Miércoles 18 de marzo – ORANDO UNOS POR OTROS – LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS

LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS

“Que su palabra sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo conviene responder a cada uno” (Col. 4:6).

Miércoles: 18 de marzo

ORANDO UNOS POR OTROS

Lee Colosenses 4:2-4. ¿Qué principios encuentras en estos versículos acerca de la oración? ¿Qué peticiones hace Pablo?

 

Colosenses 4:2-4

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.

Algunas de las palabras más importantes que podemos decir a alguien que está luchando con problemas de diversa índole, ya sean familiares, financieros, de salud o de cualquier otro tipo, son: “Oro por ti”. Este es el medio de conectividad e interactividad elegido por el Cielo. “Forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así” (Elena de White, El conflicto de los siglos [Florida: ACES, 2015], p. 580).

Observa las impactantes descripciones de la oración que utiliza Pablo: “Perseveren”, “velando” y “con acción de gracias”, lo que indica que está escribiendo sobre una oración de fe (Col. 4:2). Nos dice que oremos “en todo tiempo” (Efe. 6:18) y “sin cesar” (1 Tes. 5:17). Lo más asombroso es que, aunque “no sabemos pedir lo que conviene […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom. 8:26).

Lee nuevamente Colosenses 4:3. ¿Qué “puerta para la palabra” podría abrir Dios para que compartas tu fe? 

 

Colosenses 4:3

orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,

Significativamente, Pablo también oraba para tener las palabras adecuadas antes de hablar. A veces, cuando leemos sus cartas o sus discursos en el libro de los Hechos, imaginamos que el apóstol era siempre elocuente, sin dudar nunca acerca de qué debía decir. Pero aquí pide oración para poder proclamar el mensaje “claramente” (Col. 4:4). También utiliza una palabra griega muy importante (dei) en la última frase del versículo, que podría traducirse “como debo hablar”, lo cual señala la necesidad divina de la labor de proclamar el evangelio. Pablo reconocía la importancia de presentar el mensaje a personas de los más altos niveles del gobierno romano, incluida la casa del César.

“No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultiven el hábito de conversar con el Salvador cuando estén solos, cuando estén caminando o cuando estén ocupados en vuestro trabajo cotidiano. Elévese el corazón de continuo en silenciosa petición de ayuda, luz, fuerza, conocimiento. Sea cada respiración una oración” (Elena de White, El ministerio de curación, p. 408).

Comentarios Elena G.W

No comprendemos la grandeza y la majestad de Dios ni recordamos la inconmensurable distancia que hay entre el Creador y las criaturas formadas por su mano. El que se sienta en los cielos, blandiendo el cetro del universo, no juzga de acuerdo con nuestras normas finitas, ni evalúa en armonía con nuestros cómputos. Nos equivocamos si pensamos que lo que nosotros consideramos grande debe ser grande delante de Dios, y que lo que nosotros consideramos pequeño debe serlo delante de él…

No hay pecado pequeño a la vista de Dios. Los pecados que el hombre está dispuesto a considerar pequeños pueden ser los que Dios considera grandes crímenes. Se desprecia al ebrio y se le dice que su pecado lo excluirá del cielo, mientras el orgullo, el egoísmo y la codicia no reciben reprensión. Pero estos pecados son especialmente ofensivos para Dios… Necesitamos discernimiento claro, para medir el pecado de acuerdo con la norma de Dios y no con la nuestra. Tomemos como regla no las opiniones humanas, sino la Palabra divina.

Ahora, mientras dura el tiempo de gracia, no le incumbe a uno pronunciar sentencia contra los demás, y considerarse un hombre modelo. Cristo es nuestro modelo; imitadle, asentad vuestros pies en sus pisadas. Podéis profesar seguir todo punto de la verdad presente, pero a menos que practiquéis esas verdades, de nada os valdrá. No hemos de condenar a los demás; tal no es nuestra obra, sino que debemos amarnos unos a otros, y orar unos por otros. Cuando vemos a uno apartarse de la verdad, podemos llorar por él como Cristo lloró sobre Jerusalén. Veamos lo que dice nuestro Padre celestial en su Palabra acerca de los que yerran: «Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado». Gálatas 6:1…

Jesús se interesa en cada uno como si no hubiese otra persona en toda la tierra. Como Dios, ejerce gran poder en nuestro favor, mientras que como Hermano mayor nuestro, siente todas nuestras desgracias. La Majestad del cielo no se mantuvo alejada de la humanidad degradada y pecaminosa. No tenemos Sumo Sacerdote tan ensalzado y encumbrado, que no pueda fijarse en nosotros o simpatizar con nosotros, sino que fue tentado en todas las cosas como nosotros, aunque sin pecar (God’s Amazing Grace, p. 78; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 11 de marzo, p. 78).

«Confiesen sus ofensas unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados» de todas las flaquezas espirituales, para que las disposiciones pecaminosas puedan ser cambiadas ver. Santiago 5:16. Hagan una obra diligente para la eternidad. Oren de la manera más ferviente al Señor y manténganse firmes en la fe. No confíen en el brazo de carne, sino confíen implícitamente en la dirección del Señor. Que cada uno diga ahora: «En cuanto a mí, saldré, y me separaré del mundo. Serviré al Señor con todo mi corazón» (Ser semejante a Jesús, 15 de noviembre, p. 326).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas