A TRAVÉS DEL MAR ROJO
“Pero Moisés dijo al pueblo: ‘No teman. Manténganse tranquilos, y verán la salvación que el Señor les dará hoy. Porque esos egipcios que hoy ven, nunca más los verán. El Señor peleará por ustedes. Estén tranquilos’ ” (Éxo. 14:13, 14).
Miércoles: 6 de agosto
AVANZANDO POR FE
Lee Éxodo 14:13 al 31. A pesar de su falta de fe, ¿qué hizo Dios por los hijos de Israel?
Éxodo 14:13-31
13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. 14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. 15 Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. 16 Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco. 17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería; 18 y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo. 19 Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, 20 e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquellos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros. 21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. 22 Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo. 24 Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, 25 y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios. 26 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. 27 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. 28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno. 29 Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda. 30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.
Puesto que Moisés confiaba de todo corazón en Dios y en su Palabra, animó al pueblo. Presentó cuatro puntos cruciales acerca de cómo actuar en situaciones difíciles:
- “No teman” (Éxo. 14:13). El primer llamamiento es a confiar en el Señor, pues solo así es posible vencer el temor. Isaías nos recuerda esta verdad al afirmar que los creyentes están en las manos de Dios y que él actuará en favor de ellos si lo aceptan como su Dios y Señor: “No temas, que yo estoy contigo. No desmayes, que yo soy tu Dios […]. Porque yo, el Señor, soy tu Dios, que te sostiene de tu mano derecha y te dice: ‘No temas. Yo te ayudo’ ” (Isa. 41:10, 13).
- “Manténganse tranquilos” (Éxo. 14:13). “Mantenerse tranquilos” no significa solo dejar de murmurar y esperar grandes cosas, sino confiar en Dios y esperar pacientemente su poderosa intervención, ya que él actuará.
- “Verán la salvación que el Señor les dará hoy” (Éxo. 14:13). Para que nuestra fe crezca, es importante reconocer el liderazgo y la ayuda de Dios, y agradecer su asistencia prometida. “Ver” significa abrir los ojos (porque la incredulidad es ciega). Solo Dios puede proporcionar la victoria, la seguridad y la salvación. Dios siempre está disponible, cuidando de nosotros y proveyendo lo que necesitamos en el momento apropiado.
- “El Señor peleará por ustedes” (Éxo. 14:14). Esto indica lo que Dios hará: luchará personalmente por su pueblo. El Calvario es la prueba definitiva de ello, pues en la cruz Cristo derrotó a Satanás para darnos la vida eterna (Juan 5:24; Heb. 2:14; Apoc. 12:10, 11). Incluso los egipcios reconocieron que el Señor luchaba por los israelitas (Éxo. 14:25).
La orden dada por Dios a Moisés fue clara: “Marchen”. Dios desplegó su plan de acción paso a paso: (1) el Ángel de Dios y la columna de nube se desplazaron desde la parte delantera del campamento de Israel y se situaron detrás de ellos, protegiéndolos del ejército egipcio; (2) Moisés extendió por fe su mano sobre el mar; (3) el Señor dividió el agua y la secó con un fuerte viento; y (4) el resultado fue que los israelitas atravesaron el mar con seguridad y sobre tierra seca hasta la otra orilla. Los egipcios los persiguieron ciegamente pues se negaron a ver que Dios estaba haciendo cosas extraordinarias por su pueblo hasta que fue demasiado tarde, como lo reveló su confesión en Éxodo 14:25.
Comentarios Elena G.W
«Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche». Éxodo 14:21.
«Que marchen» fueron las palabras transmitidas por Moisés y que repitieron los capitanes de las diferentes divisiones. En obediencia las huestes de Israel recorrieron el trayecto que de una manera sorprendente y maravillosa se les había preparado. La luz procedente de la columna de fuego de Dios resplandecía sobre las espumosas olas e iluminaba el camino que se había abierto como poderoso surco a través del mar.
A medida que la nube avanzaba lentamente, los centinelas egipcios descubrieron que los israelitas habían abandonado el campamento y de inmediato el poderoso ejército se alistó para avanzar. Podían oír a los hebreos que marchaban, pero les era imposible verlos, pues la nube que iluminaba a Israel, era para los egipcios una muralla impenetrable de tinieblas. Guiados por el sonido los egipcios entraron por la asombrosa senda que Dios había preparado para su pueblo. Toda aquella noche prosiguieron, pero avanzaron con lentitud, pues sus carruajes se movían pesadamente. Pero seguían avanzando con la esperanza de que la oscuridad se disipara y pudieran aprehender al pueblo fugitivo.
Al fin las sombras de la noche se desvanecieron y al romper el alba el ejército perseguidor ya casi daba alcance a los fugitivos hebreos.
Ante sus ojos asombrados la misteriosa nube se transformó en una columna de fuego que ascendía desde la tierra hasta el cielo. Los truenos retumbaron y los relámpagos resplandecieron. «Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relámpagos alumbraron el mundo. Se estremeció y tembló la tierra»
Los egipcios fueron presa de la confusión y la consternación. En medio de la ira de los elementos, en los cuales escuchaban la voz airada del Señor, se esforzaron por desandar sus pasos y huir hacia la costa que habían abandonado. Pero Moisés extendió su cayado y la muralla de agua con un silbido y rugido estrepitoso se precipitó devorando al ejército egipcio y sepultándolo en sus oscuras profundidades.
Al romper el alba, se reveló ante los ojos de la multitud de Israel lo que quedaba de aquel poderoso enemigo: solo algunos restos humanos que eran arrastrados por el mar hacia la costa. Lo que comenzó siendo una noche ensombrecida por terribles peligros amaneció con liberación en sus alas… Jehová solo les había traído rescate y hacia él se volvieron sus corazones con gratitud y con fe. Sus emociones prorrumpieron en cantos de alabanza (Cristo triunfante, 8 de abril, p. 107).


