Jueves 27 de noviembre – LA TIERRA RESTAURADA – HEREDEROS DE LAS PROMESAS, CAUTIVOS DE LA ESPERANZA

HEREDEROS DE LAS PROMESAS, CAUTIVOS DE LA ESPERANZA

“Vuelvan a la fortaleza, ustedes, presos de esperanza. Hoy les anuncio que les restauraré todo al doble” (Zac. 9:12).

Jueves: 27 de noviembre

LA TIERRA RESTAURADA

Lee Jeremías 24:6; 31:16; Ezequiel 11:17; 28:25; 37:14, 25. ¿Cuál fue la promesa de Dios acerca del regreso de Israel a la Tierra Prometida y cómo se cumplió?

 

Jeremías 24:6

Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré.

 

Jeremías 31:16

16 Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo.

 

Ezequiel 11:17

17 Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel.

 

Ezequiel 28:25

25 Así ha dicho Jehová el Señor: Cuando recoja a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales está esparcida, entonces me santificaré en ellos ante los ojos de las naciones, y habitarán en su tierra, la cual di a mi siervo Jacob.

 

Ezequiel 37:14, 25

14 Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.

25 Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre.

Durante el exilio babilónico, los israelitas experimentaron la triste realidad del desarraigo, pero también la promesa de que su relación con Dios no estaba condicionada ni limitada a la posesión de la tierra. Cuando los israelitas confesaron sus pecados, se arrepintieron y buscaron al Señor de todo corazón, Dios cumplió de nuevo su promesa y los llevó nuevamente a su tierra como señal de su restauración. Eso significaba que él era su Dios aun cuando no estuvieran en la tierra.

Sin embargo, así como la promesa de que Israel poseería la tierra para siempre era condicional (Deut. 28:63, 64; Jos. 23:13, 15; 1 Rey. 9:7; 2 Rey. 17:23; Jer. 12:10-12), también lo era la promesa de reasentar y hacer prosperar a Israel en la tierra después del exilio. Al mismo tiempo, los profetas del Antiguo Testamento apuntaban a una restauración que sería obra de un futuro rey davídico (Isa. 9:6, 7; Zac. 9:9, 16). Esta promesa se cumplió en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, en quien se harían realidad todas las promesas hechas al antiguo Israel.

En el Nuevo Testamento no se menciona directamente la Tierra Prometida, pero se nos dice que las promesas de Dios se han cumplido en Jesucristo y por medio de él (Rom. 15:8; 2 Cor. 1:20). En consecuencia, la tierra es reinterpretada a la luz de Cristo y se convierte en el símbolo de las bendiciones espirituales que Dios planea dar a su pueblo fiel aquí y ahora (Efe. 2:6), y en el futuro.

El cumplimiento definitivo de la promesa divina del reposo, la abundancia y el bienestar en la tierra tendrá lugar en la Tierra Nueva, liberada del pecado y sus consecuencias. En ese sentido, nuestra esperanza como cristianos se basa en la promesa del regreso de Cristo, quien establecerá su Reino eterno en la Tierra hecha nueva tras un período de mil años en el Cielo. Este será el cumplimiento final de todas las promesas acerca de la Tierra.

Lee Juan 14:1-3; Tito 2:13 y Apocalipsis 21:1-3. ¿Qué esperanza final encontramos en estos versículos y por qué la muerte de Jesús nos garantiza su cumplimiento?

 

Juan 14:1-3

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

 

Tito 2:13

13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,

 

Apocalipsis 21:1-3

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

Comentarios Elena G.W

Si quienes están en plena actividad, después de haber tenido alguna experiencia en las intervenciones divinas en el surgimiento y progreso de la obra, permanecieran como lo hizo Josué, dispuestos a fortalecer la fe del pueblo de Dios repasando las bendiciones y misericordias del pasado, serían bendecidos y ellos mismos serían una bendición para quienes no han tenido esa experiencia. Si pudiesen recapitular los sacrificios realizados por quienes condujeron la obra, y pudieran conservar delante del pueblo la sencillez de los pioneros y el poder de Dios que manifestaron al mantener a la obra libre de todo error, engaño y extravagancia, serían una influencia modeladora para los obreros de este tiempo.

Cuando perdemos de vista lo que el Señor ha hecho en el pasado por su pueblo, perdemos también de vista lo que el Señor hace en favor de su obra en el presente. Aquellos que ingresan en la obra en este tiempo, comparativamente hablando no saben nada del sacrificio y la abnegación de aquellos sobre quienes recayó la responsabilidad de iniciar la obra en un principio. Estos hechos debieran contarse una Y otra vez…

Un duro conflicto está en desarrollo entre el Príncipe de la vida y el príncipe de las tinieblas, y esta batalla requiere constante vigilancia por parte de los obreros dedicados… Si los hombres y mujeres se niegan a aceptar los caminos del Señor, si resisten por alguna causa la luz que han recibido del cielo, serán contados entre los obreros de iniquidad. . . Cuando estos ven el error que han cometido y comprenden que no han desarrollado el espíritu debido, pues han intentado matar aque110 a lo que Dios ha dado vida, reconozcan honesta y francamente su error. Una recapitulación del pasado será altamente beneficiosa para tales obreros… Cuando humillen sus corazones delante de Dios como lo hizo David, confesando que han errado, pueden tener la certeza de que serán perdonados…

Satanás se ha empeñado en realizar su obra especial para este tiempo. Los que han errado en el pasado y no se han humillado, ni confesado, ni enmendado sus errores, continuarán movidos por su propio espíritu. Llamarán a la verdad error, y al error, verdad. En el gran conflicto, finalmente, estos obreros serán hallados del lado de Satanás. Nuestro Dios es un Dios celoso; no actuará con ligereza…

Así como Dios es fiel en sus promesas, también lo es en sus advertencias. Hermanos y hermanas, es posible que ya me encuentre silenciosa en la tumba antes que estas advertencias del Señor alcancen el efecto deseado en sus mentes y corazones, por lo que en las palabras del apóstol Pablo, les digo: «Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres» dondequiera que estén a que se arrepientan (El Cristo triunfante, 13 de mayo, p. 142).


Elena G.W

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