La mamba negra
“Cuando estoy angustiado, llamo al Señor, y él me responde” Salmo 120:1.
El nombre de mamba negra infunde miedo a la mayoría de los africanos. Esta serpiente larga y delgada es una de las más temidas del continente, ya que solo dos gotas de su veneno bastan para matar a un ser humano, y pueden tener hasta veinte gotas de veneno en sus colmillos. Se ha inventado un antídoto que ayuda a sobrevivir a las personas mordidas por estas temidas serpientes, pero el medicamento debe administrarse muy pronto tras la mordedura.
El veneno es lo bastante potente como para asfixiar a las víctimas de la serpiente, generalmente roedores y pájaros, casi de inmediato. La comida, que a veces es cuatro veces el tamaño de la cabeza de la serpiente, se la traga entera y tarda entre ocho y diez horas en digerirla.
Las mambas negras no son realmente negras. De hecho, son más bien de color verde oliva o gris plomo. Su nombre se debe a que el interior de su boca es negro azulado. Pueden llegar a medir 4 metros de largo y desplazarse a una velocidad de hasta 20 kilómetros por hora. Eso es más rápido de lo que muchas personas pueden correr. Si se enfada, la mamba puede levantarse hasta 1,5 metros del suelo.
No hace falta mucho veneno para que una mamba negra haga muchísimo daño. Con el pecado pasa igual, solo un poquito puede causarnos muchos problemas. Pero hay buenas noticias. Jesús nos ofreció un antídoto: solo tenemos que aceptarlo como nuestro Salvador y él nos salvará del pecado.
Vicki
Vicki Redden
Trabaja para la revista Insight y disfruta con los niños
de todas las edades. Vive en Maryland con su esposo Ron y sus dos perros, y ha explorado la creación de Dios desde Australia hasta el jardín de su casa.
Dee Litten Reed
Creció en una granja de Virginia, Estados Unidos,
rodeada de animales de granja, así como de algunas criaturas silvestres que rescató. Le encanta visitar zoológicos y acuarios con su nieto Tommy. También disfruta observando a las ballenas que navegan frente a la costa de Ventura, en California.
Joelle Reed Yamada
Dejó de dar clases en la escuela durante un año para irse de mochilera a recorrer el mundo. Ella y su esposo Brent viven en una granja en Inglaterra. Es profesora de Psicología y está descubriendo lo que es ser granjera. Siempre cuida de su perrita Nala e intenta que no se meta en problemas.


