo.
El problema de Dios para comunicarse con nosotros es otro. “Como es más alto el cielo que la tierra, así son mis caminos más altos que sus caminos, y mis pensamientos más que sus pensamientos” (Isa. 55:9). El problema no es que Dios carezca del vocabulario necesario para comunicarse con nosotros, sino que nosotros carecemos del vocabulario y la capacidad intelectual necesarios para comprenderlo plenamente.
¿Qué sugieren los siguientes pasajes acerca del entendimiento o inteligencia de Dios en comparación con los nuestros?
Salmos 139:1–6
1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. 2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. 3 Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. 4 Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. 5 Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. 6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender.
Salmos 147:5
5 Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito.
Romanos 11:33
33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
1 Juan 3:20
20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.
Nunca entenderemos plenamente la mente de Dios, pues él es infinito y omnisciente. En verdad, ni siquiera podemos entender todo acerca de la Creación. ¿Cómo podríamos entonces entender completamente al Creador?
Aunque nunca entenderemos todo, podemos comprender lo necesario para nuestra salvación (ver 2 Tim. 3:14, 15). Cuando los apóstoles explicaban el evangelio a sus audiencias, se referían con frecuencia a la profecía cumplida, de lo que podemos deducir que uno de los propósitos clave de la profecía es ilustrar el Plan de Salvación. De hecho, y en última instancia, la profecía bíblica debe conducirnos, de un modo u otro, a Jesús y a la promesa de salvación que él ofrece a toda la humanidad.
El Señor, por quien fueron creadas todas las cosas (ver Col. 1:16; Juan 1:1-3), descendió a esta Tierra y se ofreció como sacrificio en la Cruz por los pecados de todos los seres humanos. Dios nos ama a todos por igual y desea que conozcamos lo que nos ofrece en Jesús. La profecía puede hacer precisamente eso: dar a conocer su amoroso Plan de Salvación en favor de la humanidad.
Aunque hay mucho que no sabemos, ¿por qué es crucial enfocarnos en lo que sí conocemos y actuar en consecuencia en lugar de obsesionarnos por entender lo que no comprendemos?
Comentarios Elena G.W
Para los valdenses, las Sagradas Escrituras no contenían tan solo los anales del trato que Dios tuvo con los hombres en lo pasado y una revelación de las responsabilidades y deberes de lo presente, sino una manifestación de los peligros y glorias de lo porvenir. Creían que no distaba mucho el fin de todas las cosas, y al estudiar la Biblia con oración y lágrimas, tanto más los impresionaban sus preciosas enseñanzas y la obligación que tenían de dar a conocer a otros sus verdades. Veían claramente revelado en las páginas sagradas el plan de la salvación, y hallaban consuelo, esperanza y paz, creyendo en Jesús. A medida que la luz iluminaba su entendimiento y alegraba sus corazones, deseaban con ansia ver derramarse sus rayos sobre aquellos que se hallaban en la oscuridad del error papal (El conflicto de los siglos, p. 69).
Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aun queda su infinidad. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente.
Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento (Testimonios para la Iglesia, t. 5, pp. 691, 692).
Durante estos días que Cristo pasó con sus discípulos, obtuvieron ellos una nueva experiencia. Mientras oían a su amado Señor explicando las Escrituras a la luz de todo lo que había sucedido, su fe en él se estableció plenamente. Llegaron al punto de poder decir: «Yo sé a quién he creído». 2 Timoteo 1:12. Comenzaron a comprender la naturaleza y extensión de su obra, a ver que habían de proclamar al mundo las verdades que se les habían encomendado. Los sucesos de la vida de Cristo, su muerte y resurrección, las profecías que señalaban estos sucesos, los misterios del plan de la salvación, el poder de Jesús para perdonar los pecados —de todas estas cosas habían sido testigos, y debían hacerlas conocer al mundo. Debían proclamar el evangelio de paz y salvación mediante el arrepentimiento y el poder del Salvador (Los hechos de los apóstoles, p. 22).


