Martes 2 de junio – ARREPENTIMIENTO GENUINO – ARREPENTIMIENTO Y PERDÓN

ARREPENTIMIENTO Y PERDÓN

«Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1: 9).

Martes: 2 de junio

ARREPENTIMIENTO GENUINO

El mundo secular nos bombardea con mensajes que instan a la autonomía individualista, a la indulgencia y al ensalzamiento propio ante los demás, lo contrario de la invitación de Dios al servicio y la mansedumbre (Mat. 5: 5). Curiosamente, las primeras palabras registradas en la Biblia por Juan el Bautista y Jesús fueron similares. Juan dijo: «¡Arrepiéntanse, que el reino de los cielos se ha acercado!» (Mat. 3: 1, 2). Jesús dijo: «El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse, y crean al evangelio!» (Mar. 1: 14, 15; ver también Luc. 24: 46, 47). Tanto Jesús como Juan llamaron a sus oyentes a arrepentirse porque el Reino de los Cielos estaba cerca. ¿Es ese mensaje relevante para nosotros hoy?

Lee Hechos 3: 18 y 19. ¿Por qué es tan importante el arrepentimiento en el proceso de crecimiento espiritual? ¿Qué es un tiempo de «refrigerio», «consuelo» (RVR 95) o «descanso» (NVI)?

 

Hechos 3: 18-19

18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

La bondad de Dios nos lleva al arrepentimiento (Rom. 2: 4), que implica dos pasos: (1) el dolor sincero por las faltas cometidas; y (2) la decisión honesta de abandonar el pecado. En la Biblia, el arrepentimiento casi siempre está relacionado con el perdón. Dios nos perdona cuando nos arrepentimos genuinamente. Es así de sencillo (1 Juan 1: 9; Apoc. 3: 19). «El Señor no demora en cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que es paciente con nosotros, porque no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Ped. 3: 9). Mientras nos preparamos personalmente para la Segunda Venida, Dios nos da tiempo para poner nuestras cosas en orden con él.

Jesús sufrió, murió y resucitó para que su gracia pueda obrar un milagro en nuestra vida cuando nos arrepentimos. Contrariamente al mundo, que nos dice que no necesitamos hacer ningún cambio en nuestra vida, Dios nos pide que vayamos a él arrepentidos y con fe (Hech. 20: 21), y que nos pongamos en sus manos para que él pueda podar y hermosear nuestros caracteres haciéndolos semejantes al suyo a fin de que demos testimonio de él (Juan 15: 2, 8). Es así como crecemos y producimos el fruto resultante del arrepentimiento (Mat. 3: 8).

«Ningún arrepentimiento que no obre una reforma es genuino. La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 522).

El arrepentimiento conduce a la vida (Hech. 11: 18) y es una parte vital del crecimiento en la relación con Dios. ¿Cuál de los tres pasos del proceso divino de desarrollo (sumisión a Dios, arrepentimiento y autorización para ser podado) es el más desafiante para ti?

 

Hechos 11: 18

18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

Comentarios Elena G.W

Hay muchos que tienen ideas erróneas con respecto a la naturaleza del arrepentimiento. Piensan que no pueden ir a Cristo a menos que se arrepientan primero, y que el arrepentimiento los prepara para el perdón de sus pecados. Es verdad que el arrepentimiento precede al perdón de los pecados; porque solo el corazón contrito y quebrantado es el que sentirá la necesidad de un Salvador.

Pero, ¿deben esperar los pecadores hasta que se arrepientan antes de que puedan ir a Jesús? ¿Debe ser el arrepentimiento un obstáculo entre el pecador y el Salvador? Dijo Jesús: «Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo». Juan 12:32. Cristo está constantemente atrayendo gente hacia sí mismo, mientras que Satanás está buscando con diligencia cada estratagema imaginable para alejarlos de su Redentor. Cristo debe ser revelado a los pecadores como el Salvador que muere por los pecados del mundo; y mientras contemplan al Cordero de Dios en la cruz del Calvario, los misterios de la redención comienzan a desplegarse a la mente, y la bondad de Dios los conduce al arrepentimiento.

Aunque el plan de salvación requiere el estudio más profundo del filósofo, no es demasiado profundo para la comprensión de un niño. Al morir por los pecadores, Cristo manifestó un amor que es incomprensible; y al contemplar este amor, el corazón queda impresionado, la conciencia se despierta y el alma es llevada a preguntarse: «¿Qué es el pecado, que requiere semejante sacrificio para la redención de su víctima)»  El apóstol Pablo dio instrucciones con respecto al plan de salvación. Declaró: «Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo». Hechos 20:20, 21. Juan, hablando del Salvador, dice: «Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él». 1 Juan 3:5.

Los pecadores deben ir a Cristo, porque lo ven como su Salvador, su único Ayudador, con el fin de que puedan ser capacitados para arrepentirse; porque si se pudieran arrepentir sin ir a Cristo, también podrían salvarse sin Cristo. Es la virtud que sale de Cristo la que los conduce al arrepentimiento verdadero… El arrepentimiento es tanto un don de Dios como el perdón, y no puede encontrarse en el corazón en el que no ha trabajado Jesús. No somos más capaces de arrepentirnos sin que el Espíritu de Cristo despierte la conciencia, de lo que podemos ser perdonados sin Cristo. Cristo atrae al pecador por medio de la manifestación de su amor en la cruz, y esto ablanda el corazón, impresiona la mente e inspira contrición y arrepentimiento en el alma (To Be Like Jesus, p. 372; parcialmente en Ser semejante a Jesús, 20 de diciembre, p. 361).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas