MONUMENTOS DE GRACIA
“Porque el Señor su Dios secó el agua del Jordán ante ustedes, hasta que hubieron pasado; lo mismo que había hecho con el Mar Rojo, que secó ante nosotros hasta que pasamos. Para que todos los pueblos de la tierra conozcan la poderosa mano del Señor, y para que ustedes reverencien al Señor su Dios todos los días” (Jos. 4:23, 24).
Domingo: 12 de octubre
EL CRUCE DEL JORDÁN
Lee Josué 3:1-5 y Números 14:41-44. ¿Por qué Dios pidió a los israelitas que se prepararan especialmente para lo que estaba a punto de suceder?
Josué 3:1-5
1 Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo. 2 Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento, 3 y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, 4 a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella. 5 Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros.
Números 14:41-44
41 Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. 42 No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos. 43 Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros. 44 Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento.
Esta es la primera vez que se menciona el arca del pacto en el libro de Josué. Hasta este momento de la narración del Antiguo Testamento, el arca había aparecido en el contexto del Santuario (Éxo. 40:21), en el viaje de Israel desde el Sinaí (Núm. 10:33-36) y en el intento fallido de iniciar la conquista de Canaán (Núm. 14:44). Era el objeto más sagrado del Santuario israelita y contenía tres elementos, cada uno de los cuales expresaba la relación especial de Israel con Dios: (1) Las tablas con los Diez Mandamientos, (2) la vara del sumo sacerdote Aarón y (3) una vasija que contenía maná (Éxo. 16:33; Heb. 9:4).
El arca y los preparativos para cruzar el Jordán recordaban a Israel que no iban a entrar en Canaán a su manera y cuando quisieran. La conquista solo tendría éxito si seguían las indicaciones de Dios, y cuando él lo indicara. Dios, a quien se describe entronizado sobre los querubines que cubrían el arca del pacto (Éxo. 25:22; Núm. 7:89), y cuyos movimientos se identifican con los del arca, entra en Canaán delante de los israelitas como Aquel que dirige la conquista.
El término traducido como “santificar” (Jos. 3:5) o “consagrar” se refiere a un proceso de purificación similar al que seguían los sacerdotes antes de comenzar su servicio en el Santuario (Éxo. 28:41; 29:1) y como el que realizó el pueblo de Israel antes de la revelación de Dios en el Sinaí (Éxo. 19:10, 14). Esta consagración implicaba el abandono del pecado y la eliminación de todas las impurezas rituales. La misma orden aparece en Números 11:18 en relación con un inminente milagro de Dios. Tal preparación se exigía también antes de librar una batalla (Deut. 23:14). Para que Dios pudiera luchar por Israel, ellos debían mostrarle su lealtad y confiar en él como su Comandante.
El milagro de cruzar el Jordán iba a demostrar a los israelitas que se podía confiar en la promesa del Señor de expulsar a los cananeos de la tierra. Aquel que podía asegurar el cruce en seco del Jordán también podía concederles el don de la tierra.
Dios no siempre divide el Jordán. Sus intervenciones no siempre son tan evidentes. ¿Cómo crees que podemos desarrollar la preparación espiritual para experimentar y discernir las intervenciones de Dios en nuestro favor?
Comentarios Elena G.W
Los sacerdotes debían ir al frente del pueblo y llevar el arca que contenía la ley de Dios. Y cuando sus pies tocaron los bordes del Jordán, las aguas se separaron comenzando por arriba, y los sacerdotes pasaron llevando el arca que era un símbolo de la presencia divina; y la hueste de los hebreos los siguió. Cuando los sacerdotes llegaron al medio del Jordán, se les ordenó que permanecieran en el lecho del río hasta que pasara toda la hueste de Israel. En esa ocasión la generación de israelitas que vivía en ese momento se convenció de que las aguas del Jordán estaban sometidas al mismo poder que sus padres habían visto manifestarse ante ellos en el Mar Rojo cuarenta años antes. Muchos de ellos habían pasado el Mar Rojo cuando eran niños. Ahora cruzaron el Jordán como hombres de guerra, perfectamente bien equipados para la batalla.
Cuando las huestes de Israel cruzaron el Jordán, Josué ordenó a los sacerdotes que salieran del río. Tan pronto como estos, que llevaban el arca del pacto, salieron del río y estuvieron en pie en tierra seca, el Jordán comenzó a avanzar como antes y recuperó todos sus límites previos. Este maravilloso milagro llevado a cabo en favor de los israelitas aumentó grandemente su fe. Para que no fuera olvidado jamás, el Señor intimó a Josué a ordenar a hombres notables, uno de cada tribu, que sacara piedras del lecho del río, en el lugar donde los pies de los sacerdotes habían estado mientras la hueste hebrea lo cruzaba, para llevarlos sobre los hombros, y levantar un monumento en Gilgal, a fin de conservar el recuerdo del hecho de que Israel cruzó el Jordán por tierra seca. Después que los sacerdotes hubieron salido del Jordán, Dios retiró su mano poderosa y las aguas se abalanzaron como una tremenda catarata para seguir su curso.
Cuando todos los reyes de los amorreos y los cananeos oyeron que el Señor había detenido las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel, sus corazones se disolvieron de temor. Los israelitas habían dado muerte a dos de los reyes de Moab, y su cruce milagroso por en medio de las aguas impetuosas y arrolladoras del Jordán los llenaron de tremendo terror. Josué circuncidó entonces a toda la gente que había nacido en el desierto. Después de esta ceremonia celebraron la Pascua en las llanuras de Jericó. «Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto».
Las naciones paganas habían denigrado a Jehová y a su pueblo porque los hebreos no habían poseído la tierra de Canaán que esperaban ocupar inmediatamente después de salir de Egipto. Sus enemigos triunfaron cuando ellos permanecieron peregrinando tanto tiempo en el desierto, y se envalentonaron y ensoberbecieron delante del Señor al declarar que no era capaz de llevarlos a la tierra de Canaán. Pero ahora habían cruzado en seco el Jordán, y ya sus enemigos no podían echarles nada más en cara.
El maná había seguido cayendo hasta ese momento; pero ahora que los israelitas estaban a punto de poseer Canaán y comer del fruto de la tierra ya no lo necesitaban más, y dejó de caer (La historia de la redención, pp. 180-182).


