UNIDAD MEDIANTE LA HUMILDAD
“Completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2).
Domingo: 18 de enero
DESUNIÓN EN FILIPOS
Lee Filipenses 2:1-3. ¿Qué factores parecen haber provocado la desunión en la iglesia? ¿Qué sugiere Pablo como solución?
Filipenses 2:1-3
1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;
Pablo se sintió sin duda muy decepcionado al ver que la iglesia que había fundado y amaba tanto era sacudida por las rivalidades y las contiendas. Para describir estos problemas, utiliza un lenguaje muy fuerte: la palabra griega eritheia (traducida como “rivalidad”), que había empleado en Filipenses 1:17 para referirse a los envidiosos y orgullosos oponentes de Pablo en Roma, empeñados en promoverse a sí mismos en lugar de hacer avanzar la causa de Cristo.
La rivalidad es una de las obras de la carne (Gál. 5:20) y, como indica Santiago, “donde hay envidia y rivalidad, hay perturbación y toda obra perversa” (Sant. 3:16). El término griego traducido como “vanagloriosos” (kenodoxos) solo aparece en Gálatas 5:26, pero se utiliza en la literatura extrabíblica para referirse a la arrogancia, el orgullo y un concepto demasiado elevado de uno mismo. Pablo utiliza una palabra estrechamente relacionada al amonestar a los gálatas: “No seamos vanagloriosos, irritándonos y envidiándonos unos a otros” (Gál. 5:26).
Observa los remedios que Pablo enumera en Filipenses 2:1 para estos problemas:
- Estímulo en Cristo. Pablo utiliza el propio ejemplo de Cristo como una poderosa motivación.
- Consuelo de amor. Jesús revela el amor divino y nos ordena amarnos “unos a otros como yo los he amado” (Juan 15:12).
- Comunión del Espíritu. La presencia del Espíritu Santo crea una estrecha relación cristiana como la que permeaba a la iglesia primitiva (Hech. 2:42; comparar con 2 Cor. 13:14).
- Ternura. Esta cualidad divina se manifestó con frecuencia en la vida de Cristo (ver Mat. 9:36; 20:34; Mar. 1:41) y es descrita en las parábolas del buen samaritano (Luc. 10:33) y del hijo pródigo (Luc. 15:20).
- Compasión. Esta característica, ejemplificada por Jesús, debe verse también en la vida de sus seguidores (Luc. 6:36).
- Tener el mismo sentir, el mismo amor, ser unánimes, sentir una misma cosa. ¡Qué imagen! Es difícil imaginar cómo Pablo podría enfatizar más la importancia de la unidad. De acuerdo con él, debemos tener “el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5).
Comentarios Elena G.W
Dios puede hacer del más humilde de los seguidores de Cristo algo más preciado que el oro fino, aunque el oro de Ofir, si se rinde por completo para ser moldeado por su mano transformadora. Ellos deberían estar determinados a utilizar de la manera más noble cada facultad y cada oportunidad. La Palabra de Dios debiera ser su objeto de estudio y su guía a fin de decidir qué es lo mejor en todos los casos. El carácter impecable, el Modelo perfecto puesto ante ellos en el evangelio, debe ser estudiado con el más profundo interés. La lección esencial que se debería aprender es que la bondad es la verdadera grandeza…
El más débil seguidor de Cristo ha forjado una alianza con el Poder Infinito. En muchos casos, Dios puede hacer poco en favor de hombres y mujeres educados, pues no sienten la necesidad de aprender de él que es la fuente de la sabiduría…
Si confía en su propia fortaleza y sabiduría, seguramente fracasará. Dios reclama una consagración íntegra y completa. No aceptará nada menos que esto. Cuanto más difícil sea su posición, más necesitará de Jesús. El amor y el temor de Dios mantuvieron a José puro y sin mancha en la corte del rey…
Es imposible permanecer en una posición elevada sin peligro. La tempestad deja intacta a la sencilla flor del valle, en tanto que lucha con el encumbrado árbol que se eleva en las alturas de la montaña. Hay muchas personas a las que Dios pudo haber utilizado en la pobreza. Allí pudieron haber sido útiles y logrado la gloria después, pero la prosperidad las arruinó. Fueron arrastradas hasta el abismo porque olvidaron la humildad, que Dios era su fortaleza, y se volvieron independientes y autosuficientes.
El carácter de José fue probado en medio de la adversidad, y el oro que había en él no fue empañado por la prosperidad. Reveló la misma reverencia por la voluntad de Dios cuando estuvo junto al trono que cuando estuvo en la celda. José manifestó por doquier su religión y este fue el secreto de su fidelidad inamovible. Como representante de Cristo debes tener ese poder de la piedad que lo satura todo. Has de esconderte en Jesús. No estarás seguro a menos que te tomes de la mano de Cristo. Debes guardarte de todo, especialmente de la presunción y abrazar un espíritu que sea capaz de sufrir antes que pecar. No lograrás victoria más preciosa que la conquista del yo. La ambición egoísta, el deseo por la supremacía, fenecerán cuando Cristo tome posesión de los afectos (El Cristo triunfante, 28 de marzo, p. 96).


