Domingo 11 de octubre – La humanidad de los profetas – Profetas del Antiguo Testamento

Profetas del Antiguo Testamento

«Josafat se puso en pie y dijo: “Óiganme, Judá y habitantes de Jerusalén: crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados”» — 2 Crónicas 20:20

Domingo: 11 de octubre

La humanidad de los profetas

Como vimos la semana pasada, el Señor utilizó al profeta Elías para realizar una grandiosa obra en Israel a pesar de la feroz oposición que debió enfrentar. Lo que el Señor había logrado por medio de él era increíble. Sin embargo, lo que sucedió después es difícil de creer.

Reflexiona acerca de cómo presenta Santiago al profeta Elías en Santiago 5:17-18. ¿Qué quiso decir al afirmar que Elías «era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras»?
Santiago 5:17-18 — RV6017 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Elías tuvo un éxito notable en el monte Carmelo (1 Rey. 18), donde Dios obró de manera poderosa por medio de él y ocurrió uno de los milagros más asombrosos de la historia del Antiguo Testamento: en respuesta al clamor de Elías, ¡el fuego descendió del cielo! (1 Rey. 18:38). Se podría pensar que este hombre de Dios se sintió sumamente feliz después de algo así.

Lee 1 Reyes 19:1-16. ¿Qué dice el texto acerca del estado emocional del profeta de Dios?
1 Reyes 19:1-16 — RV601 Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15 Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar.

«Basta ya, Señor, quita mi vida, que no soy mejor que mis padres» (1 Rey. 19:4). ¿Cómo se explica ese aparente episodio de depresión? Lo que ocurrió en el monte Carmelo sería difícil de superar.

Quizá la clave del estado de ánimo de Elías se encuentre en sus palabras: «Sentí un vivo celo por el Señor Dios Todopoderoso, porque los israelitas han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a tus profetas. Solo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1 Rey. 19:10). Sus palabras parecen un lamento por lo que percibía como el fracaso en su ministerio. Es decir, la apostasía seguía presente a pesar de sus mejores esfuerzos. Sea lo que fuere que le estaba ocurriendo, resulta evidente la humanidad y fragilidad de este hombre de Dios. En otras palabras, Elías era un hombre que tenía una naturaleza como la nuestra (Sant. 5:17).

¿Por qué sentimos a veces que hemos fracasado en la vida o que nuestros esfuerzos han sido en vano? ¿Qué promesas bíblicas pueden ayudarnos a superar el desánimo?

Comentarios Elena G.W

Parecería que, después de haber manifestado valor tan indómito y de haber triunfado tan completamente sobre el rey, los sacerdotes y el pueblo, Elías ya no podría ceder al desaliento ni verse acobardado por la timidez. Pero el que había sido bendecido con tantas evidencias del cuidado amante de Dios, no estaba exento de las debilidades humanas, y en esa hora sombría le abandonaron su fe y su valor… Si hubiese permanecido donde estaba, si hubiese hecho de Dios su refugio y fortaleza y quedado firme por la verdad, habría sido protegido de todo daño. El Señor le habría dado otra señalada victoria enviando sus castigos contra Jezabel…

A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios… Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida…

Para los desalentados hay un remedio seguro en la fe, la oración y el trabajo. La fe y la actividad impartirán una seguridad y una satisfacción que aumentarán de día en día… En los días más sombríos, cuando en apariencia hay más peligro, no temáis. Tened fe en Dios. Él conoce vuestra necesidad. Tiene toda potestad. Su compasión y amor infinitos son incansables… Y otorgará a sus fieles siervos la medida de eficiencia que su necesidad exige…

¿Desamparó Dios a Elías en su hora de prueba? ¡Oh, no! Amaba a su siervo, tanto cuando Elías se sentía abandonado de Dios y de los hombres como cuando, en respuesta a su oración, el fuego descendió del cielo e iluminó la cumbre de la montaña— Conflicto y valor, 26 de julio, p. 213


Aunque el lugar del monte Horeb al cual Elías se había retirado era un sitio oculto para los hombres, era conocido por Dios; y el profeta cansado y desalentado, no fue abandonado para que luchase solo con las potestades de las tinieblas que le apremiaban…

Dios preguntó a su siervo: “¿Qué haces aquí, Elías?” Te mandé al arroyo Querit, y después a la viuda de Sarepta. Te ordené que volvieses a Israel y te presentases ante los sacerdotes idólatras en el monte Carmelo; luego te ceñí de fortaleza para guiar el carro del rey hasta la puerta de Jezreel. Pero ¿quién te mandó huir apresuradamente al desierto? ¿Qué tienes que hacer aquí?…

Mucho depende de la actividad incesante de los que son fieles y leales; y por esta razón Satanás hace cuanto puede para impedir que el propósito divino sea realizado mediante los obedientes. Induce a algunos a olvidar su alta y santa misión y a hallar satisfacción en los placeres de esta vida… A otros los induce a huir de su deber, desalentados por la oposición o la persecución… A todo hijo de Dios cuya voz el enemigo de las almas ha logrado silenciar, se le dirige la pregunta: “¿Qué haces aquí?” Te ordené que fueses a todo el mundo y predicases el evangelio, a fin de preparar a un pueblo para el día de Dios. ¿Por qué estás aquí?— Conflicto y valor, 27 de julio, p. 214

Elena G.W

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