CÓMO NOS RESCATA DIOS
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en pecados nos dio vida junto con Cristo. Por gracia ustedes han sido salvados” (Efe. 2:4, 5).
Domingo: 16 de julio
EN OTRO TIEMPO MUERTOS Y ENGAÑADOS POR SATANÁS
Lee Efesios 2:1 al 10. ¿Cuál es la idea principal que Pablo nos da aquí sobre lo que Jesús ha hecho por nosotros?
Efesios 2:1-10
1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Pablo ya describió la salvación dada a los cristianos (Efe. 1:3–14, 15–23) y contó, en pocas palabras, la historia de los creyentes de Éfeso (Efe. 1:13). En Efesios 2:1 al 10, Pablo ahora contará la historia de su conversión con más detalle, con un enfoque más personal. Contrasta su pasada existencia pecaminosa (Efe. 2:1-3) con las bendiciones de la salvación de Dios, que retrata como una participación en la resurrección, la ascensión y la exaltación de Cristo (Efe. 2:4-7), y celebra la base de esa salvación en la gracia y la obra creadora de Dios (Efe. 2:8–10).
Estas tres partes del pasaje se resumen claramente en las frases de Efesios 2:5: (1) “Estábamos muertos en pecados”; (2) Dios “nos dio vida junto con Cristo”; (3) “Por gracia ustedes han sido salvados”.
En Efesios 2:1 y 2, Pablo señala la triste realidad que vivía su audiencia antes de la conversión al notar que estaba espiritualmente muerta, ya que habitualmente practicaba el mal y vivía en pecado como estilo de vida (Efe. 2:1), y Satanás la dominaba (Efe. 2:2). Dado que Pablo escribe a oyentes vivos, se refiere a ellos como “en otro tiempo […] muertos” (NVI) en un sentido metafórico (comparar con Efe. 5:14). Sin embargo, su situación era sumamente real y crítica, ya que en otro tiempo estuvieron separados de Dios, la Fuente de la vida (comparar con Col. 2:13; Rom. 5:17; Rom. 6:23).
Al reflexionar sobre la vida pasada de sus oyentes, Pablo identifica dos fuerzas externas que los dominaban. La primera de ellas es “la corriente de este mundo” (Efe. 2:2): las costumbres y el comportamiento de la sociedad efesia en general, que desfiguraban la vida humana en rebelión contra Dios.
Luego, Pablo describe a Satanás, de dos maneras, como la segunda fuerza externa que dominaba su existencia anterior. Él es “el príncipe de la potestad del aire” (Efe. 2:2), ya que “el aire” (o “los cielos”, o “los lugares celestiales”, RVR 1960) se identifica como la ubicación de los poderes sobrenaturales, incluidos los malignos (comparar con Efe. 1:3; 3:10; 6:12). Además, está activo en la Tierra, ya que es “el espíritu que ahora opera en los hijos desobedientes” (Efe. 2:2).
¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de la realidad del Gran Conflicto? Al mismo tiempo, ¿cómo podemos obtener consuelo y esperanza sabiendo que Jesús ha sido victorioso y que podemos participar de su victoria ahora?
Comentarios Elena G.W
El mismo espíritu que fomentara la rebelión en el cielo continúa inspirándole en la tierra. Satanás ha seguido con los hombres la misma política que siguiera con los ángeles. Su espíritu impera ahora en los hijos de desobediencia. Como él, tratan estos de romper el freno de la ley de Dios, y prometen a los hombres la libertad mediante la transgresión de los preceptos de aquella. La reprensión del pecado despierta aún el espíritu de odio y resistencia. Cuando los mensajeros que Dios envía para amonestar tocan a la conciencia, Satanás induce a los hombres a que se justifiquen y a que busquen la simpatía de otros en su camino de pecado. En lugar de enmendar sus errores, despiertan la indignación contra el que los reprende, como si este fuera la única causa de la dificultad. Desde los días del justo Abel hasta los nuestros, tal ha sido el espíritu que se ha manifestado contra quienes osaron condenar el pecado (El conflicto de los siglos, p. 490).
Satanás nos acusará y pedirá destruirnos, pero es Dios quien abrirá una puerta al refugio. Y es Dios el que justifica a quien traspasa el umbral de esa puerta. Entonces, si Dios es por nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros? ¡Oh qué verdad gloriosa, brillante! ¿Por qué los hombres no pueden discernirla? ¿Por qué no caminan en sus brillantes rayos de luz? ¿Por qué no hablan del amor maravilloso de Cristo los creyentes? (Alza tus ojos, p. 375)
La vida del cristiano debe ser una vida de fe, de victoria y de gozo en Dios. «Todo aquel que es engendrado de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, a saber, nuestra fe». 1 Juan 5:4 (VM). Con razón declaró Nehemías, el siervo de Dios: «El gozo de Jehová es vuestra fortaleza». Nehemías 8:10. Y San Pablo dijo: «Gozaos en el Señor siempre: otra vez os digo: Que os gocéis». «Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». Filipenses 4:4; 1 Tesalonicenses 5:16-18 (El conflicto de los siglos, p. 469).
Por el sacrificio de Cristo se ha provisto para que los creyentes reciban todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad… En su humanidad, perfeccionada por una vida de constante resistencia al mal, el Salvador mostró que cooperando con la Divinidad los seres humanos pueden alcanzar la perfección de carácter en esta vida. Esa es la seguridad que nos da Dios de que nosotros también podemos obtener una victoria completa.
Ante los creyentes se presenta la maravillosa posibilidad de llegar a ser semejantes a Cristo, obedientes a todos los principios de la ley de Dios. Pero por sí mismo el hombre es absolutamente incapaz de alcanzar esas condiciones. La santidad, que según la Palabra de Dios debe poseer antes de poder ser salvo, es el resultado del trabajo de la gracia divina sobre el que se somete en obediencia a la disciplina y a las influencias refrenadoras del Espíritu de verdad. La obediencia del hombre puede ser hecha perfecta únicamente por el incienso de la justicia de Cristo, que llena con fragancia divina cada acto de acatamiento (Los hechos de los apóstoles, p. 424).


