20 de diciembre – Semejanza restaurada – Devoción Matutina 2025 para Damas | Amanecer con Jesús

«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra» (Génesis 1: 26).

El término semejanza en matemáticas, significa «dos cuerpos geométricos que tienen la misma forma sin importar el tamaño entre ellos». Una definición coloquial para semejanza, es «la cualidad de compartir características comunes que tienen dos o más personas». Si nos basamos en la definición matemática, podemos afirmar que fuimos hechos en distinto tamaño pero en la misma forma de Dios. Si nos basamos en la definición coloquial, concluimos que fuimos hechos con los mismos atributos que tiene la Deidad. La imagen de Dios en el ser humano es un tema muy profundo; solo quiero destacar que fuimos creados con rasgos que nos identifican con la Deidad sin que participemos de su plena naturaleza». El propósito era que todos los seres vivos y la tierra fueran cuidados por el hombre, como si Dios mismo estuviera cuidando a sus criaturas.

No obstante, con la entrada del pecado, esa semejanza se fue perdiendo cada día. En la actualidad, vemos tangiblemente cómo el ser humano está muy lejos de ser semejante a su diseño original. En forma y en atributos, el hombre ha perdido su semejanza con Dios. Con frecuencia se ven videos donde un humano que debiera cuidar la naturaleza, se goza en quitarle la vida a las criaturas inocentes. Pero no tenemos que ir a los extremos; inclusive no cuidar el medio ambiente es evidencia de que nos hemos alejado de la semejanza divina.

¿Es posible volver a la semejanza con la que fuimos hechos? La respuesta es sí. En el mercado de una ciudad italiana se erigió la estatua de una niña griega esclava, quien estaba vestida con suma pulcritud. Una niñita de la calle que vestía despeinada y maltrecha, se acercó un día y contempló la estatua con religiosa admiración.

Después de estar inmersa en su contemplación durante largo rato, un sentimiento la hizo correr a su casa para lavarse la cara y peinarse. Otro día se detuvo a contemplar a la estatua y nuevamente sintió el deseo de parecerse a ella; corrió a su casa y lavó sus vestidos. Cada día que observaba a la niña esclava, descubría un detalle digno de imitar y así lo hizo hasta que quedó completamente transformada.

Nosotras no tenemos una estatua que admirar. No obstante la figura de nuestro Creador está plasmada a lo largo de toda la Biblia y la naturaleza. Si nos detenemos cada día un momento a contemplar la persona de Jesús, sin duda que nacerá el deseo de erradicar de nuestra vida, todo aquello que no esté en armonía con la forma y los atributos de Dios.

#pdfelizdevolverasusemejanza

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas