Domingo 18 de mayo – NUESTRO SUMO SACERDOTE – EN LOS SALMOS – PRIMERA PARTE

EN LOS SALMOS – PRIMERA PARTE

“Entonces miré y vi al Cordero de pie sobre el monte Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre del Cordero y el nombre de su Padre escrito en sus frentes” (Apoc. 14:1).

Domingo: 18 de mayo

NUESTRO SUMO SACERDOTE

Cuando Moisés supervisó la construcción del Tabernáculo, no se le permitió utilizar cualquier diseño, sino el modelo que Dios le mostró: “Y cuida de hacer todo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte” (Éxo. 25:40). Descubrimos, en el libro de Hebreos, que el modelo utilizado era el de una realidad superior, el Santuario celestial.

Lee Hebreos 9:11 al 15 acerca de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario celestial. ¿Qué nos enseña esto acerca de lo que él hace por nosotros?

 

Hebreos 9:11-15

11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? 15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

El Santuario terrenal prefiguraba a Jesús con asombrosa minuciosidad, desde el sacerdote y las ofrendas hasta el mobiliario y otros detalles de diseño. Todo ello hablaba de Jesús.

El libro de Apocalipsis abunda en imágenes del Santuario. Encontramos allí el candelabro en los versículos iniciales, el Arca de la Alianza mencionada explícitamente en el capítulo 4 y otras numerosas alusiones al Templo. Si no se conoce el Santuario del Antiguo Testamento, es imposible comprender lo que Juan quiere decir con la descripción de sus visiones. Las experiencias de Israel, dice Pablo, “les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo” (1 Cor. 10:11).

Podemos aprender mucho a partir de los detalles del Templo. El libro de Salmos contiene un componente importante en tal sentido, ya que muestra cómo interactuaba el pueblo de Dios con él mediante el Templo y sus servicios. Allí vemos también cómo se relacionaba David con el Santuario y cuál era la respuesta del pueblo de Dios a lo que el Mesías haría por ellos. Además de esos modelos que nos ayudan a entender mejor el ministerio de Jesús, las experiencias de quienes comprendieron lo que Dios enseñaba por medio del Santuario contienen valiosas lecciones para nosotros y para nuestra relación con Dios.

Lee el Salmo 122. Aunque no podemos ir literalmente a esa “casa del Señor” (ya no está allí y no tendría sentido construir otra en la Tierra), ¿qué elementos contiene este salmo que nos animan en relación con lo que Cristo hizo por nosotros? Observa los temas de la paz, la seguridad, la alabanza y el juicio.

 

Salmo 122

Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Nuestros pies estuvieron Dentro de tus puertas, oh Jerusalén.  Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio, Los tronos de la casa de David.Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros, Y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros Diré yo: La paz sea contigo.Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios Buscaré tu bien.

Comentarios Elena G.W

Cristo era sin pecado; si así no hubiera sido, su vida en carne humana y su muerte de cruz no hubieran sido de mayor valor, a fin de obtener gracia para el pecador, que la muerte de cualquier otro hombre. A la par que asumió la humanidad era una vida unida con la Divinidad. Podía deponer su vida tanto en calidad de sacerdote como de víctima… Se ofreció sin mancha a Dios.

La expiación de Cristo selló para siempre el pacto eterno de la gracia. Era el cumplimiento de todas las condiciones que, por estar quebrantadas, habían inducido a Dios a suspender la libre comunicación de la gracia a la familia humana. Se quebrantó entonces toda barrera que impedía la más libre actuación de la gracia, la misericordia, la paz y el amor hacia el más culpable de los miembros de la raza de Adán (La maravillosa gracia de Dios, 25 de mayo, p. 153).

Como se ha dicho, el Santuario terrenal fue construido por Moisés, conforme al modelo que se le mostró en el monte. «Era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios». Los dos lugares santos eran «figuras de las cosas celestiales». Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es el «ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre». Hebreos 9:9, 23; 8:2. Cuando en visión se le mostró al apóstol Juan el templo de Dios que está en el cielo, vio allí «siete lámparas de fuego… ardiendo delante del trono». Vio también a un ángel «teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono». Apocalipsis 4:5; 8:3. Se le permitió al profeta contemplar el Lugar Santo del Santuario celestial; y vio allí «siete lámparas de fuego ardiendo» y «el altar de oro», representados por el candelero de oro y el altar del incienso o perfume en el Santuario terrenal. Nuevamente «el templo de Dios fue abierto en el cielo» (Apocalipsis 1 1:19), y vio el Lugar Santísimo detrás del velo interior. Allí contempló «el arca de su testamento», representada por el arca sagrada construida por Moisés para guardar la ley de Dios.

Moisés hizo el Santuario terrenal, «según la forma que había visto». Pablo declara que «el tabernáculo y todos los vasos del ministerio», después de haber sido hechos, eran símbolos de «las cosas celestiales». Hechos 7:44; Hebreos 9:21, 23. Y Juan dice que vio el Santuario celestial. Aquel Santuario, en el cual oficia Jesús en nuestro favor, es el gran original, del cual el Santuario construido por Moisés era una copia (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 370, 371).

«Y llevará sobre sí la gloria». Es a Cristo a quien pertenece la gloria de la redención de la raza caída. Por toda la eternidad, el canto de los redimidos será: «A Aquel que nos ama, y nos ha lavado de nuestros pecados en su misma sangre… a él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos». Apocalipsis 1:5, 6 (El conflicto de los siglos, p. 411).

Elena G.W

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