SOBRE QUIENES HA LLEGADO EL FIN
“Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo. Así, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10: 11, 12).
Domingo: 1 de junio
LA IRA DEL CORDERO
Lee Apocalipsis 6:12 al 17. Considera los detalles de la respuesta de estas personas ante el desarrollo repentino de los acontecimientos finales. ¿Qué notas en su respuesta?
Apocalipsis 6:12-17
12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. 14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. 15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Es interesante notar que los perdidos no exclaman: “¿Qué es esto?” o “¿quién está detrás de esto?” Parecen entender lo que ocurre. Se refieren a Jesús como “el Cordero”, lo que requiere conocer algo acerca de la historia de Cristo como Redentor. También parecen conscientes de que “ha llegado el gran día de su ira” y que se encuentran en una situación desesperada: “¿Quién podrá quedar en pie?”
Antes del fin, el evangelio es llevado a todas las naciones (Mat. 24:14) y los mensajes de los tres ángeles son comunicados a todo el planeta. Sin embargo, habrá personas que serán sorprendidas, no por falta de información, sino por su negativa a creer y obedecer. Esta será la razón por la que se perderán.
Lee Mateo 24:36 al 44. ¿Qué lecciones deberíamos extraer de la historia de Noé, según Jesús?
Mateo 24:36-44
36 Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre. 37 Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. 40 Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. 41 Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. 42 Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. 43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44 Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
Jesús señala la historia del Diluvio para advertirnos que su segunda venida será una sorpresa para muchos. Al igual que la Segunda Venida, el Diluvio no sorprendió al mundo por falta de información. Noé predicó durante 120 años a un mundo que se negaba a creer. Se les dijo lo que iba a suceder. Simplemente, no quisieron creer.
A su vez, muchas personas aseguran que el largo tiempo transcurrido implica que las profecías no son dignas de crédito. Pedro cita en tal sentido la historia del Diluvio cuando dice que, “ante todo, sepan que en los últimos días vendrán burladores, quienes, sarcásticos, andarán según sus bajos deseos y dirán: ‘¿Dónde está la promesa de su venida? Desde que los padres durmieron, todas las cosas permanecen como desde el principio de la creación’ ” (2 Ped. 3:3, 4). Este sentimiento irá en aumento a medida que pase el tiempo.
En el caso de quienes mueran antes del regreso de Cristo, la Segunda Venida (o la tercera, si mueren sin aceptar a Jesús como su Salvador) ocurrirá apenas un instante después de haber cerrado sus ojos. Por otra parte, la vida transcurre muy velozmente. ¿Cómo pueden ayudarnos esas realidades a afrontar la “demora”?
Comentarios Elena G.W
Clamarán a las rocas y a las montañas que caigan sobre ellos y los oculte, del rostro de Aquel que está sentado en el trono de la ira del Cordero. «La ira del Cordero», de Aquel que siempre se mostró lleno de ternura, paciencia y magnanimidad, quien, habiéndose entregado como la víctima propiciatoria, fue llevado como oveja al matadero para salvar a los pecadores de la condenación que ahora cae sobre ellos porque no permitieron que él quitara su culpabilidad.
El juicio se llevará a cabo de acuerdo con las reglas que Dios ha establecido. Todos serán juzgados por la ley que ahora los hombres están llamados a obedecer, pero que muchos se niegan a aceptar. Puesto que por ella se prueba el carácter, cada hombre encontrará su lugar apropiado en una de dos clases. Será santo para el Señor por la obediencia a su ley, o estará manchado de pecado por la transgresión. O habrá hecho el bien, colaborando por la fe con Jesús en la restauración de la imagen moral de Dios en el hombre, o habrá hecho el mal, negando al Salvador con una vida impía. Cristo los separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces los hombres y las mujeres verán que su curso de acción ha decidido su destino. Serán recompensados o castigados según hayan obedecido o transgredido la ley de Dios (The Review and Herald, 18 de junio, 1901, »A Message for Today», párr. 13, 14).
Los pecados que acarrearon la venganza sobre el mundo antediluviano, existen hoy. El temor de Dios ha desaparecido de los corazones de los hombres, y su ley se trata con indiferencia y desdén. La intensa mundanalidad de aquella generación es igualada por la de la presente. Cristo dijo: «Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre». Mateo 24:38, 39.
Dios no condenó a los antediluvianos porque comían y bebían; les había dado los frutos de la tierra en gran abundancia para satisfacer sus necesidades materiales. Su pecado consistió en que tomaron estas dádivas sin ninguna gratitud hacia el Dador, y se rebajaron entregándose desenfrenadamente a la glotonería (Historia de los patriarcas y profetas, p. 90).


