¿QUÉ MÁS PUDE HACER?
“Le dijo entonces Pilato: “Luego, ¿eres tú rey?”. Respondió Jesús: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18: 37).
Domingo: 9 de marzo
CRISTO, EL VENCEDOR
Aunque hay un enemigo en acción al que el propio Cristo se refiere como el usurpador “príncipe de este mundo”, el verdadero Rey del universo es Jesucristo. Jesús vence por nosotros, y en él podemos obtener la victoria incluso en medio de las dificultades y el sufrimiento. De hecho, la obra de Cristo contrarresta al Enemigo en todo momento.
Hemos visto que las Escrituras describen al Diablo como:
- El engañador del mundo entero desde el principio (Apoc. 12: 9; Mat. 4: 3; Juan 8: 44; 2 Cor. 11: 3; 1 Juan 3: 8).
- El calumniador y acusador de Dios y de su pueblo en el Cielo (Apoc. 12: 10; 13: 6; Job 1-2; Zac. 3: 1, 2; Jud. 9).
- El gobernante usurpador de este mundo (Juan 12: 31; 14: 30; 16: 11; Hech. 26: 18; 2 Cor. 4: 4; Efe. 2: 2; 1 Juan 5: 19).
Lee Juan 18: 37. ¿Qué nos dice este texto acerca de la obra de Cristo para contrarrestar los engaños del Enemigo? ¿Qué significa el hecho de que Jesús es Rey?
Juan 18: 37
37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
Aunque las Escrituras enseñan que Satanás es el archiengañador, calumniador, acusador y usurpador gobernante de este mundo, también enseñan que Jesús venció a Satanás en todos los sentidos.
- Jesús vino al mundo “para dar testimonio de la verdad” (Juan 18: 37).
- Por medio de la Cruz, Jesús demostró de manera suprema la justicia y el amor perfectos de Dios (Rom. 3: 25, 26; 5: 8), refutando así las calumnias del Diablo (Apoc. 12: 10, 11).
- Jesús finalmente destruirá el reino del Diablo, quien sabe que le queda poco tiempo (Apoc. 12: 12; compara con Rom. 16: 20), y “reinará por los siglos de los siglos” (Apoc. 11: 15).
En última instancia e independientemente de lo que haga, Satanás ya es un enemigo derrotado. En vista de ello, la clave para nosotros consiste en reclamar cada día, momento a momento, la victoria lograda por Cristo en nuestro favor y las promesas que la Cruz nos ha ofrecido.
Sabemos qué bando resultará victorioso en el Gran Conflicto. ¿Cómo determinan nuestras decisiones cotidianas el bando en que estamos? ¿Cómo podemos asegurarnos de estar del lado vencedor incluso ahora?
Comentarios Elena G.W
[Satanás] tienta a los hombres a desconfiar del amor de Dios y a dudar de su sabiduría. Constantemente pugna por despertar en los seres humanos un espíritu de curiosidad irreverente, un inquieto e inquisitivo deseo de penetrar en los inescrutables secretos del poder y la sabiduría de Dios. En sus esfuerzos por escudriñar aquello que Dios tuvo a bien ocultarnos, muchos pasan por alto las verdades eternas que nos ha revelado y que son esenciales para nuestra salvación. Satanás induce a los hombres a la desobediencia llevándoles a creer que entran en un admirable campo de conocimiento. Pero todo esto es un engaño. Ensoberbecidos por sus ideas de progreso, pisotean los requerimientos de Dios, caminando por la ruta que los lleva a la degradación y a la muerte (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 37, 38).
[Cristo] amó tanto a los pobres pecadores que tomó sobre sí la forma de un siervo para sufrir y morir en favor de los hombres. Jesús pudo haber permanecido a la diestra de su Padre, con la corona real en la sien y vistiendo las ropas reales. Sin embargo, escogió cambiar las riquezas, el honor y la gloria del cielo por la pobreza de la humanidad y su posición de alto mando por los horrores del Getsemaní y la humillación de la agonía del Calvario. Se hizo varón de dolores y experimentado en quebrantos para, mediante el bautismo de sufrimiento y muerte, purificar y redimir un mundo culpable…
Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén, porque el Calvario estaba fuera de los muros de la ciudad. Esto mostraba que Jesús no murió únicamente por los judíos, sino por toda la humanidad. Proclama al mundo caído que vino para ser su Redentor y lo exhorta a aceptar la salvación que ofrece… «Teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura». Hebreos 10:21, 22 (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 122, 123).
El gobierno de Dios no se funda en una sumisión ciega ni en una reglamentación irracional, como Satanás quiere hacerlo aparecer. Al contrario, apela al entendimiento y a la conciencia. «¡Venid, pues, y arguyamos juntos!» (Isaías 1:18) es la invitación del Creador a los seres que formó. Dios no fuerza la voluntad de sus criaturas. No puede aceptar un homenaje que no le sea otorgado voluntaria e inteligentemente. Una mera sumisión forzada impediría todo desarrollo real del entendimiento y del carácter: haría del hombre un simple autómata. Tal no es el designio del Creador. Él desea que el hombre, que es la obra maestra de su poder creador, alcance el más alto desarrollo posible. Nos presenta la gloriosa altura a la cual quiere elevarnos mediante su gracia. Nos invita a entregarnos a él para que pueda cumplir su voluntad en nosotros. A nosotros nos toca decidir si queremos ser libres de la esclavitud del pecado para compartir la libertad gloriosa de los hijos de Dios (El camino a Cristo, pp. 43, 44).


