Jueves 9 de octubre – GRACIA SORPRENDENTE – SORPRENDIDOS POR LA GRACIA

SORPRENDIDOS POR LA GRACIA

“Por la fe no pereció la prostituta Rajab junto con los incrédulos, porque recibió en paz a los espías” (Heb. 11:31, RVA-2015).

Jueves: 9 de octubre

GRACIA SORPRENDENTE

Lee Josué 9:21-27. ¿Cómo combinó la solución de Josué la justicia con la gracia?

Josué 9:21-27

21 Dijeron, pues, de ellos los príncipes: Dejadlos vivir; y fueron constituidos leñadores y aguadores para toda la congregación, concediéndoles la vida, según les habían prometido los príncipes. 22 Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que moráis en medio de nosotros? 23 Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios. 24 Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto. 25 Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo. 26 Y él lo hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron. 27 Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo que son hasta hoy.

Aunque el pueblo de Israel hubiera querido atacar a los gabaonitas, no se les habría permitido hacerlo debido al juramento de los jefes de la congregación. Los líderes israelitas actuaron de acuerdo con el principio de que un juramento, siempre que no implique maldad o intención criminal (Jue. 11:29-40), es vinculante, u obligatorio, incluso si conduce a un perjuicio personal.

En el Antiguo Testamento, ser prudente antes de hacer un juramento y cumplirlo se consideran virtudes de los piadosos (Sal. 15:4; 24:4; Ecle. 5:2, 6). Puesto que el juramento se hacía en nombre del Señor, el Dios de Israel, los dirigentes no podían modificarlo.

El destino de Israel quedaba indisolublemente unido al de los gabaonitas en virtud del solemne juramento de los dirigentes de Israel. De hecho, al ser designados leñadores y aguadores para la casa de Dios (Jos. 9:23), los gabaonitas se convirtieron en parte integrante de la comunidad cúltica de Israel. La respuesta de Josué, en contraste con el veredicto de los gobernantes de Israel, que decretaba la servidumbre en beneficio de “toda la congregación” (Jos. 9:21), transformó la maldición en una bendición potencial para los gabaonitas (comparar con 2 Sam. 6:11).

La historia posterior de Gabaón atestigua los elevados privilegios religiosos de los que gozaba la ciudad, así como su lealtad al pueblo de Dios. El voto hecho por Israel se mantuvo a través de las generaciones, de modo que cuando los israelitas regresaron del cautiverio babilónico, los gabaonitas estaban entre quienes ayudaron a reconstruir Jerusalén (Neh. 7:25). Sus acciones tendrán consecuencias positivas eternamente, pero solo por la gracia de Dios.

¿Qué habría sucedido si los gabaonitas hubieran revelado su identidad y pedido misericordia como hizo Rahab? No lo sabemos, pero no podemos descartar la posibilidad de que incluso una consulta a la voluntad de Dios podría haber exceptuado a los gabaonitas de la destrucción. El propósito último de Dios no es castigar a los pecadores, sino verlos arrepentirse y concederles su misericordia (comparar con Eze. 18:23; 33:11). El subterfugio de los gabaonitas ha de percibirse como una apelación a la misericordia de Dios, a su carácter bondadoso y justo. Fue la negativa de los cananeos a arrepentirse y su desafío a los propósitos de Dios lo que condujo a su aniquilación (Gén. 15:16). Dios honró el reconocimiento de su supremacía por parte de los gabaonitas, así como su deseo de paz en lugar de rebelión, y su voluntad de abandonar la idolatría y adorar al único Dios verdadero.

Comentarios Elena G.W

Marchando toda la noche, tuvo sus fuerzas frente a Gabaón por la mañana. Apenas habían colocado los príncipes aliados sus ejércitos alrededor de la ciudad cuando Josué cayó sobre ellos. El ataque resultó una derrota total para los sitiadores. El inmenso ejército invasor huyó ante Josué montaña arriba por el desfiladero de Beth-orón; y habiendo ganado las alturas, se precipitaron montaña abajo al otro lado. Allí estalló sobre ellos terrible tempestad de granizo. «Jehová echó sobre ellos del cielo grandes piedras… Muchos más murieron de las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel habían muerto a cuchillo».

Mientras los amorreos continuaban huyendo precipitadamente, procurando hallar refugio en las fortalezas de la montaña, Josué, mirando hacia abajo desde la altura, vio que el día iba a resultar corto para completar su obra. Si sus enemigos no quedaban completamente derrotados, se reunirían y reanudarían la lucha. «Entonces Josué habló a Jehová… y dijo en presencia de los Israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, Luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta tanto que la gente se hubo vengado de sus enemigos… El sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero».

Antes de que anocheciera, la promesa que Dios hizo a Josué se había cumplido. Todo el ejército enemigo había sido entregado en sus manos. Israel iba a recordar durante mucho tiempo los acontecimientos de aquel día. «Nunca fue tal día antes ni después de aquél, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre: porque Jehová peleaba por Israel». »El sol y la luna se pararon en su estancia: a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza. Con ira hollaste la tierra, con furor trillaste las gentes. Saliste para salvar tu pueblo». Habacuc 3:11-13.

El Espíritu de Dios inspiró la oración de Josué, para que se manifestara otra vez el poder del Dios de Israel. Por consiguiente, la petición no evidenciaba presunción por parte del gran caudillo. Aunque Josué había recibido la promesa de que Dios derrocaría ciertamente a los enemigos de Israel, realizó un esfuerzo tan ardoroso como si el éxito de la empresa dependiera solamente de los ejércitos de Israel. Hizo todo lo que era posible para la energía humana, y luego pidió con fe la ayuda divina. El secreto del éxito estriba en la unión del poder divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el Brazo todopoderoso. El hombre que exclamó: «Sol, detente en Gabaón; y tú, Luna, en el valle de Ajalón», es el mismo que durante muchas horas permanecía postrado en tierra, en ferviente oración, en el campamento de Gilgal. Los hombres que oran son los hombres fuertes (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 542-544).

Elena G.W

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