Revelación e inspiración
«La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» — Apocalipsis 1:1-2
Jueves: 29 de octubre
Representaciones, símbolos y parábolas
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6).
En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.).
En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá. Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9).
Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia.
Comentarios Elena G.W
El gran Maestro proclamaba la verdad a la humanidad, y muchos de sus oyentes no podían ser educados en las escuelas de los rabinos ni en la filosofía griega. Cristo pronunciaba la verdad de una manera sencilla y directa, dando fuerza vital a cada una de sus declaraciones y haciéndolas impresionantes…
Los rabinos y maestros habían cerrado virtualmente el reino de los cielos a los pobres y afligidos, dejándolos perecer. En sus discursos Cristo no presentaba delante de ellos muchas cosas a la vez, no fuera que su mente se confundiese. Hizo que cada punto fuera claro y distinto…
Cristo fue el inspirador de toda antigua gema de verdad. Por medio de la obra del enemigo estas verdades habían sido desplazadas. Se las había desconectado de su verdadera posición y colocado dentro de una estructura de error. La obra de Cristo consistió en reajustar y establecer las preciosas gemas en el marco de la verdad. Los principios de verdad que fueron dados por él para bendecir al mundo habían sido sepultados y, aparentemente, se habían extinguido. Cristo los rescató de entre el escombro del error, les otorgó una nueva fuerza vital y determinó que resplandecieran como preciosas joyas destinadas a brillar para siempre. Cristo podía referir cualquiera de estas antiguas verdades sin que se lo acusara de plagio, pues él era el originador de todas ellas…
A medida que Jesús presentaba estas verdades a las mentes, alteró lo menos posible su acostumbrado estilo de pensamiento… El Señor despertó sus mentes al presentarles la verdad utilizando los elementos de asociación que les resultaban más familiares. Empleó ilustraciones en su enseñanza que despertaban los recuerdos y simpatías más puros para así poder alcanzar el templo interior del alma. Al identificarse con sus intereses, extrajo ilustraciones del libro de la naturaleza, empleando conceptos que resultaban familiares para todos: los lirios del campo, la semilla, la siembra, el sembrador, la cosecha del grano, las aves del cielo: todas estas figuras fueron empleadas para presentar la verdad divina, pues habrían de recordarles su lección toda vez que contemplaran el mundo que los rodeaba…
Aunque Satanás había tergiversado los propósitos de Dios, falsificado su carácter y hecho que se mirara a Dios bajo una falsa luz, con todo, a través de las edades el amor de Dios por sus hijos ha permanecido incólume. La obra de Cristo consistió en revelar al Padre como un ser misericordioso, compasivo, lleno de gracia y de verdad… El unigénito Hijo de Dios disipó la sombra infernal con que Satanás había rodeado al Padre y afirmó: “Yo y mi Padre uno somos; miradme y contemplaréis a Dios”— El Cristo triunfante, 6 de agosto, p. 227


