El Creador habla
«En el pasado, Dios habló muchas veces y de muchas maneras a nuestros padres mediante los profetas; pero en estos últimos días nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por medio de quien hizo el universo» — Hebreos 1:1-2
Domingo: 27 de septiembre
La comunicación en el Edén
Génesis 1 y 2 narran la historia de la creación. Dios creó un mundo hermoso y puso en él a Adán y Eva, las obras maestras de la creación. Los seres humanos se diferenciaban de todas las demás criaturas de la tierra porque fueron creados «a imagen de Dios» (Gén. 1:27), algo que solo se dice de ellos y no, por ejemplo, de las aves o de otros animales. Como tales, debían vivir una vida plena y abundante, experimentar el amor en todas sus formas y vivir en comunión con Dios mismo.
Génesis 2:18-23 dice además que Dios creó a Eva para Adán porque vio que «no es bueno que el hombre esté solo» (Gén. 2:18). Desde el principio, pues, los seres humanos fueron creados como seres sociales. Los sociólogos sostienen que la interacción humana provee numerosos beneficios para el bienestar físico y mental, mientras que la soledad resulta mortal.
No es de extrañar, entonces, que después de la creación de Eva, Adán exclamara: «Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada “mujer”, porque fue tomada del hombre» (Gén. 2:23, RVA-2015). La estructura familiar constituida por un hombre y una mujer unidos en matrimonio es la primera institución social que Dios proveyó a los seres humanos para que experimentaran una relación y una comunión Integrales. No es de extrañar, pues, que uno de los principales objetivos de Satanás siempre haya sido destruir la dinámica fundamental de la familia original.
Adán y Eva disfrutaban de una comunión personal con Dios. Como seres inteligentes, podían reunirse con él y escuchar sus instrucciones. Como administradores del maravilloso jardín de Dios, crecían en conocimiento y capacidad mientras cuidaban de la flora y la fauna. Disfrutaban también cada día de un tiempo especial con Dios «a la brisa del atardecer» (Gén. 3:8). El día de reposo en particular, una parte esencial de la actividad creadora de Dios, debía ser un tiempo especialmente dedicado a la comunión entre Dios y sus hijos (Gén. 2:2-3; Éxo. 20:8-11). En ese día, nuestros primeros padres experimentaban el amor y el cuidado de Dios de una manera especial.
Comentarios Elena G.W
En su perfección original, todas las cosas creadas eran una expresión del pensamiento de Dios. Para Adán y Eva en su hogar edénico, toda la naturaleza estaba llena del conocimiento de Dios, repleta de instrucción divina. La sabiduría hablaba a los ojos, y era recibida en el corazón; pues ellos se ponían en comunión con Dios por medio de sus obras creadas… La tierra se halla actualmente manchada y profanada por el pecado. Sin embargo, aun en su estado de marchitez, permanece mucho de lo que es hermoso.
La naturaleza habla sin cesar a nuestros sentidos. El corazón que está preparado se impresionará con el amor y la gloria de Dios como están revelados en las obras de sus manos. El oído atento puede escuchar y entender las comunicaciones de Dios por las cosas de la naturaleza. Los verdes campos, los elevados árboles, los botones y las flores, la nubecilla que pasa, la lluvia que cae, el arroyo que murmura, las glorias de los cielos, hablan a nuestros corazones, y nos invitan a que hagamos conocimiento con aquel que los hizo todos.— La fe por la cual vivo, 19 de enero, p. 27
Las obras creadas por Dios testifican de su amor y poder. Él ha llamado al mundo a la existencia, con todo lo que contiene. Dios ama lo bello; y en el mundo que ha preparado para nosotros, no solo nos ha dado todo lo necesario para nuestra comodidad, sino que ha llenado los cielos y la tierra de belleza…
La misma energía creadora que sacó el mundo a la existencia, sigue manifestándose en el sostenimiento del universo y en la continuación de las operaciones de la naturaleza. La mano de Dios guía los planetas en su marcha ordenada a través de los cielos. No se debe a un poder inherente que la tierra continúe su movimiento en derredor del sol año tras año, y produzca sus bendiciones. La palabra de Dios controla los elementos. Él cubre los cielos de nubes y prepara lluvia para la tierra. Hace fructíferos los valles, y “hace a los montes producir hierba”. Salmo 147:8. Por su poder florece la vegetación, aparecen las hojas y se abren las flores.
Todo el mundo natural está destinado a ser intérprete de las cosas de Dios. Para Adán y Eva en su hogar del Edén, la naturaleza estaba llena del conocimiento de Dios, rebosante de instrucción divina. Para sus oídos atentos, hacía repercutir la voz de la sabiduría. La sabiduría hablaba al ojo y era recibida en el corazón; porque ellos comulgaban con Dios en sus obras creadas. Tan pronto como la santa pareja transgredió la ley del Altísimo, el esplendor del rostro de Dios se apartó de la faz de la naturaleza. Esta, ahora está arruinada y mancillada por el pecado. Pero las lecciones objetivas de Dios no se han obliterado; aun ahora, cuando se la estudia e interpreta correctamente, habla de su Creador.— Consejos para los maestros, pp. 177, 178


