Sábado 20 de junio – Hacia la Eternidad

Hacia la Eternidad

«Amados, ahora ya somos hijos de Dios; y, aunque no se ve aún lo que hemos de ser, sabemos que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él, porque lo veremos como es él» — 1 Juan 3:2

Sábado: 20 de Junio

Hacia la Eternidad

¿Qué te depara el futuro? Ese interrogante puede resultarte desalentador, emocionante, aterrador o maravilloso. Cualquiera que sea el caso, recuerda que Jesús es fiel y que sus palabras son dignas de confianza (Apoc. 3:14). Vendrán tiempos turbulentos (Mat. 24:21, 22), pero él ha prometido que nunca te dejará ni te desamparará (Heb. 13:5). Él hará exactamente lo que prometió, pues siempre ha cumplido y cumplirá sus promesas (Heb. 10:23). «El que persevere hasta el fin, ese será salvo» (Mat. 24:13).

Independientemente de cuánto tiempo nos quede en la Tierra, debemos fijar nuestros ojos en Jesús. Esto no siempre resulta fácil en un mundo que clama por nuestra atención, pero podemos decir como David: «Mis ojos están siempre vueltos hacia el Señor, porque él sacará mis pies de la red» (Sal. 25:15).

Esta semana conoceremos la recompensa del Cielo (Mat. 5:12; Apoc. 22:12); es decir, cómo será ese lugar y la maravillosa experiencia de estar finalmente con aquel que nos creó, nos amó hasta la muerte, nos ha redimido de nuestro pecado y pronto regresará. Debemos esperar con fe hasta entonces.

Comentarios Elena G.W

Nuestra obra terrena pronto concluirá, y cada persona recibirá su recompensa según sus obras. Se me mostró la recompensa de los santos, la herencia inmortal, y vi que quienes habían soportado más por causa de la verdad no pensarán en las tribulaciones y dificultades que tuvieron que soportar, sino que pensarán que el cielo vale mucho más que sus padecimientos.

Cada día lleva su carga de anotaciones, de deberes incumplidos, negligencias, egoísmos, engaños, fraudes y estafas. ¡Qué cantidad de obras malas se está acumulando para el juicio final! Cuando Cristo venga, “su recompensa con él, y delante de él su obra” (Isaías 62:11), para pagar a cada uno según fueren sus obras, ¡qué revelación se hará entonces! ¡Qué vergüenza para aquellos cuyos actos aparezcan revelados en las páginas de la historia!

Toda buena obra y toda mala acción y su influencia sobre otros, es rastreada por el Escudriñador de los corazones, ante quien queda revelado todo secreto. Y la recompensa será de acuerdo con los motivos que impulsaron cada acción.

La venida de Cristo se acerca apresuradamente. El tiempo que nos queda para trabajar es corto, y hay hombres y mujeres que perecen… Es necesario que la potencia convertidora de Dios tome posesión de nosotros, para que podamos comprender las necesidades de un mundo que perece. El mensaje que estoy encargada de anunciaros es este: Preparaos, preparaos para el encuentro con el Señor. Aderezad vuestras lámparas y que la luz de la verdad brille en las encrucijadas y los vallados. Hay un mundo entero que espera le sea anunciada la proximidad del fin de todas las cosas.

Procuremos una nueva conversión. Necesitamos de la presencia del Santo Espíritu de Dios para enternecer nuestros corazones y evitar un espíritu duro en nuestro trabajo. Ruego a Dios que su Santo Espíritu tome plena posesión de nuestros corazones. Procedamos como hijos de Dios, que buscan su consejo y están listos para seguir sus planes dondequiera que les sean presentados. Dios será glorificado por un pueblo tal y los testigos de nuestro celo dirán: Amén, amén.— Maranata: el Señor viene, 31 de octubre, p. 321


Dios impone positivamente a todos sus seguidores el deber de beneficiar a otros con su influencia y recursos… Al obrar por los demás, se experimentará una dulce satisfacción, una paz íntima que será suficiente recompensa… Esto les proporcionará algo más que una recompensa terrenal; porque todo cumplimiento fiel y abnegado del deber es notado por los ángeles, y resplandece en el registro de la vida. En el cielo nadie pensará en sí mismo, ni buscará su propio placer; sino que todos, por amor puro y genuino, procurarán la felicidad de los seres celestiales que los rodeen. Si deseamos disfrutar de la sociedad celestial en la tierra renovada, debemos ser gobernados aquí por los principios celestiales.— In Heavenly Places, p. 233; parcialmente en En los lugares celestiales, 14 de agosto, p. 235

Elena G.W

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