LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS
“Que su palabra sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo conviene responder a cada uno” (Col. 4:6).
Martes: 17 de marzo
RELACIONES LABORALES
Lee Colosenses 3:22-25 y 4:1. ¿Qué instrucciones son dadas a los esclavos? ¿Qué principios hay aquí para las relaciones laborales en general?
Colosenses 3:22-25
22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. 23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; 24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. 25 Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.
Colosenses 4:1
1 Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.
En la actualidad, se cita a veces lo que Pablo dice acerca de la esclavitud para relegar al pasado algunos de los consejos de la Biblia o para desacreditarla por completo, pero eso significa ignorar o pasar por alto los contextos históricos del Israel del Antiguo Testamento y de la iglesia del Nuevo Testamento. Los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios y, como todas sus criaturas inteligentes, dotados de libertad. Las leyes mosaicas prohibían la esclavitud de por vida (Deut. 15:12) y estipulaban seis años como plazo máximo de servicio para saldar deudas financieras (Éxo. 21:2-6; Lev. 25:39-43). La esclavitud descrita en la ley mosaica, por repugnante que resulte para el pensamiento moderno, no se asemejaba normalmente a las abominables prácticas esclavistas del mundo occidental, que han sido una plaga y un horrible crimen contra la humanidad.
En los tiempos del Nuevo Testamento, la iglesia tenía que actuar dentro del marco del derecho romano, que permitía poseer esclavos, “pero, a diferencia de las formas modernas de esclavitud, la ley romana otorgaba a los esclavos considerables derechos y oportunidades, y el intento de anular la práctica podría haber amenazado el avance del evangelio” (Clinton Wahlen y Wagner Kuhn, “Cultura, hermenéutica y Escritura: Cómo discernir lo que es universal”, en Hermenéutica bíblica: El enfoque adventista, ed. Frank Hasel [Doral, FL: IADPA, 2023], p. 185).
De hecho, en el contexto de la iglesia, y a diferencia de lo que ocurría en el Imperio Romano, la primera obligación del esclavo era para con el Señor. Además, sus amos tenían instrucciones de tratarlos con justicia, “sabiendo que también ustedes tienen un Amo en el cielo” (Col. 4:1). Sumado a eso, Pablo pidió a Filemón que ya no tratara a Onésimo como su esclavo, sino como su hermano (File. 1:16). En realidad, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, los creyentes son llamados esclavos o siervos de Dios (ver, por ejemplo, Sal. 34:22; Luc. 17:10; 1 Ped. 2:16).
Aunque no nos agraden las circunstancias culturales en las que vieron la luz algunos textos bíblicos, debemos aceptar la autoridad del propio texto. Lo contrario significaría colocarnos a nosotros mismos y a nuestra cultura por encima de las Escrituras. La mejor opción es examinar todo lo que la Biblia dice con respecto a un tema antes de arribar a una conclusión sobre lo que la Biblia dice sobre el particular.
Considera cómo podría aplicarse este texto a tus relaciones laborales. ¿Cómo podrían ayudarte sus principios como jefe o como empleado?
Comentarios Elena G.W
Entre los discípulos que sirvieron a Pablo en Roma estaba Onésimo, un esclavo fugitivo de la ciudad de Colosas. Pertenecía a un cristiano llamado Filemón… Había robado a su amo y escapado a Roma… En la bondad de su corazón, el apóstol trató de aliviar al desdichado fugitivo en su pobreza y desgracia, y procuró derramar la luz de la verdad en su mente entenebrecida. Onésimo escuchó atentamente las palabras de vida que una vez había despreciado y se convirtió a la fe de Cristo. Ahora confesó su pecado contra su amo, y aceptó agradecido el consejo del apóstol.
Onésimo se hizo apreciar por Pablo en virtud de su piedad, mansedumbre y sinceridad, no menos que por su tierno cuidado por la comodidad del apóstol y su celo en promover la causa del evangelio. Pablo vio en él rasgos de carácter que lo capacitarían para ser un colaborador útil en la obra misionera, y con gran alegría lo habría tenido con él en Roma. Pero no haría esto sin el total consentimiento de Filemón. Por lo tanto decidió que Onésimo debía volver enseguida a su amo… Fue una prueba severa para este siervo entregarse así a su amo, a quien había perjudicado, pero estaba verdaderamente convertido y, por penoso que fuera, no desistió de cumplir con este deber. Pablo hizo a Onésimo el portador de una carta a Filemón, en la cual, con gran tacto y bondad, defendía la causa del esclavo arrepentido y expresaba sus propios deseos en cuanto a Onésimo…
Le solicitó a Filemón que lo recibiera como a su propio hijo. Expresó su deseo de retener a Onésimo como uno que podía servirle durante su encarcelamiento, como Filemón mismo lo hubiera hecho. Pero no deseaba sus servicios a menos que Filemón por propia iniciativa dejara al esclavo libre, porque pudo ser que en la providencia de Dios Onésimo había huido de su amo por un tiempo de una forma tan impropia, que, estando convertido, pudiera en su regreso ser perdonado y recibido con tal afecto, que eligiera permanecer con Filemón desde entonces, «no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado». Filemón 16…
¡Qué adecuada ilustración del amor de Cristo hacia el pecador arrepentido! Así como el siervo que había defraudado a su amo no tenía nada con qué hacer la restitución, así los pecadores que han robado a Dios años de servicio no tienen medios de cancelar su deuda. Jesús se interpone entre ellos y la justa ira de Dios, y dice: «Yo pagaré la deuda. Perdona el castigo de su culpa; yo sufriré en su lugar» (Ser semejante a Jesús, 25 de diciembre, p. 366).


