«Porque dentro de muy poco tiempo el que ha de venir, vendrá y no tardará» (Hebreos 10: 37, RVC).
La decepción llegó dos veces a los corazones de quienes habían anunciado y creído que Jesús vendría, primero en la primavera y luego en el otoño de 1844. Quizás te surjan preguntas tales como, ¿por qué Dios permitió que su pueblo pasara por ese amargo momento? ¿Era necesario un chasco?
La escritora Elena G. de White escribe: «Dios se propuso probar a su pueblo. Su mano cubrió el error cometido en el cálculo de los períodos proféticos. Los adventistas no descubrieron el error, ni fue descubierto tampoco por los más sabios de sus adversarios […]. Pasó el tiempo de expectativa, y no apareció Cristo para libertar a su pueblo. Los que habían esperado a su Salvador con fe sincera, experimentaron un amargo desengaño. Sin embargo, los designios de Dios se estaban cumpliendo; Dios estaba probando los corazones de los que profesaban estar esperando su aparición. Había muchos entre ellos que no habían sido movidos por un motivo más elevado que el miedo. Su profesión de fe no había mejorado sus corazones ni sus vidas. Cuando el acontecimiento esperado no se realizó, esas personas declararon que no estaban desengañadas; no habían creído nunca que Cristo vendría. Fueron los primeros en ridiculizar el dolor de los verdaderos creyentes».
Muchos de los que se burlaban del chasco decían: «Habéis sido engañados. Abandonad vuestra fe y declarad que el movimiento adventista era de Satanás». ¿No es acaso la misma burla que se ha suscitado en el mundo actual hacia quienes anunciamos la segunda venida? Sin embargo, nuestra fe debe permanecer inmutable como dijera Miller: «Aunque me chasqueé dos veces, no estoy abatido ni desanimado. Mi esperanza en la venida de Cristo es tan firme como siempre. […] Algo sé de cierto, y es que no he predicado nada en que no creyese y Dios ha estado conmigo…».
¿Sabes cuál es la buena noticia para hoy? No habrá otro chasco. La venida de Jesús tendrá su cumplimiento lo creamos o no, lo esperemos o no. Más tarde la luz de Dios brilló sobre aquellos hombres sinceros y descubrieron que el error radicó en la palabra «santuario» pues no se refería a la tierra sino al santuario celestial. Las profecías bíblicas se han cumplido al pie de la letra y la segunda venida está más cerca que ayer. ¿Le estamos esperando con un corazón sincero?
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