Escuchando a escondidas en el lago
“Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen” Juan 10:27.
Sue paseaba en canoa con unos amigos un sábado por la tarde, por el lago Neenah, en Wisconsin, Estados Unidos. Los únicos sonidos que oían eran el croar de las ranas, el zumbido de las libélulas y los saltos que daban las tortugas al entrar en el agua. De vez en cuando, un par de grullas sobrevolaban haciendo sus graciosos sonidos. Pero aparte de eso y del ruido de los remos, todo estaba en silencio.
Cuando el grupo dobló en una curva, una hermosa pareja de ciervos saltó a través del agua poco profunda y desapareció entre la hierba alta y espesa. Sus cervatillos seguían de pie en el barro al otro lado, y empezaron a llorar y a temblar. Los chicos de la canoa se quedaron inmóviles, dejando que la corriente los llevara junto a los cervatillos. Del interior de la hierba alta del otro lado llegaron unos fuertes bufidos. Sue no hablaba el idioma de los ciervos, así que no estaba segura de lo que decían, pero en cuanto empezaron los resoplidos, cesó el llanto de los cervatillos.
Una vez que la canoa se alejó, la cierva volvió a salir de la hierba, cruzó hacia sus cervatillos y los condujo hacia donde esperaba el macho. Tal vez les había dicho: “No tengan miedo, estamos aquí”. O tal vez había dicho: “¡Cállense y quédense quietos!”. Fuera lo que fuese, los cervatillos sabían que el que hablaba (o resoplaba) sabía lo que era mejor.
Además de escuchar a nuestros padres, tenemos que escuchar lo que nos dice Jesús. Necesitamos conocerlo bien para poder reconocer su voz, porque él utiliza muchas maneras de hablarnos. A veces, es a través de personas, otras veces a través de libros o historias; y, a veces, utiliza el arte o la música. Si quieres escuchar lo que Jesús quiere decirte, dedica un tiempo como este a conocerlo mejor cada día.
Joelle
Vicki Redden
Trabaja para la revista Insight y disfruta con los niños
de todas las edades. Vive en Maryland con su esposo Ron y sus dos perros, y ha explorado la creación de Dios desde Australia hasta el jardín de su casa.
Dee Litten Reed
Creció en una granja de Virginia, Estados Unidos,
rodeada de animales de granja, así como de algunas criaturas silvestres que rescató. Le encanta visitar zoológicos y acuarios con su nieto Tommy. También disfruta observando a las ballenas que navegan frente a la costa de Ventura, en California.
Joelle Reed Yamada
Dejó de dar clases en la escuela durante un año para irse de mochilera a recorrer el mundo. Ella y su esposo Brent viven en una granja en Inglaterra. Es profesora de Psicología y está descubriendo lo que es ser granjera. Siempre cuida de su perrita Nala e intenta que no se meta en problemas.


