Jueves 4 de junio – LA VESTIDURA MÁS COSTOSA – ARREPENTIMIENTO Y PERDÓN

ARREPENTIMIENTO Y PERDÓN

«Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1: 9).

Jueves: 4 de junio

LA VESTIDURA MÁS COSTOSA

La ropa costosa y elegante define con frecuencia a los ricos, según los criterios mundanos. Algunas personas dicen: «Me visto así para mostrar quién soy». Pero en el Cielo, solo nuestras relaciones permanecerán (Mat. 6: 19-21). Nuestra identidad personal debe estar envuelta en Jesús y en su perfecto manto de justicia.

Lee en Mateo 22: 1 al 14 la parábola que Jesús contó para explicar esto. ¿Qué mensajes puedes encontrar en ella?

 

Mateo 22: 1-14

1 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas estos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

Jesús llamó «amigo» al hombre que estaba sin la vestimenta adecuada para la fiesta de boda. A pesar del silencio de aquel hombre ante la observación, existía sin duda una relación entre ambos. El hombre conocía seguramente la vestimenta apropiada para la ocasión, pero había decidido no usarla. El carácter de Jesús es perfecto e inmaculado, y nos lo ofrece para que nos vistamos «de lino fino, limpio y resplandeciente» (Apoc. 19: 8), «sin mancha ni arruga ni cosa semejante» (Efe. 5: 27).

El lino blanco «es la justicia de Cristo, su propio carácter sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador personal» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 256).

Adán y Eva vestían un manto blanco de tenue luz antes de pecar, después de lo cual se dieron cuenta de que estaban desnudos (Gén. 3: 7). Entonces Dios sustituyó la túnica de hojas de higuera hecha por ellos por una vestidura hecha con pieles de animales, lo que requirió un sacrificio. De manera semejante, aceptamos el sacrificio de Jesús al aceptar su manto de justicia. «Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse. […]

»Nadie puede fabricar alguna prenda que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera, ningún vestido común a la costumbre mundana, podrán emplear aquellos que se sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero.

»Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará ese manto, esa ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 257).

Debemos revestirnos diariamente con el manto de justicia de Jesús. ¿Qué significa esto y cómo podemos hacerlo?

Comentarios Elena G.W

Cuando un hombre se aparta de las imperfecciones humanas y contempla a Jesús, se realiza en su carácter una transformación divina. Fija sus ojos sobre Cristo como sobre un espejo que refleja la gloria de Dios y al contemplarlo, se transforma a la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor…

Apartad vuestros ojos de las imperfecciones de otros, y fijadlos firmemente en Cristo. Estudiad su vida y carácter con corazón contrito. Necesitáis no solo ser iluminados, sino vivificados para que podáis ver el banquete que está delante de vosotros y para que comáis y bebáis la carne y sangre del Hijo de Dios, que es su Palabra. Gustando la buena Palabra de vida, alimentándoos con el Pan de vida, podréis ver el poder de un mundo venidero y ser nuevas criaturas en Cristo Jesús. Si recibís sus dones, si sois renovados en santidad, su gracia producirá en vosotros frutos para gloria de Dios.

El Espíritu Santo revela a Cristo en la mente y la fe se posesiona de él. Si aceptáis a Cristo como a vuestro Salvador personal, conoceréis por experiencia el valor del gran sacrificio hecho en vuestro favor en la cruz del Calvario. El Espíritu de Cristo, al obrar sobre el corazón, lo conforma a su imagen; pues Cristo es el modelo sobre el cual trabaja el Espíritu. Mediante el ministerio de su Palabra, sus providencias, su obra interior, Dios estampa la semejanza de Cristo en el alma.

Poseer a Cristo es vuestra primera obra, y revelarlo como Aquel que puede salvar hasta lo sumo a todos los que se le allegan, es vuestra obra que le sigue en importancia. Servir al Señor de todo corazón es honrar y glorificar su nombre ocupándoos de cosas santas, teniendo la mente llena de las verdades vitales reveladas en su santa Palabra.

La bondad, la humildad, la mansedumbre y el amor son los atributos del carácter de Cristo. Si tenéis el espíritu de Cristo, vuestro carácter se modelará a semejanza del suyo (That I May Know Him, p. 94; parcialmente en A fin de conocerle, 29 de marzo, p. 94).

La verdadera santificación une a los creyentes a Cristo y a los unos con los otros mediante lazos de tierna simpatía. Esta unión permite que fluyan continuamente del corazón ricas corrientes de amor cristiano que vuelven a surgir en amor mutuo.

Las cualidades esenciales que todos debemos poseer son las que señalaron la perfección del carácter de Cristo: su amor, su paciencia, su generosidad y su bondad…

Es el mayor y más fatal de los engaños suponer que alguien tenga fe en la vida eterna sin manifestar un amor por sus hermanos que sea semejante al de Cristo. Quien ame a Dios y a su prójimo está lleno de luz y amor. Dios está en él al mismo tiempo que lo envuelve. Los cristianos aman a los que están en torno de ellos como almas preciosas por las cuales Cristo murió. El cristiano sin amor no existe; «porque Dios es amor» (Cada día con Dios, 20 de septiembre, p. 272).

Elena G.W

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