Jueves 12 de febrero – LAS CLAVES DEL CONTENTAMIENTO – UNA CIUDADANÍA CELESTIAL

UNA CIUDADANÍA CELESTIAL

“Por nada estén afanosos, sino presenten sus pedidos a Dios en oración, ruego y acción de gracias” (Fil. 4:6).

Jueves: 12 de febrero

LAS CLAVES DEL CONTENTAMIENTO

Lee Filipenses 4:10-13, 19. ¿Qué claves revela Pablo para alcanzar una vida satisfecha y feliz?

 

Filipenses 4:10-13, 19

10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

En circunstancias extremas (hambre, enfermedad, lesiones, decesos), las personas reflexionan acerca de lo realmente importante y consideran las bendiciones que normalmente se dan por sentadas. La fe entra en acción cuando estamos “en necesidad” (Fil. 4:12), “sufrimos escasez” (NVI) o “no tenemos nada” (DHH).

Por el contrario, cuando “vivimos en abundancia”, debemos ser conscientes de que esta puede desaparecer en un instante (ver Prov. 23:5). Como Job y Pablo nos recuerdan, nada trajimos al mundo cuando nacimos, y nada nos llevaremos a la tumba (Job 1:21; 1 Tim. 6:7).

Considera las siguientes promesas y certidumbres bíblicas:

  • “El Señor es mi Pastor, nada me faltará” (o “nada me falta”; DHH) (Sal. 23:1).
  • “Su Padre celestial sabe [lo] que ustedes necesitan” (Mat. 6:32).
  • “Echen toda su ansiedad sobre él, porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7).
  • “Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de ustedes, conforme a su gloriosa riqueza en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Y he aquí lo más maravilloso: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Quizá ninguno de nosotros pueda comprender plenamente lo que implica la palabra “todo”. Ciertamente, como en el caso de cualquier petición a Dios por su ayuda y fuerza, debemos pedir que se haga su voluntad. Sin embargo, muchas veces ni siquiera pedimos cosas que sabemos que se ajustan a su voluntad. Por eso Santiago 4:2 dice: “No tienen lo que desean, porque no piden”.

He aquí algunas cosas que podemos pedir con confianza porque sabemos que están en armonía con la voluntad de Dios:

  • Salvación de un ser querido o de un amigo (1 Tim. 2:3, 4).
  • Valor para compartir nuestra fe (Apoc. 22:17).
  • Perdón cuando confesamos y abandonamos el mal (1 Juan 1:9).
  • Fortaleza para obedecer los mandamientos de Dios (Heb. 13:20, 21).
  • Amor por quienes nos odian y maltratan (Mat. 5:44).
  • Sabiduría en situaciones difíciles (Sant. 1:5).
  • Comprensión de la verdad revelada en la Palabra de Dios (Juan 8:32).

¿Cómo reaccionas cuando no recibes lo que has pedido en oración o ante la posibilidad de que nunca lo recibas?

Comentarios Elena G.W

La religión pura proporciona paz, felicidad, contento; la piedad es provechosa para esta vida y la vida venidera.

Esa inquietud y descontento que termina en enojo y queja es pecaminosa; pero el descontento con uno mismo que induce a un esfuerzo más ferviente para lograr un aprovechamiento de la mente, para alcanzar un campo más amplio de utilidad es digno de alabanza. Este descontento no termina en disgusto, sino en la reunión de fuerza para alcanzar un campo más extenso y elevado de utilidad. Estad siempre equilibrados únicamente por un principio religioso firme y una conciencia sensible, teniendo siempre el temor de Dios ante  vosotros, y ciertamente prosperaréis en vuestra preparación para una vida de utilidad.

Deberíamos vivir para el mundo venidero. Es tan desagradable vivir una vida al azar y sin un blanco definido. Queremos tener un objeto en la vida —vivir para un propósito. Dios nos ayude a todos a ser abnegados, menos preocupados de nosotros mismos, más olvidadizos del yo y de los intereses egoístas; y para hacer el bien, no por el honor que esperamos recibir aquí, sino porque ése es el objeto de nuestra vida y dará una respuesta al fin de nuestra existencia. Que nuestra oración diaria se eleve hacia Dios para que nos prive de nuestro egoísmo…

He visto que todos aquellos que viven con un propósito, buscando beneficiar y bendecir a sus congéneres, y honrar y glorificar a su Redentor, son las personas que verdaderamente viven felices en la tierra, mientras que el hombre que es inquieto, que está descontento, y que busca esto y prueba aquello, esperando encontrar felicidad, siempre se está quejando de desengaño. Siempre está en necesidad, nunca está satisfecho, porque vive únicamente para él mismo. Que vuestro blanco sea hacer el bien, realizar vuestra parte fielmente en la vida.

Estad ansiosos y deseosos de crecer en la gracia, buscando una comprensión más clara e inteligente de la voluntad de Dios respecto de vosotros, esforzándoos fervientemente para alcanzar la meta del premio que está delante de vosotros. Únicamente la perfección cristiana obtendrá el ropaje inmaculado del carácter que os capacitará para permanecer ante el trono de Dios entre la hueste lavada por la sangre, llevando la palma de la victoria duradera y el triunfo eterno (Nuestra elevada vocación, 24 de agosto, p. 244).

Los que establecen una relación personal con Cristo, constituyen un templo santo para el Señor, porque Jesús es para el creyente sabiduría, justificación, santificación y redención. El que se rinde completamente a Dios es consciente de la presencia salvadora de Cristo. Es poseedor de la paciencia espiritual, y todo su ser está dispuesto a aprender del que es manso y humilde de corazón. El que confía en Jesús como su eficiencia y justificación, su ser entero estará lleno de un santo contentamiento.

¿Cuál es la base del gozo del cristiano? Es el resultado del sentido de la presencia de Cristo. ¿En que consiste el amor del cristiano? Es el reflejo del amor de Cristo. Es el resultado de la obra del Espíritu Santo. Al mirar la cruz del Calvario veremos a Jesús muriendo por los pecados del mundo, para que mediante su muerte, que genera contrición en el creyente, podamos tener vida e inmortalidad. Jesús es todo para todos, y sin él nada podemos hacer. Sin Cristo la vida espiritual es imposible (Recibiréis poder, 15 de marzo, p. 85).

Elena G.W

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