LAS NACIONES – SEGUNDA PARTE
“Estén quietos, y conozcan que Yo Soy Dios. Exaltado seré entre las naciones, enaltecido seré en la tierra” (Sal. 46:10).
Jueves: 1 de mayo
PROFETIZAR DE NUEVO
La iglesia remanente nació en el Nuevo Mundo, precisamente donde hallaron refugio quienes buscaban libertad religiosa durante los siglos XVII y XVIII. Dados los antiguos obstáculos religiosos y políticos que existían en otras latitudes, es dudoso que la puesta en marcha de este movimiento hubiera sido tan rápida o poderosa en otro lugar.
Lee Apocalipsis 10:1 al 11, donde se describe el nacimiento de este movimiento. Busca en ese texto algunos de los elementos que hemos estudiado, como “las naciones”, la tierra y el mar. Con la debida cautela para no introducir en el pasaje ideas que no se encuentran en él, ¿qué mensajes encuentras allí?
Apocalipsis 10:1-11
1 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. 2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; 3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. 4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. 5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, 7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas. 8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. 9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. 10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. 11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.
El ángel clama a gran voz, como lo hacen los tres ángeles de Apocalipsis 14 y el ángel de Apocalipsis 18. Se trata de un momento crucial de la historia, cuando el mundo está en peligro. Es entonces cuando se establece la obra de la iglesia remanente en beneficio de “muchos pueblos y naciones, lenguas y reyes” (Apoc. 10:11).
El ángel sostiene un “librito”, probablemente el libro de Daniel (ver Dan. 12:4), que se abre por primera vez después de muchas generaciones. El ángel tiene un pie sobre el mar y otro sobre la tierra. Esto podría hacer referencia al hecho de que el mensaje abarca todo el globo, tanto el Viejo Mundo como el Nuevo. También podría ser una referencia a la idea de que este mensaje es para todas las naciones, para quienes viven en la tierra y quienes viven en el “mar” gentil, o pagano.
El mundo será por fin iluminado con la gloria de Dios, y los mensajes finales de Apocalipsis 14 serán llevados a todos. Al igual que en el caso del Israel de antaño, nuestro mandato como iglesia es predicar el evangelio “en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14).
Dios está encaminando la historia humana hacia su gran conclusión: el fin de los imperios humanos y la entronización permanente de Cristo. Lee Daniel 2:34, 35, 44 y 45. La Biblia deja perfectamente claro, sin ninguna ambigüedad, que todos estos reinos mundanos serán erradicados sin que quede rastro alguno de ellos ni de sus horribles legados, y que serán reemplazados por el reino eterno de Dios, donde el pecado, el sufrimiento, la enfermedad, el mal y la muerte no volverán a surgir.
Observa la exactitud con que las profecías de Daniel 2 y 7 predijeron el surgimiento y la caída de todos estos imperios mundiales. ¿Por qué esa exactitud, asombrosa si pensamos en la época en que escribió Daniel, debería ayudarnos a confiar en la promesa del reino final y eterno de Dios?
Comentarios Elena G.W
El Señor tiene un pueblo sobre la tierra que sigue al Cordero por donde quiera que va. Tiene a sus miles que no se han arrodillado delante de Baal. Los tales estarán con él sobre el monte de Sion. Pero deben estar en esta tierra ceñidos con toda la armadura, listos para emprender la obra de salvar a aquellos que están a punto de perecer. Angeles celestiales dirigen esta búsqueda, y a todos los que creen la verdad presente se les pide que sean activos espiritualmente para que puedan unirse con los ángeles en su obra.
Para seguir a Cristo no necesitamos esperar hasta que seamos trasladados. El pueblo de Dios puede hacer eso en esta tierra. Solo podremos seguir al Cordero de Dios en los atrios celestiales, si lo seguimos aquí. Que lo sigamos en el cielo depende de que guardemos ahora sus mandamientos. No debemos seguir a Cristo esporádica o caprichosamente, solo cuando nos conviene.
Nuestra elección debe ser la de seguir a Cristo. Debemos seguir su ejemplo en la vida diaria, así como un rebaño confiadamente sigue a su pastor. Debemos seguirlo sufriendo por su causa y diciendo a cada paso: «Aunque él me matare, en él esperaré». La forma en que él vivió debe ser el modelo de nuestra vida. Y al procurar así ser semejantes a él y al poner nuestra voluntad en conformidad con la suya, lo revelaremos a él (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico advenlista del séptimo día, t. 7, p. 989).
El ángel poderoso que instruyó a Juan era nada menos que Cristo. Cuando coloca su pie derecho en el mar y su pie izquierdo sobre la tierra seca, muestra la parte que desempeña en las escenas finales del gran conflicto con Satanás. Esta posición denota su supremo poder y autoridad sobre toda la tierra. El conflicto se ha intensificado y agudizado de una época a otra, y seguirá intensificándose hasta las escenas finales, cuando la obra magistral de los poderes de las tinieblas llegará al máximo. Satanás junto con los hombres impíos, engañará a todo el mundo y a las iglesias que no reciban el amor de la verdad. Pero el ángel poderoso exige atención. Clama en alta voz. Debe mostrar el poder y la autoridad de su voz a aquellos que se han unido con Satanás para oponerse a la verdad…
La posición del ángel un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra— significa la extensión de la proclamación del mensaje. Cruzará los anchos océanos y será proclamado en otros países en todo el mundo. La comprensión de la verdad, la alegre recepción del mensaje, están representadas por el acto de devorar el librito. La verdad en cuanto al advenimiento de nuestro Señor era [es] un precioso mensaje para nuestras almas (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, pp. 982, 983).


