Sábado 9 de mayo – LA ORACIÓN

LA ORACIÓN

«Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón. Dios es nuestro refugio» (Sal. 62: 8).

Sábado: 9 de mayo

LA ORACIÓN

¿Cómo es tu vida de oración? ¿Con qué frecuencia oras? ¿Con cuánto fervor? ¿Con qué expectación? ¿Oras a diario o solo en situaciones de emergencia? Tus oraciones ¿son siempre de petición o también alabas a Dios en ellas?

Además, ¿oras de mañana, antes de comer y quizás a lo largo de tu ajetreado día? Tal vez hayas formado parte de un grupo de oración regular o incluso hayas orado ininterrumpidamente de manera mental a lo largo del día. ¿Has experimentado por medio de la oración el poder y la presencia transformadora de Dios en tu vida?

La oración es la conexión constante entre nosotros (los sarmientos o ramas) y Jesús (la Vid). «Si queremos crecer y fructificar, tenemos que absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella no tenemos fuerza» (Elena G. de White, Primeros escritos, p. 104). He allí la bendición de la oración permanente. Dios nos escucha y siempre responde a su tiempo y de la manera perfecta, aunque no siempre como esperamos.

Esta semana estudiaremos el ejemplo de otros personajes bíblicos y consideraremos formas prácticas de fortalecer la oración en nuestra vida diaria.

Comentarios Elena G.W

Un profundo sentido de nuestra necesidad y un gran deseo de recibir las cosas que pedimos deben caracterizar nuestras oraciones, de lo contrario no serán oídas. Pero no debemos cansarnos y dejar de pedir porque nuestras oraciones no reciban una respuesta inmediata. “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Mateo 11:12. Aquí se entiende por violencia un santo fervor, como el que manifestó Jacob. No necesitamos procurar ponernos en un estado de intensa excitación, sino que debemos presentar nuestras peticiones calmada pero persistentemente delante del trono de la gracia. Nuestra obra consiste en humillar nuestra alma delante de Dios, en confesar nuestros pecados y en acercarnos con fe a Dios… El propósito de Dios es manifestarse a sí mismo en su providencia y en su gracia. El objeto de nuestras oraciones debe ser la gloria de Dios y no la glorificación de nosotros mismos.

Dios nos ha honrado mostrándonos cuánto nos valora. Fuimos comprados por la sangre preciosa del Hijo de Dios. Cuando su heredad siga conscientemente la palabra del Señor, su bendición descansará sobre ella como respuesta a sus oraciones. “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”. Joel 2:12-13

El alma, mediante la oración secreta, debe abrirse a la inspección del ojo de Dios… Cuán preciosa es la oración secreta por medio de la que el alma entra en comunión con Dios. La oración secreta debe ser escuchada únicamente por el oído de Dios. Ningún oído curioso debe recibir la carga de peticiones. Calmada, pero fervientemente, el alma deberá dirigirse a Dios, y dulce y permanente será la influencia que emana de Aquel que ve en secreto, cuyo oído está abierto a la oración que brota del corazón. El que en fe sencilla mantiene comunión con Dios, allegará para sí divinos rayos de luz para fortalecerlo y sostenerlo en el conflicto con Satanás (Dios nos cuida, 25 de mayo, p. 154).

La oración en familia y la que se hace en público tienen su lugar; pero es la comunión secreta con Dios la que sostiene la vida del alma. Fue en el monte con Dios donde Moisés contempló el modelo de aquel edificio maravilloso que había de ser morada de la gloria divina. Es en el monte con Dios —el lugar secreto de comunión— donde hemos de contemplar su glorioso ideal para la humanidad. Así seremos habilitados para dirigir de tal manera la edificación de nuestro carácter que se realice para nosotros la promesa: “Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo”. 2 Corintios 6:16…

La oración es el aliento del alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituida por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo, la salud del alma. La oración pone al corazón en inmediato contacto con la Fuente de la vida, y fortalece los tendones y músculos de la experiencia religiosa. Descuídese el ejercicio de la oración, u órese irregularmente, de vez en cuando, según parezca propio, y se perderá la fortaleza en Dios. Las facultades espirituales perderán su vitalidad, la experiencia religiosa carecerá de salud y vigor (Obreros evangélicos, pp. 267, 268).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas