Sábado 28 de febrero – COMPLETOS EN CRISTO

COMPLETOS EN CRISTO

“Por tanto, nadie los juzgue en comida o bebida, o en días de fiesta, nuevas lunas o sábados. Todo esto era sombra de lo que iba a venir, pero la realidad es Cristo” (Col. 2:16, 17).

Sábado: 28 de febrero

COMPLETOS EN CRISTO

¿Te han preguntado alguna vez por qué guardas el sábado? Incluso, es posible que el texto para memorizar de esta semana se haya utilizado como “evidencia” en contra de ello. Sin embargo, ese versículo no se refiere al cuarto Mandamiento, sino a los errores enseñados por algunos falsos maestros de la iglesia. ¿Cuáles eran esos errores?

En primer lugar, Pablo los describe como “filosofías”, “vanas sutilezas”, “tradición de hombres”, “elementos del mundo” y “no según Cristo” (Col. 2:8).

Esta falsa enseñanza también implicaba la circuncisión y la observancia de las festividades religiosas judías (vers. 11, 16), ciertos rituales de purificación tradicionales del judaísmo, reglamentos relacionados con la comida (vers. 16, 21) y la adoración de ángeles o un intento de emular la adoración angélica (vers. 18).

Por último, ella se basaba en “mandatos y enseñanzas de hombres” y posiblemente implicaba prácticas ascéticas (vers. 22, 23).

Estos falsos maestros eran religiosos y sinceros, pero es evidente que entendían erróneamente el evangelio. Esta semana veremos por qué y descubriremos que el versículo para memorizar no tiene nada que ver con la observancia del séptimo día, o sábado semanal, de acuerdo con el cuarto Mandamiento.

Comentarios Elena G.W

El hecho de que no todos los hombres tengan el mismo carácter, no es razón para que se separen. Si somos hijos del rey celestial, no discreparemos tanto que obstaculicemos el camino de los demás.

Es el plan de Dios que sus siervos tengan diversos dones. Es su voluntad que hombres de distintos criterios ingresen en la iglesia para colaborar con él. Tenemos que hacer frente a diferentes opiniones, y se necesitan dones distintos. Los siervos de Dios deben trabajar en perfecta armonía. Le agradezco a Dios porque no somos exactamente iguales, aunque debemos tener el mismo espíritu: El espíritu que moraba en Cristo. El apóstol Juan no era igual al apóstol Pedro. Cada cual tenía que someter sus peculiaridades y suavizar su temperamento, para que pudieran ayudarse mutuamente mediante la fe en la verdad y la santificación que ella produce.

La justicia de Cristo va delante de nosotros. Tenemos que imitar su carácter. Y entonces, ¿qué? La gloria de Jehová será nuestra retaguardia. Nuestro Jefe va adelante de nosotros, y mientras lo seguimos nos imparte su justicia que se revela en nosotros mediante una vida bien ordenada y una piadosa conversación. La fe y las obras nos hacen cristianos, y nos preparan para sentarnos en lugares celestiales con Cristo.

¿Está dividido Cristo? No. Si Cristo mora en un alma no discutirá con el Cristo que mora en otra alma. Tenemos que aprender a tolerar las particularidades de los que nos rodean. Si nuestra voluntad está dirigida por Cristo, ¿cómo podremos discrepar con nuestros hermanos? Si ello ocurre, es evidente que el yo tiene que ser crucificado. Aquél a quien Cristo otorga libertad es verdaderamente libre. No estamos completos en Cristo a menos que nos amemos como el Señor nos amó. Cuando lo hagamos, tal como Cristo nos lo ordenó, daremos evidencias de que estamos completos en él.

Debemos tener la fe que los profetas predijeron y que predicaron los apóstoles: La fe que obra por el amor y purifica el alma (Cada día con Dios, 10 de septiembre, p. 260).

El Señor Jesús obra mediante el Espíritu Santo porque es su representante. Mediante él infunde vida espiritual al alma, aviva sus energías para el bien, limpia de la contaminación moral y capacita para su reino.

Jesús tiene abundantes bendiciones para derramar, ricos dones para distribuir entre los hombres. El es el Consejero admirable, infinito en sabiduría y fortaleza, y si reconocemos el poder de su Espíritu y nos sometemos para ser moldeados por él, estaremos completos en él. ¡Qué pensamiento es este! En Cristo «habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente. Y en él estáis cumplidos». Colosenses 2:9, 10 (Nuestra elevada vocación, 26 de mayo, p. 154).

Elena G.W

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