EL PAN Y EL AGUA DE VIDA
“Y el Señor dijo a Moisés: ‘¿Hasta cuándo se negarán a guardar mis mandamientos y mis leyes? Miren que el Señor les dio el sábado. Por eso en el sexto día les da pan para dos días. Quédese, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día’. Así, el pueblo reposó el séptimo día” (Éxo. 16:28-30).
Jueves: 14 de agosto
EL PAN Y EL AGUA DE VIDA
Lee 1 Corintios 10:11. ¿Qué razón aduce Pablo para que estos acontecimientos quedaran registrados?
1 Corintios 10:11
11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
Pablo explica que todo lo sucedido a los israelitas quedó registrado a fin de que sirviera como ejemplo y advertencia para los seguidores de Cristo y los ayudara a evitar los mismos problemas; es decir, para que aprendieran de esas experiencias. Se trata, pues, de una instrucción pertinente para quienes vivimos en “el fin de los tiempos” (NVI). Dios da a su pueblo el Espíritu Santo para fortalecer a los creyentes con “poder, […] amor y […] dominio propio” (2 Tim. 1:7) a fin de que puedan tomar decisiones correctas y seguir sus enseñanzas. Jesucristo es la Fuente de la nueva vida (Juan 14:6), y solo él puede convertirnos “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es el culto espiritual de ustedes. […] No se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su entendimiento, para que puedan comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:1, 2).
Jesús en su ministerio también usó las enseñanzas contenidas en estos relatos del Antiguo Testamento, los del maná y el agua en particular, para enseñar verdades acerca de sí mismo, quien condujo a los israelitas por el desierto.
Lee Juan 4:7 al 15 y 6:31 al 51. ¿Qué verdades se nos revelan aquí a los cristianos?
Juan 4:7-15
7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Juan 6:31-51
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice este: Del cielo he descendido? 43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; este ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
La samaritana descubrió que Cristo le ofrecía algo que no obtendría en ningún otro lugar. La sed interior de paz, alegría y felicidad procede de Dios y, por lo tanto, solo él puede satisfacerla (Sal. 42:1, 2).
Más tarde, en el contexto del maná, Jesús explicó que fue Dios, no Moisés, quien lo proveyó al pueblo. Luego Jesús declaró: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre” (Juan 6:35). Jesús se identificó dos veces como el Pan de vida (Juan 6:35, 48).
Así como el maná en el desierto era “pan del cielo” (Juan 6:31, 32), el agua de la roca era el regalo de Cristo para satisfacer la sed. Además de estos aspectos físicos, el pan y el agua tenían también un significado espiritual, pues Jesucristo es “el pan de vida” (Juan 6:35, 48) y el “agua viva” (Juan 4:10, 11, 14; 7:37, 38). Solo él, pues, puede saciar verdaderamente nuestras sed y hambre espirituales.
Comentarios Elena G.W
El Redentor del mundo conoce las necesidades de cada alma. Cuando estamos oprimidos y fatigados, él lo sabe, y es él quien nos provee del refrigerio espiritual. Pedidle; velad en oración, y vendrá. Jesús es el pan de vida, que se ha de comer todos los días; es el agua de vida para el alma sedienta y desfalleciente, y todos pueden participar de su gracia.
Las cisternas de la tierra a menudo están vacías, sus estanques se secan; pero en Cristo hay un manantial vivo del que podemos beber continuamente. Por mucho que saquemos y demos a los demás, seguirá habiendo abundancia. No hay peligro de agotar el suministro, porque Cristo es el manantial inagotable de la verdad. Él ha sido la fuente de agua viva desde la caída de Adán. Dice: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Y “el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (The Signs of the Times, «Jesus at the Well of Sychar: The Water ofLife», 22 de abril, 1897, párr. 20, 21).
Jesús conocía las necesidades del alma. La pompa, las riquezas y los honores no pueden satisfacer el corazón. «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Los ricos, los pobres, los encumbrados y los humildes son igualmente bienvenidos. Él promete aliviar el ánimo cargado, consolar a los tristes, dar esperanza a los abatidos. Muchos de los que oyeron a Jesús lloraban esperanzas frustradas; muchos alimentaban un agravio secreto; muchos estaban tratando de satisfacer su inquieto anhelo con las cosas del mundo y la alabanza de los hombres; pero cuando habían ganado todo encontraban que habían trabajado tan solo para llegar a una cisterna rota en la cual no podían aplacar su sed. Allí estaban en medio del resplandor de la gozosa escena, descontentos y tristes. Este clamor repentino: «Si alguno tiene sed», los arrancó de su pesarosa meditación, y mientras escuchaban las palabras que siguieron, su mente se reanimó con una nueva esperanza. El Espíritu Santo presentó delante de ellos el símbolo hasta que vieron en él el inestimable don de la salvación.
El clamor que Cristo dirige al alma sedienta sigue repercutiendo, y llega a nosotros con más fuerza que a aquellos que lo oyeron en el templo en aquel último día de la fiesta. El manantial está abierto para todos. A los cansados y exhaustos se ofrece la refrigerante bebida de la vida eterna. Jesús sigue clamando: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba» «Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde». «Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna». Apocalipsis 22:17; Juan 4:14 (El Deseado de todas las gentes, pp. 417, 418).


