“TE RUEGO QUE ME MUESTRES TU GLORIA”
“El Señor pasó ante Moisés y proclamó: ‘¡Señor! ¡Señor! ¡Dios compasivo y bondadoso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad! Que mantiene su invariable amor a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y no da por inocente al culpable; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y los nietos hasta la tercera y cuarta generación’ ” (Éxo. 34:6, 7).
Lunes: 15 de septiembre
PARA QUE TE CONOZCA
Lee Éxodo 33:12 al 17. ¿Qué pidió Moisés al Señor? ¿Por qué requirió que la presencia de Dios los guiara?
Éxodo 33:12-17
12 Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. 13 Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. 14 Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 15 Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. 16 ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? 17 Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.
El crecimiento de Moisés en el Señor fue constante. Se acercaba cada vez más al Señor y procuraba asemejarse a él. Cierto día, mientras conversaba con Dios en la tienda del encuentro, Moisés se dio cuenta de que no lo conocía y le dijo concretamente: “Te ruego que me muestres tu camino, para que te conozca” (Éxo. 33:13). Él era consciente de su profunda necesidad de comprender a Dios en un nuevo nivel. Descubrió que cuanto más conocía al Señor más lo desconocía. Reconoció su necesidad y deseó de todo corazón conocerlo mejor. Dios concedió de buen grado el deseo de Moisés.
Al observar las experiencias de Moisés hasta ahora, vemos que fue atraído a una relación más profunda e íntima con el Señor y que creció espiritualmente.
Para empezar, subió al monte “a presentarse ante Dios” (Éxo. 19:3). Luego fue “a la cumbre del monte” (Éxo. 19:20) y después se acercó a la nube, “la densa oscuridad” en la que Dios se encontraba (Éxo. 20:21, NVI).
En otra ocasión, Moisés “se internó en la nube” donde estaba Dios y permaneció con el Señor cuarenta días y cuarenta noches (Éxo. 24:18, NVI). Durante ese tiempo, Dios hizo a Moisés dos preciosos regalos: (1) el Decálogo, escrito por Dios mismo en las dos tablas cinceladas también por él (Éxo. 24:12), y (2) las instrucciones acerca de cómo construir el Tabernáculo y dotarlo del mobiliario correspondiente (ver Éxo. 25-31).
Luego pasó otros cuarenta días y noches con el Señor intercediendo por los pecadores (Éxo. 32:30-32; Deut. 9:18).
Sin embargo, incluso después de todo esto, Moisés deseaba conocer el carácter de Dios de forma más concreta, y Dios pronto le dio una visión especial para que pudiera comprender quién es él. Este conocimiento que Moisés deseaba no era una mera comprensión intelectual acerca de Dios, sino un conocimiento vivencial de su persona. No es de extrañar que siglos más tarde Jesús dijera: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado” (Juan 17:3).
La máxima revelación que Dios hizo de sí mismo a los seres humanos consistió en hacerse uno de ellos.
¿Conoces a Dios, o solo sabes acerca de él? ¿Cuál es la diferencia crucial entre ambas cosas?
Comentarios Elena G.W
Moisés manifestó su gran amor por Israel al interceder ante el Señor para que perdonara el pecado del pueblo o borrara su nombre del libro que él había escrito. Sus intercesiones ilustran el amor y la mediación de Cristo por la raza pecadora. Pero el Señor se negó a dejar que Moisés sufriera por los pecados de su pueblo apóstata; le dijo que aquellos que habían pecado contra él serían borrados de su libro que había escrito, porque los justos no deben sufrir por la culpa de los pecadores. El libro al cual se hace referencia aquí es el libro de los registros del cielo, en el cual está inscrito cada nombre y están registrados fielmente los actos de todos, sus pecados y su obediencia. Cuando los individuos cometen pecados que son demasiado atroces para que el Señor los perdone, sus nombres son borrados del libro y quedan destinados a la destrucción. Aunque Moisés comprendía el terrible destino de aquellos cuyos nombres debían ser borrados del libro de Dios, declaró claramente ante Dios que si los nombres de su descarriado Israel debían ser borrados, y no ser más recordados por él para bien, él deseaba que su nombre fuera borrado con el de ellos. No podía soportar que la plenitud de su ira cayera sobre el pueblo por el que había obrado tales maravillas (Spiritual Gifts, t. 3, p. 285; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 998).
Después que el Señor hubo dado a Moisés todas estas garantías misericordiosas, ¿descansó satisfecho y se conformó? No; todavía deseaba algo del Señor; y oró: «Te ruego que me muestres tu gloria. 19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente». La gloria de Dios fue revelada a Moisés, y será revelada a aquellos que la busquen tan fervientemente como lo hizo Moisés (The Review and Herald, 28 de julio, 1891, párr. 7).
Debemos suplicar a Dios sus bendiciones, tal como Moisés le suplicó en el monte. No tenemos tiempo que esperar. Nuestro Señor viene, y es hora de poner nuestra casa en orden. Hay un gran trabajo que hacer, y si vas a tu prójimo con tu corazón todo lleno de calor y resplandeciente de amor, ¿no crees que puedes encontrar la llave para abrir el corazón de tu prójimo? El problema con nuestra obra ha sido que nos hemos contentado con presentar una teoría fría de la verdad. No hemos dejado que nuestros corazones se enternecen ante aquellos con quienes trabajamos. ¡Oh, que el Señor avivara nuestro entendimiento, y nos diera una comprensión del tiempo en que estamos viviendo! Muchos han caminado entre las chispas de su propia llama, pero nosotros debemos suplicar a Dios como lo hizo Moisés, avanzando paso a paso hasta que podamos decir: «Muéstrame tu gloria». Moisés era ferviente en cuanto al asunto, y el Señor lo puso en una hendidura de la peña, y dejó que su bondad pasara delante de él. ¿Has pensado en eso? Dejó que su bondad pasara delante de él. Hermanos míos, ¿qué no hará el Señor por nosotros si lo buscamos de todo corazón? (The Review and Herald, 28 de mayo, 1889, párr. 10).


