Miércoles 30 de abril – ENTRE LA TIERRA Y EL MAR – LAS NACIONES – SEGUNDA PARTE

LAS NACIONES – SEGUNDA PARTE

“Estén quietos, y conozcan que Yo Soy Dios. Exaltado seré entre las naciones, enaltecido seré en la tierra” (Sal. 46:10).

Miércoles: 30 de abril

ENTRE LA TIERRA Y EL MAR

Las imágenes de la tierra y el mar que aparecen en la Biblia, especialmente en las profecías, pueden ser muy instructivas. Consideremos, por ejemplo, el uso simbólico de la tierra y el mar cuando aparecen juntos en la profecía bíblica.

“Simbólicamente, cuando se yuxtaponen la tierra y el mar, la tierra suele representar el mundo ordenado, o incluso la tierra de Israel, mientras que el mar se refiere a las naciones gentiles que la amenazan, igual que el mar amenaza la tierra” (Beatrice S. Neall, “Los santos sellados y la tribulación”, en Simposio sobre Apocalipsis, ed. por Frank B. Holbrook [APIA, 2010], t. 1, p. 308).

Según esta línea de pensamiento, la tierra es un lugar de estabilidad basado en el gobierno de Dios, mientras que el mar representa la agitación y la inestabilidad de las naciones establecidas sobre el fundamento del orgullo humano.

Lee Apocalipsis 12:15 y 16, y Apocalipsis 13:1 y 11, sobre la base de la idea anterior. Observa la vinculación existente entre el agua y la tierra. ¿Cómo se utilizan ambos símbolos y qué pueden enseñarnos acerca de cómo entender la profecía?

 

Apocalipsis 12:15-16

15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca.

 

Apocalipsis 13:1 y 11

1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo.

11 Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón.

Observa que el dragón utiliza el agua para perseguir a la mujer (la iglesia). Como hemos visto, el agua suele simbolizar en la profecía a los gobiernos mundanos, así como también la agitación y el caos que a menudo los acompañan. Esto significa que Satanás usó a las masas empujadas por sus líderes para perseguir al pueblo de Dios a lo largo de gran parte de la historia de la iglesia.

Además, los adventistas del séptimo día hemos entendido que Apocalipsis 12:16 se refiere a la migración de los creyentes perseguidos en Europa al Nuevo Mundo. Si nuestra interpretación de la tierra y el mar es correcta, ¿qué dice esto acerca de la fundación de los Estados Unidos de Norteamérica?

¿Podríamos considerar a “la tierra” de manera semejante a la “Tierra Prometida” de la época del Antiguo Testamento; es decir, como un lugar reservado para el pueblo de Dios? ¿Podría ser esta la razón por la que la bestia terrestre parece primero un cordero? Aunque Estados Unidos nunca ha sido “el nuevo Israel”, como algunos de sus fundadores lo veían, durante mucho tiempo ha sido una tierra de libertad religiosa para millones de creyentes oprimidos provenientes de otras partes del mundo. Por desgracia, esta bestia semejante a un cordero hablará un día “como un dragón” (Apoc. 13:11). Estados Unidos, durante tanto tiempo un faro de libertad religiosa para los perseguidos, ¡se convertirá en el perseguidor religioso dominante! Este es otro ejemplo de lo que sucede cuando la humanidad elige gobernarse a sí misma en lugar de ser gobernada por Dios.

Comentarios Elena G.W

Pero la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero «subía de la tierra». En lugar de derribar a otras potencias para establecerse, la nación así representada debe subir en territorio hasta entonces desocupado, y crecer gradual y pacíficamente. No podía, pues, subir entre las naciones populosas y belicosas del viejo mundo, ese mar turbulento de «pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas». Hay que buscarla en el continente occidental.

¿Cuál era en 1798 la nación del nuevo mundo cuyo poder estuviera entonces desarrollándose, de modo que se anunciara como nación fuerte y grande, capaz de llamar la atención del mundo? La aplicación del símbolo no admite duda alguna. Una nación, y solo una, responde a los datos y rasgos característicos de esta profecía; no hay duda de que se trata aquí de los Estados Unidos de Norteamérica. Una y otra vez el pensamiento y los términos del autor sagrado han sido empleados inconscientemente por los oradores e historiadores al describir el nacimiento y crecimiento de esta nación. El profeta vio que la bestia «subía de la tierra»; y, según los traductores, la palabra dada aquí por «subía» significa literalmente «crecía o brotaba como una planta». Y, como ya lo vimos, la nación debe nacer en territorio hasta entonces desocupado (El conflicto de los siglos, p. 435).

Los cuernos como de cordero y la voz de dragón del símbolo indican una extraña contradicción entre lo que profesa ser y lo que práctica la nación así representada. El «hablar» de la nación son los actos de sus autoridades legislativas y judiciales. Por esos actos la nación desmentirá los principios liberales y pacíficos que expresó como fundamento de su política. La predicción de que hablará «como dragón» y ejercerá «toda la autoridad de la primera bestia», anuncia claramente el desarrollo del espíritu de intolerancia y persecución de que tantas pruebas dieran las naciones representadas por el dragón y la bestia semejante al leopardo. Y la declaración de que la bestia con dos cuernos «hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera», indica que la autoridad de esta nación será empleada para imponer alguna observancia en homenaje al papado.

Semejante actitud sería abiertamente contraria a los principios de este gobierno, al genio de sus instituciones libres, a los claros y solemnes reconocimientos contenidos en la declaración de la independencia, y contrarios finalmente a la constitución. Los fundadores de la nación procuraron con acierto que la iglesia no pudiera hacer uso del poder civil, con los consabidos e inevitables resultados: la intolerancia y la persecución. La constitución garantiza que «el congreso no legislará con respecto al establecimiento de una religión ni prohibirá el libre ejercicio de ella», y que «ninguna manifestación religiosa será jamás requerida como condición de aptitud para ninguna función o cargo público en los Estados Unidos». Solo en flagrante violación de estas garantías de la libertad de la nación, es como se puede imponer por la autoridad civil la observancia de cualquier deber religioso. Pero la inconsecuencia de tal procedimiento no es mayor que lo representado por el símbolo. Es la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero —que profesa ser pura, mansa, inofensiva y que habla como un dragón (El conflicto de los siglos, p. 437).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas