ESTER Y MARDOQUEO
“Yo te haré luz para los gentiles, y llevarás mi salvación a los confines de la tierra” (Isaías 49:6, NTV)
Domingo: 17 de diciembre
CAUTIVOS EN UNA CULTURA EXTRANJERA
Nunca es fácil abandonar la patria por una cultura extranjera. Quizás hoy nos resulte difícil comprender lo que tuvieron que afrontar los judíos: primero, bajo el dominio de los babilonios; y luego, bajo los persas.
Ninguno de nosotros, por ejemplo, vive en un país adventista donde los principios de nuestra fe sean, en alguna medida, la ley del país. Pero, antes de ser deportado, el pueblo judío vivía en su propio país, donde los principios de su fe también estaban consagrados en la ley nacional. Por un lado, piensa en lo fácil que debió haber sido ser fiel a Dios. Después de todo, ¿cuánto más fácil sería guardar el sábado si su observancia estuviera consagrada en los códigos legales de la nación?
Por otra parte, la historia sagrada nos ha mostrado que cualesquiera que sean los decretos terrenales, aunque sean favorables a la fe, la fidelidad debe provenir del corazón, desde adentro. De lo contrario, el pecado, la apostasía y la ruina seguramente vendrán como resultado.
“Dice, pues, el Señor: ‘Este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor hacia mí fue enseñado por mandato de hombres’ ” (Isa. 29:13).
En cambio, para quienes están decididos a ser fieles, ni siquiera el entorno más desfavorable puede apartarlos de la obediencia.
Lee Daniel 1:1 al 12; 3:1 al 12; y 6:1 al 9. Aunque cada situación es única, ¿qué revelan estos relatos acerca de los desafíos que puede enfrentar el pueblo de Dios al vivir en una cultura extranjera?
Daniel 1:1-12
1 En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. 2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios. 3 Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, 4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos. 5 Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. 6 Entre estos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. 7 A estos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego. 8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. 9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos; 10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza. 11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.
Daniel 3:1-12
1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia. 2 Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. 3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. 4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, 5 que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; 6 y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. 7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. 8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. 9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive. 10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro; 11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo. 12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.
Daniel 6:1-9
1 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino. 2 Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen cuenta, para que el rey no fuese perjudicado. 3 Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. 4 Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. 5 Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios. 6 Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey, y le dijeron así: ¡Rey Darío, para siempre vive! 7 Todos los gobernadores del reino, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. 8 Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. 9 Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
Sin importar quiénes seamos o dónde vivamos, estamos inmersos en un entorno que, hasta cierto punto, ya sea por las propias leyes o por la cultura, o por ambas cosas, puede suponer un gran desafío para nuestra fe y nuestro testimonio. Estos relatos de Daniel, aunque siempre tienen un final “feliz”, revelan que aun en circunstancias difíciles la gente puede permanecer fiel a Dios. Y, por más que ninguno de estos relatos hubiera acabado bien, no cabe duda de que estos hombres hicieron lo correcto.
¿Qué desafíos a tu fe estás enfrentando en tu propia cultura? ¿Cómo respondes a ellos?
Comentarios Elena G.W
Dios prueba a su pueblo en este mundo. Aquí se prepara para comparecer ante su presencia. Aquí, en este mundo, en estos últimos días, cada uno revelará qué poder gobierna su corazón y controla sus acciones. Si es el poder de la verdad divina, conducirá a buenas obras. Elevará el alma, y lo tornará noble de corazón y generoso, como su divino Señor…
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso. Los profesores de religión [a menudo] no están dispuestos a auto examinarse de cerca para comprobar si permanecen fieles, y es un hecho temible que muchos se apoyan en una falsa esperanza. Algunos se apoyan sobre una experiencia antigua, que tuvieron hace años; pero cuando se encuentran en este tiempo de examen del corazón, cuando todos deberían tener una experiencia diaria, no tienen nada que relatar. Parecen pensar que una profesión de la verdad los salvará. Cuando esos pecados que Dios odia sean subyugados, Jesús vendrá y cenará con él, y él con Jesús. Entonces se obtendrá la fuerza divina de Jesús, y crecerá en él, y podrá decir con santo triunfo: Bendito sea Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo (Spiritual Gifts, t. 2, pp. 225, 226).
[Todos] debieran permanecer en tal lugar que sus corazones fueran plenamente del Señor; donde honren a Dios con su fortaleza. El Señor los honrará entonces dándoles conocimiento y sabiduría. Así obró Daniel en las cortes de Babilonia, permaneciendo fiel a los principios en medio de la corrupción de los paganos. «Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber».
Daniel y sus compañeros no sabían cuál sería el resultado de su decisión; no sabían si les costaría la vida; pero se propusieron mantener el camino derecho de la estricta templanza aun cuando estuvieran en las cortes de la licenciosa Babilonia.
Por el ejemplo de Daniel y sus compañeros en Babilonia, vemos que es imposible alcanzar la norma que el Señor quiere que logren sus hijos, y practicar a la vez una religión fácil y acomodaticia, que ponga los principios a un lado y se deje dirigir por las circunstancias (Sons and Daughters of God, p. 174; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 176).
Cristo les dijo a sus discípulos que en el mundo tendrían aflicción; que serían llevados a la presencia de reyes y gobernantes por causa de él; que serían gravemente calumniados; y encima, los que les quitaran la vida, creerían estar sirviendo a Dios. Así que en el transcurso de los siglos, todos los que han vivido vidas consagradas a Dios, han sufrido persecución de una u otra manera (ver Juan 16:33; Mateo 5:10-11; 10: 10; Mateo 24:8-10; Lucas 21:12-17; Juan 16:2; 2 Timoteo 3:12). Los fieles hijos de Dios han tenido que soportar todo tipo de burlas, acoso y crueldades que Satanás ha podido inducir en las mentes de mucha gente. Y hoy el mundo sigue oponiéndose a la religión genuina tal como lo viene haciendo desde siempre…
El espíritu de persecución resurge vez tras vez… contra los fieles, que no transigen con el mundo, ni se dejan influir por las ideas dominantes, ni tampoco por el apoyo o por la oposición de nadie (Mi vida hoy, p. 73).


