LA PREEMINENCIA DE CRISTO
“Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:15–17).
Miércoles: 18 de febrero
EL “PRINCIPIO” (E INICIADOR)
Lee Colosenses 1:18. ¿Qué relación existe entre la idea de Cristo como cabeza y la de él como “principio”?
Colosenses 1:18
18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
En hebreo, las palabras cabeza (ro’sh) y principio (rē’shit) están relacionadas. La última de ellas aparece por primera vez en las Escrituras en Génesis 1:1: “En el principio [rē’shit] Dios creó los cielos y la tierra”. Jesús es cabeza de la humanidad y de la iglesia, no solo por existir desde el principio de la eternidad, sino también por ser el Creador.
La palabra griega arjē, traducida como “principio” en el Nuevo Testamento, tiene un significado amplio. En Colosenses 1:18, “principio” se refiere a Jesús como la fuente o iniciador de la iglesia y, por lo tanto, su Cabeza. Del mismo modo, él es el “principio” o iniciador de la Creación.
Jesús no solo es el iniciador de la Creación y de la iglesia, sino también el de la nueva Creación en virtud de su resurrección de entre los muertos (Rom. 6:3, 4). Puesto que la paga o consecuencia del pecado es la muerte, su victoria sobre la muerte implica también su victoria sobre el pecado y su poder para recrearnos a su imagen. Todo esto demuestra por qué él es “el primogénito de los muertos” (ver el estudio del lunes acerca del significado de la palabra “primogénito”). La suya es la resurrección preeminente, aunque no la primera cronológicamente (Moisés fue el primero en resucitar, razón por la cual se produjo la disputa con el Diablo por su cuerpo [Jud. 1:9]). Si Cristo no hubiera vencido a la muerte, nadie más podría resucitar.
En este punto es útil repasar brevemente las razones presentadas por Pablo acerca de la preeminencia de Jesús.
- Él es la manifestación perfecta del Dios invisible.
- Él es el Creador de todo lo que existe.
- Él existía antes que todas las cosas, y estas son sostenidas por él.
- Él es la Cabeza de la iglesia, que es su cuerpo.
- Él es el iniciador de la Creación y de la nueva Creación.
- Obtuvo la victoria sobre el pecado y la muerte, lo que le dio el derecho de resucitar a quienes ponen su confianza en él como Salvador.
- Jesús siempre existió, pero ahora tiene la preeminencia como Cabeza de la humanidad y de la iglesia en virtud de lo anterior.
¿Qué cambios deberías hacer para experimentar de manera más plena la preeminencia de Cristo en tu propia vida?
Comentarios Elena G.W
Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Solamente estando en comunión con él diariamente, a cada hora permaneciendo en él, es como hemos de crecer en la gracia. El no es solamente el autor sino también el consumador de nuestra fe. Cristo es el principio, el fin, el todo. Estará con nosotros no solamente al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino (La fe por la cual vivo, 29 de abril, p. 127).
La ley y el evangelio van mano a mano. La una es el complemento del otro. La ley sin fe en el evangelio de Cristo no puede salvar al transgresor. El evangelio sin la ley es ineficaz e impotente. La ley y el evangelio son un todo perfecto. El Señor Jesús puso el fundamento del edificio y colocó «la primera piedra con aclamaciones de gracia, gracia a ella». Zacarías 4:7. El es el Autor y el Consumador de nuestra fe, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Los dos unidos —el evangelio de Cristo y la ley de Dios— producen el amor y la fe genuinos (Nuestra elevada vocación, 15 de mayo, p. 143).
Para él eran uno el presente y el futuro, lo cercano y lo lejano. Tenía en vista las necesidades de toda la humanidad. Ante su mente estaban desplegadas todas las escenas de esfuerzo y progreso humanos, de tentación y conflicto, de perplejidad y peligro. Conocí todos los corazones, todos los hogares, todos los placeres, los gozos y las aspiraciones…
«Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros». Mateo 1:23.
En el Maestro enviado por Dios halla su centro toda verdadera obra educativa. De la obra de hoy, lo mismo que de la que estableció hace mil ochocientos años, el Salvador dice:
«Yo soy el primero y el último».
«Yo soy el Alfa y la Omega, el principio, y el fin». Apocalipsis 1:7, 18; Apocalipsis 21:6.
En presencia de semejante Maestro, de semejante oportunidad para obtener educación divina, es una necedad buscar educación fuera de él, esforzarse por ser sabio fuera de la Sabiduría; ser sincero mientras se rechaza la Verdad; buscar iluminación aparte de la Luz, y existencia sin la Vida; apartarse del Manantial de aguas vivas, y cavar cisternas rotas que no pueden contener agua.
He aquí, él invita aún: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva». «El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna». Juan 7:37, 38; Juan 4:14 (La educación, PP. 74, 75).


