Lunes 30 de junio – EL TRASFONDO HISTÓRICO – OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS

OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS

“Los israelitas, gimiendo a causa de la servidumbre, clamaron, y su clamor subió hasta Dios con motivo de su servidumbre. Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su condición” (Éxo. 2:23-25).

Lunes: 30 de junio

EL TRASFONDO HISTÓRICO

Cuando la familia de Jacob llegó a Egipto después de pasar hambre en Canaán (Gén. 46), el rey egipcio se mostró amigable con los hebreos a causa de José y de todo lo que este había hecho por los egipcios.

“Y agregó Faraón a José: ‘Ahora te he puesto sobre toda la tierra de Egipto’. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano y lo puso en la mano de José. Lo hizo vestir de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron ante él: ‘¡Doblen la rodilla!’ Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto” (Gén. 41:41-43).

¿Cuál fue la clave del asombroso éxito de José en Egipto tras un comienzo tan difícil? (Lee Gén. 37:26-28; 39:2, 21).

 

Génesis 37:26-28

26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. 28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.

 

Génesis 39:2, 21

Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.

21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel.

El trasfondo histórico más plausible acerca de la historia de José es el siguiente: el nuevo gobernante “que no conocía a José” (Éxo. 1:8) fue Amosis I (1570 a. C.-1546 a. C.). Luego vino Amenhotep I (1553 a. C.-1526 a. C.), el gobernante que temía a los israelitas y los oprimía. Más tarde, Tutmosis I (1525 a. C.-1512 a. C.) decretó la muerte de todos los hijos varones hebreos recién nacidos. Su hija Hatshepsut (1503 a. C.-1482 a. C.) fue la princesa que adoptó a Moisés como hijo. El faraón Tutmosis III (1504 a. C.-1450 a. C.), corregente de Hatshepsut durante algún tiempo, fue el faraón del éxodo.

El éxodo ocurrió, según los mejores cálculos, en marzo del año 1450 a. C. (ver William H. Shea, “Exodus, date of the”, en The International Standard Bible Encyclopedia, editada por Geoffrey W. Bromiley y otros [Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982], t. 2, pp. 230-238). Para comprender la época del éxodo, estudia los siguientes textos bíblicos: Génesis 15:13-16; Éxodo 12:40, 41; Jueces 11:26; 1 Reyes 6:1 (ver también Hech. 7:6; Gál. 3:16, 17).

El primer capítulo del libro de Éxodo abarca un largo período: desde la época de José, cuando su padre Jacob con toda la familia entró en Egipto, hasta el decreto de muerte del faraón. Aunque existe cierto debate acerca de la extensión exacta de ese período, lo importante es que el Señor no se olvidó de ellos incluso cuando el pueblo de Dios era esclavizado en tierra extranjera.

Es decir, aunque desconocemos por ahora muchos detalles acerca de la historia de los hebreos en Egipto en aquella época (ver 1 Cor. 13:12), la revelación del carácter de Dios sigue brillando a través de las páginas de este libro al igual que en toda la Escritura. Por adversas que sean las circunstancias, Dios siempre está presente y podemos confiar en él cualquiera que sea nuestra situación.

Comentarios Elena G.W

El nuevo rey de Egipto se dio cuenta de que los hijos de Israel eran sumamente valiosos para el reino. Muchos de ellos eran obreros capaces e inteligentes, y no estaba dispuesto a perder el fruto de sus labores. Este rey ubicó a los hijos de Israel entre los esclavos que habían vendido al reino sus rebaños, sus ganados, sus tierras, y también se habían vendido a sí mismos. «Entonces pusieron sobre ellos comisarios  de tributos que los molestaran con sus cargas; edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.

«Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel. Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor»

Forzaban a sus mujeres a trabajar en el campo como si fueran esclavas. No obstante, estas no disminuían en número. Cuando el rey y sus funcionarios se dieron cuenta de que aumentaban constantemente, celebraron consulta para obligarlos a cumplir una cierta cantidad de labor cada día. Trataban de someterlos mediante duro trabajo, y se enfurecían porque no podían lograr que su número disminuyera ni podían tampoco destruir su espíritu independiente (La historia de la redención, pp. 107, 108).

Los israelitas se habían hecho ya muy numerosos. «Crecieron, y multiplicaron, y fueron aumentados y corroborados en extremo; y llenóse la tierra de ellos». Gracias al cuidado protector de José y al favor del rey que gobernaba en aquel entonces, se habían diseminado rápidamente por el país. Pero se habían mantenido como una raza distinta, sin tener nada en común con los egipcios en sus costumbres o en su religión; y su número creciente excitaba el recelo del rey y su pueblo, pues temían que en caso de guerra se uniesen con los enemigos de Egipto. Sin embargo, las leyes prohibían que fueran expulsados del país. Muchos de ellos eran obreros capacitados y entendidos, y contribuían grandemente a la riqueza de la nación; el rey los necesitaba para la construcción de sus magníficos palacios y templos. Por lo tanto, los equiparó con los egipcios que se habían vendido con sus posesiones al reino. Poco después puso sobre ellos «comisarios de tributos» y completó su esclavitud (Historia de los patriarcas y profetas, p. 247).

[El éxodo] completó la historia revelada a Abraham en visión profética siglos antes: «Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza». Génesis 15:13, 14. Se habían cumplido los cuatrocientos años. «En aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones». Éxodo 12:40, 41, 51. Al salir de Egipto los israelitas llevaron consigo un precioso legado: los huesos de José (véase Éxodo 13), que habían esperado por tanto tiempo el cumplimiento de la promesa de Dios, y que durante los tenebrosos años de esclavitud habían servido a manera de recordatorio que anunciaba la liberación de los israelitas (Historia de los patriarcas y profetas, p. 287).

Elena G.W

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