Un conejito llamado Roger
“Honra al Señor y apártate del mal: ¡esa es la mejor medicina para fortalecer tu cuerpo!” Proverbios 3:7, 8.
Comer verduras, lavarse los dientes, leer la Biblia, beber mucha agua, respirar aire puro y hacer mucho ejercicio son hábitos que te ayudarán a tener un cuerpo y una mente sanos.
Las mascotas también nos hacen sentir mejor. Es divertido correr con ellas, jugar a la pelota e incluso bañarlas. Y, a veces, las mascotas nos acompañan cuando no nos estamos divirtiendo.
Una vez trabajé en una residencia de ancianos. La mayoría de los ancianos se sentían tristes porque no estaban con su familia y sus mascotas. Mi trabajo consistía en realizar cosas divertidas con ellos, así que hacíamos muchas manualidades, cantábamos y hacíamos ejercicio. Como mis jefes creían que debían sentirse como en casa, trajimos muchos animales domésticos. Teníamos jaulas llenas de periquitos, dos o tres gatos y un perro, pero aun así, sentía que necesitábamos algo más.
Pasé mucho tiempo pensando qué tipo de mascota deberíamos tener. Entonces, en la tienda de animales, encontré la mascota perfecta. Vi docenas de conejos bebés. El que más me gustó fue un conejito blanco y negro. Lo llamé Roger y todos los días iba a trabajar conmigo en un transportín especial. A menudo, cuando llegaba al trabajo, había una o dos personas esperando a Roger. Nunca se cansaba de que lo llevara y hacía muy felices a los ancianos. Sabía que los ancianos querían a Roger. Las enfermeras me contaron que, antes de que tuviéramos mascotas, algunos ancianos ni siquiera salían de sus habitaciones. Tener mascotas les hacía más felices, las mascotas los ayudaban a estar con otras personas.
Jesús creó los animales porque sabía que los necesitaríamos para muchas cosas; pero, sobre todo, para sentirnos acompañados y felices.
Dee
Vicki Redden
Trabaja para la revista Insight y disfruta con los niños
de todas las edades. Vive en Maryland con su esposo Ron y sus dos perros, y ha explorado la creación de Dios desde Australia hasta el jardín de su casa.
Dee Litten Reed
Creció en una granja de Virginia, Estados Unidos,
rodeada de animales de granja, así como de algunas criaturas silvestres que rescató. Le encanta visitar zoológicos y acuarios con su nieto Tommy. También disfruta observando a las ballenas que navegan frente a la costa de Ventura, en California.
Joelle Reed Yamada
Dejó de dar clases en la escuela durante un año para irse de mochilera a recorrer el mundo. Ella y su esposo Brent viven en una granja en Inglaterra. Es profesora de Psicología y está descubriendo lo que es ser granjera. Siempre cuida de su perrita Nala e intenta que no se meta en problemas.


